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24.11.2008.

El fracaso matrimonial. Claves para entenderlo


Por: María del Mar Martínez Marqués

Con carácter previo quisiera manifestar que, a mi entender, todas las causas del fracaso matrimonial devienen de los problemas que atraviesa la institución de la familia.

9 comentarios


Con carácter previo quisiera manifestar que, a mi entender, todas las causas del fracaso matrimonial devienen de los problemas que atraviesa la institución de la familia.

La institución familiar está en crisis y ello redunda en perjuicio de la sociedad. Es verdad que muchas familias sí saben trasmitir a sus descendientes valores relativos a la vida matrimonial y familiar, pero muchas otras no.

Vemos a diario cómo progenitores de familias desestructuradas dan ese mismo ejemplo a sus hijos fomentando el odio al otro progenitor. Y no sólo los progenitores sino que incluso a veces los miembros de la familia extensa de esos menores. La preparación desde la infancia al matrimonio, como una comunidad de vida y amor, con ese lamentable ejemplo de los padres no puede sino llevar al fracaso futuros matrimonios. La sociedad debería también asumir el compromiso de preparar a los jóvenes para las responsabilidades de su futuro, para la vida en matrimonio y para saber educar en la paternidad responsable. También en este punto la sociedad ha fracasado teniendo en cuenta el elevado número de parejas que hoy optan por el divorcio.1

Con estos antecedentes, cuando llegue el momento de contraer matrimonio no es de extrañar la falta de conciencia del compromiso de unión definitiva y estable. Cuando lleguen las primeras dificultades, efectivamente, el ambiente social en nada va a ayudar a superarlas y los cónyuges, además, no luchan por superar las dificultades. No luchan en parte debido a la desvalorización de lo auténticamente religioso que yo traduciría en la incapacidad de perdón y de ayuda mutua ante esas dificultades. 
 

1.- La falta de conocimiento mutuo de la pareja que contrae matrimonio:

Esta falta de conocimiento puede tener su causa en la falta de madurez psicológica y humana. El conocimiento tan superficial de las parejas jóvenes se debe a que saben todo sobre el sexo pero no sobre la sexualidad, están acostumbrados a vivir de forma independiente y libre, les falta vocación de vivir en unidad y tienen baja tolerancia a la frustración. Actúan basándose en objetivos propios desconociendo los de su compañero/a lo que impide hacer un proyecto común de vida. Así difícilmente se puede reflexionar adecuadamente sobre lo que supone el matrimonio.  
 
 

2.- Falta de inmadurez psicológica y humana: 

Con independencia de que la inmadurez fundada en raíces patológicas implique una falta de discreción de juicio, también me parece que puede cobrar su importancia la inmadurez afectiva como causa de nulidad. Y me preocupa que el principal síntoma de este tipo de inmadurez pueda ser el interés en uno mismo (narcisismo-egoísmo). A este respecto, Mons. Panizo Orallo, entiende que: “El origen de la deformación afectiva puede estar en relación con diferentes variables, siendo el aprendizaje en el seno de las familias uno de los factores a partir de los cuales y con mayor eficacia se comienza a gestar el desarrollo bueno o malo de la afectividad y la normalidad en el comportamiento de las personas en cuanto a relaciones interpersonales. Familias rotas; familias inafectivas; familias con problemas... crean de ordinario situaciones de desarraigo afectivo, de retrasos, de deficiencias en el desarrollo de la formación de los niños y de los jóvenes”. Muchos jóvenes son incapaces de asumir las obligaciones esenciales del matrimonio debido a la falta de verdadera afectividad a su consorte. 
 

3.- Falta de una auténtica conciencia del compromiso de unión definitiva y estable:

Sobre la falta de una auténtica conciencia del compromiso de unión definitiva y estable, como causa del fracaso matrimonial, me permito adjuntarle copia de un artículo publicado en un periódico digital sobre mi preocupación por la abrumadora ruptura de matrimonios de 20 ó 30 años de duración y la incidencia que en esa ruptura puede tener el ambiente social2

Que no se luche por superar las dificultades es debido a la falta de compromiso serio con el futuro del otro esposo, como si ese futuro fuera el nuestro propio. A veces un cónyuge lucha por superar esas dificultades pero el otro se muestra reacio a superarlas sin dar oportunidad alguna a la superación. Esta causa está muy ligada a la desvalorización de lo auténticamente religioso.

En este sentido me parece muy importante la ayuda de familia a familia, como indica n. 69 de la Familiaris Consortio. Igualmente, me permito adjuntarle otro artículo en relación a este tema3. 

4.- Falta de libertad en la decisión de contraer matrimonio:

En relación a la falta de libertad en la decisión de contraer matrimonio, aunque esta causa esté en disminución no deja de darse. Todavía se producen embarazos no deseados que dan lugar a un matrimonio fracasado (y si se producen menos es debido a la “alternativa” del aborto). Todavía hoy se contrae matrimonio para escapar de un ambiente familiar hostil. 

5.- Desvalorización de lo auténticamente religioso: 

El sentido y la vivencia de lo religioso y específicamente de lo cristiano tiene una gran importancia en la lucha por salvar un matrimonio. Los matrimonios que fracasan, estoy convencida, han descuidado su aspecto espiritual, han perdido la capacidad de amar y de emplear la razón. En realidad, es esta la verdadera causa de que los matrimonios fracasen. Efectivamente el sentido religioso de la mujer ha contribuido a la estabilidad de matrimonios en dificultad, pero ahora la mujer no es capaz de buscar el equilibrio entre lo bueno y lo malo. La falta de sentimiento religioso se trasluce en la falta de interés de muchas mujeres de hoy por salvar el matrimonio. Y lo que es peor, sienten indiferencia hacia el futuro de su consorte e indiferencia hacia su propio futuro. 

En el mensaje de su Santidad Benedicto XVI para la celebración de la Jornada  Mundial de la Paz, destaca la importancia de los medios de comunicación social y su responsabilidad en la tarea promocionar el respeto a la familia: “En efecto, en una vida familiar “sana” se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz”.


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