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30.7.2008.

La izquierda y la cultura, por Roberto Esteban Duque


Por: Colaborador

Se lamenta Juan Manuel De Prada de que la derecha de Rajoy no presente un espectro cultural de alto voltaje como el escenificado por la Plataforma de Apoyo a Zapatero, un paradigma cultural alternativo capaz de hacer frente al consagrado laicista Almodóvar. Y lo peor es que De Prada eleva el lamento a la categoría de dilema ético: o se propone un arquetipo cultural para librarse de los pesos de plomo de semejante entramado endogámico o la derecha será siempre una panda de acomplejados que ni siquiera diseña para la sociedad civil un hogar a su medida, incapacitados como parecen estar para concebir el arte.

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La izquierda y la cultura*


 
Roberto Esteban Duque
 
Se lamenta Juan Manuel De Prada de que la derecha de Rajoy no presente un espectro cultural de alto voltaje como el escenificado por la Plataforma de Apoyo a Zapatero, un paradigma cultural alternativo capaz de hacer frente al consagrado laicista Almodóvar. Y lo peor es que De Prada eleva el lamento a la categoría de dilema ético: o se propone un arquetipo cultural para librarse de los pesos de plomo de semejante entramado endogámico o la derecha será siempre una panda de acomplejados que ni siquiera diseña para la sociedad civil un hogar a su medida, incapacitados como parecen estar para concebir el arte.

 

No sería fácil la hegemonía sobre los nuevos clérigos de la izquierda, revestidos de gran poder mediático. Ni tampoco deseable ofrecer la ceremonia de unos dogmas opuestos a la nueva casta atea, a los advenedizos burgueses serviles al poder. No resulta ni siquiera necesario. Esta cultura es una cultura transeúnte, huérfana de criterios y valores vinculantes; una cultura de niños mimados entregados antaño al libertinaje que ahora ven regulados en el ordenamiento jurídico sus derechos y proclaman su señorío frente a la antigua servidumbre. No hay que ofrecer un modelo alternativo a una cultura potencialmente periclitada, restrictiva y simplificadora, sino elevar la mirada sobre ella abandonando un lastre ominoso y autosuficiente, destrozador único de valores religiosos, de tradiciones y comunidades vertebradoras de convenciones que han conservado una gran pluralidad de bienes y siguen ayudando a ser fieles a lo valioso.

 

Zapatero ha creado una arquitectura moral laica, ampliadora legítima de derechos y favorecedora de la pluralidad. Admito incluso que por pragmatismo político no ha consentido en un laicismo excluyente, conocedor de que su electorado es mayoritariamente católico y religioso. Sin embargo, ha generado un vacío ético normativo preocupante, estrechando lo que se considera moral, bueno y malo, representando con su gobierno el sentido y la respuesta a un relativismo amoral que impregna las leyes aprobadas durante su legislatura.

 

La cultura progresista, titiritera o no, tiene la impresión de que cualquier tiempo pasado fue peor, y que, en contra de lo que afirmaba Cervantes, el camino es peor que la posada. Atrás queda un tiempo castrador de oportunidades y subvenciones, un recinto angosto donde se veían amputados derechos soñados ahora hechos realidad, y donde apenas se podía ya respirar.

 

Lo peor de semejante cultura es su actitud mezquina. Pretende silenciar todo aquello que no discurre por sus salubres aguas benefactoras. Basta recordar el gesto reciente de Zapatero al Nuncio, ordenando un silencio mayor a cualquier cultura antagónica a sus ejemplares propuestas. Este gesto era el que la ordenanza romana imponía al centinela de la legión para evitar la somnolencia y mantenerse atento. Recordarlo puede enseñarnos que el mejor arte y la cultura más urgente de la sociedad civil española sea aquella que proponía Tiresias a Creonte: cumplir con las convenciones establecidas hasta el final de la vida. No hay cultura fecunda si se desprecia públicamente, como hace la cultura de la izquierda, valores que han organizado felizmente la convivencia durante siglos.

 

 

* Artículo publicado en www.conoze.com/


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