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30.12.2008.

Cuento de Navidad: Los Tronchos.


Por: Carmen Escriña

Mucha gente cree que las familias de Tonchos viven en las profundidades de los bosques, pero eso no es del todo verdad, algunos viven en los jardines de las casas.

3 comentarios


LOS TONCHOS
 
Mucha gente cree que las familias de Tonchos viven en las profundidades de los bosques, pero eso no es del todo verdad, algunos viven en los jardines de las casas.
 
Vosotros os preguntaréis: ¿Que son los Tonchos?. Bien, os lo diré: son pequeños hombres y mujeres, pero muy pequeños y que se caracterizan por tener narices muy gordas. Narices verdaderamente desproporcionadas con las caras, que son al contrario pequeñas y redondas.
 
Cuando se enfadan las narices de los hombres se ponen rojas y las de las señoras de un tono azulado. Si se ruborizan se ponen rosas y si sienten envidia amarillas. Y si están contentos verdes. Por lo tanto las narices de los Tonchos son importantes, no solamente por su sentido olfativo, si no porque denota una manera de sentir. En lo demás, aparte de su tamaño, unos seis centímetros los hombres y cinco las señoras, tienen dos piernas, dos brazos, dos ojos, dos orejas y una boca. En fin, son normales.
 
Al final del pueblo había una casa con un precioso jardín lleno de flores y allí detrás de unas plantas de lilas vivían los Tonchos. Era un pueblo pequeño con casitas blancas y rojas y una iglesia con su campana y todo.
 
Las Tonchitas hacían tortas de miel para comer, y los Tonchos con sus narices bien verdes se las comían mientras comentaban con sus Tonchitas los incidentes del jardín.
 
La vida de los Tonchos era tranquila. Los hombres cuidaban el jardín con un amor, un empeño tal, que hacía que los jardines donde vivían los Tonchos fueran los mas bonitos y cuidados. Cargaban sus carretillas con sus utensilios y se desparramaban por los rosales, las lilas, los geranios, las margaritas, las caléndulas.....quitaban malas hierbas, regaban y sobre todo daban consejos.
 
Las flores les preguntaban toda clase de cosas ¿Que tenemos que hacer para crecer? ¿Que clase de vitaminas habría que darle a la margarita bebé para que no tenga los pétalos tan mustios?
 
Los Tonchos siempre encontraban una respuesta. De su carretilla salían vitaminas, medicinas y toda clase de minerales, abonos y remedios que repartían entre todas esa vegetación que los absorbía, crecía y se multiplicaba sin fin.
 
Todos los Tonchos volvían a su casa con las narices bien verdes donde las Tonchitas con las narices bien rosas, reían y estudiaban nuevas fórmulas para cuidar sus plantas.
Todo hubiera ido bien si un día no se le hubiera ocurrido al alcalde del pueblo poner una carretera justo delante del jardín de los Tonchos.
 
Grandes camiones y autobuses, coches y motos pasaban sin cesar y soltaban unos gases negros que se depositaban sobre las flores.
 
Las primeras en notarlo fueron las rosas, se doblaban y sus colores se iban apagando. Los bebés flores tenían mal color y no querían abrir sus capullos, permaneciendo todo el tiempo cerrados y tristes.
 
Llorando se lo dijeron a los Tonchos.
 
Flores: "Estamos mal, nuestros poros se cierran no podemos respirar, vamos a morir! Salvadnos!"
 
Los Tonchos se reunieron para deliberar, no conocían ningún remedio para este nuevo mal.
 
Las lilas, las margaritas, los rododendros siguieron a las rosas.
 
Los Tonchos preocupados convirtieron la iglesia en sanatorio. En grandes hileras se alineaban las flores. Las Tonchitas las alimentaban con almíbar, las limpiaban los pétalos con agua traída del río. Los Tonchos estudiaban los síntomas y trabajaban en grandes mesas de madera analizando y preparando remedios. Luego les hablaban bajito con cariño para que no estuvieran tristes.
Pero poco a poco veían como las flores se marchitaban y se morían.
 
Ellos seguían abonando, rastrillando, quitando pulgones. Sus grandes narices estaban rojas, y sus piernas cortitas les dolían de tanto ir de un macizo de flores a otro.
 
Ya no había alegría en el pueblo. Las casas amarilleaban, no había tiempo para pintarlas, a los tejados les faltaban tejas, de las chimeneas no salía ya el suave y oloroso humo de las tortitas de hierbas y miel. Todos los Tonchos trabajaban para y por las flores.
 
Al final viendo que no había ninguna solución y que el jardín moriría aplastado por los humos nocivos que los envenenaba, optaron por la única solución: construyeron un enorme invernadero.
 
Les llevó mucho tiempo, ya que sus cortas piernas y sus brazos minúsculos nos les dejaban trabajar bien más que con las flores, pero no les dio miedo cansarse ni hacerse daño (varios Tonchitos sufrieron accidentes por caídas). Trabajaron día y noche mientras daban ánimos a las flores y les cantaban suaves canciones para animarlas.

Al fin un día vieron terminada su obra, era perfecta, el sol se filtraba por los cristales y acariciaba las flores, mientras impedía al humo penetrar y envenenar la atmósfera. Cuando llovía, con un sistema de poleas abrían el techo para que la lluvia pudiera entrar y posarse sobre las flores.
 
No contentos con esto, trasladaron su pueblo al invernadero y se dedicaron de lleno a las flores. Pronto pudieron ver como las rosas se erguían orgullosas y las margaritas hablaban entre si, y los geranios cantaban y las lilas reían. El jardín estaba salvado.
 
¿Cuantos invernaderos harían falta para salvar a todas las flores? Esta es la pregunta que se hacían los Tonchos mientras miraban a través de los cristales la carretera........
 
Otros cuentos navideños:
 

LA FAMILIA HOWARD. Un cuento de Navidad

Mi cuento de la Navidad: palabras de Navidad.


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