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30.7.2008.

Misterios de la economía


Por: Tomás Salas

Cada día la economía me parece más una actividad “humana, demasiado humana”, implicada en complejos fenómenos, donde juegan factores que poco tienen que ver con la racionalidad y que parecen más cuestión de magia que de estadística.

3 comentarios


Estamos acostumbrados a que se nos hable de economía con datos, con cifras, con estadísticas, como si fuera una “ciencia exacta”. Sin embargo, a mí cada día la economía me parece más una actividad “humana, demasiado humana”, implicada en complejos fenómenos, donde juegan factores que poco tienen que ver con la racionalidad y que parecen más cuestión de magia que de estadística. Si no, que alguien me conteste...

¿Cómo mueren niños de hambre en un país que es de los mayores productores de alimentos del mundo? ¿Por  qué el enorme chorro del petróleo no ha podido sacar a Arabia de un régimen feudal que presenta desigualdades sociales abismales o a Venezuela de la inestabilidad política crónica? ¿Se explica que un país “naturalmente” rico en recursos naturales como Etiopía sufra de hambrunas y  que  países “naturalmente” pobres como Holanda o Inglaterra sean ricos? ¿Qué causas llevan a que naciones destruidas y derrotadas por la guerra, como Alemania y Japón, se conviertan en potencias económicas? ¿A qué se debe que más de medios siglo de descolonización e independencia  lleve a África a niveles económicos inferiores a los de la época colonial? ¿Por qué  hay naciones para las que la colonización es rentable (Reino Unido) y otras para las que es desastrosa (España)? ¿Por qué es tan bueno ahorrar si ello impide el consumo y, por tanto, baja la productividad? ¿Por qué, si el consumo es bueno, su exceso produce el mayor mal de la economía: la temida inflación? ¿En qué quedamos, es bueno o malo el dichoso consumo? ¿Por qué parece imprescindible que el Estado intervenga en la economía y, sin embargo, es tan mal administrador? ¿Es lógico un sistema de producción  agraria en el que es más rentable arrancar árboles que plantarlos? ¿Es normal que el agricultor esté más pendiente de la subvención que de la producción? ¿Cuánto podrá durar esta situación de economía “virtual”? ¿Tiene explicación que un producto con un bajo valor de mercado, como el cítrico, aumente cada año su producción? ¿Es posible que se hablase de la dificultad de adquirir vivienda, cuando se vendía sobre plano todo lo que se construía?  ¿Por qué factores tan alejados de la economía, como la religión o los valores morales, influyen tanto en la riqueza; y factores tan “economicistas” como la riqueza natural o el clima, influyen tan poco?

Estas cuestiones parecen moverse más en el terreno de la creación que  en el del cálculo; parecen más cosa de artistas que de científicos. Habrá que dar un poco de lado a los economistas y a los estadísticos, y llamar a los psicólogos, a los humanistas (quizá a los artistas) para que nos expliquen estos  misterios de la economía.

 

 

 


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