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27.11.2008.

Matrimonio y comunión de vida.


Por: María del Mar Martínez Marqués

En el Cánon 1.055 del Código de Derecho Canónico se da más importancia a los aspectos personales, espirituales y antropológicos del matrimonio como "comunidad de personas".

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SENTIDO DEL “CONSORTIUM TOTIUS VITAE” EN EL NUEVO CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (C. 1.055). 
 
 

El canon describe la sociedad conyugal que nace de la alianza como una comunión total de vida, comunidad que abarca toda la vida de las dos personas que contraen matrimonio. El legislador introduce una referencia al aspecto personal, espiritual y antropológico del matrimonio. Así, marido y mujer se entregan y aceptan mutuamente como personas para formar una comunidad de toda su vida. 

Se modifica el concepto del matrimonio de tal manera que dejan de ser sus fines la procreación y educación de la prole, la ayuda mutua y el remedio de la concupiscencia, pasando a ser el bien de los cónyuges y la generación y educación de la prole, fines además personales e inmanentes que buscan el perfeccionamiento de los cónyuges en cuanto personas y en cuanto cónyuges. La esencia del matrimonio es el “consorcio de toda la vida”. Esa comunidad de toda la vida es el elemento constitutivo formal del matrimonio y viene a significar una íntima comunidad de vida y amor conyugal. (Art. 48 de la Const. Gaudium et spes). 

La comunidad de vida y amor supone que ha de darse comunicación y participación en todas las esferas de la convivencia: afectiva, social, económica, sexual...etc.  

El bien de los cónyuges es un bien integral, es un amor constante y fiel, complementándose en todos los órdenes. “El consortium totius vitae exige la entrega recíproca de los esposos... La consideración natural del matrimonio nos permite ver que los esposos se unen precisamente en cuanto personas, entre las que existe diversidad sexual, con toda la riqueza también espiritual, que posee esta diversidad a nivel humano. El hombre y la mujer establecen entre sí libremente un vínculo prefigurado por su naturaleza, que ya constituye para ambos un verdadero camino vocacional a través del cual viven su personalidad como respuesta al plan divino”. Discurso de S.S. JUAN PABLOII A LA ROTA ROMANA (1-II-2001).  
 

El contenido de la expresión “consorcio de toda la vida”, lo recogió el profesor Aznar Gil (“El nuevo derecho matrimonial canónico”, Salamanca, 1.983, pág. 42-43) del siguiente modo: 

  • “El equilibrio y la madurez requeridas para una conducta verdaderamente humana.
  • La relación de amistad personal y heterosexual.
  • La actitud a colaborar de manera suficiente en la marcha de la vida conyugal.
  • El equilibrio mental y sentido de responsabilidad requeridos para el sostén material de la familia.
  • La capacidad psíquica de participar cada uno, según sus posibilidades en el bien de los hijos”.
 
 

En la Carta Encíclica Deus Cáritas Est el Sumo Pontífice Benedicto XVI, desarrolla el concepto de matrimonio como “ágape”: El amor que inicialmente aparece sobre todo como “eros” entre hombre y mujer debe después transformarse interiormente en “ágape”, en don de sí mismo al otro, de modo que el “eros” alcance su verdadera naturaleza. El amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo. Implica exclusividad –sólo esta persona- y “para siempre”. 
 

En definitiva, se ha superado la concepción del matrimonio como un mero servicio al deber de procrear, convirtiéndose la esencia del matrimonio en una comunidad de vida y amor conyugal en la que intervienen inseparablemente el cuerpo y el alma. La entrega ha de ser plena y para siempre, sólo así se convertirá en matrimonio. 


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