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31.1.2009.

Las rebajas


Por: Colaborador

Lo primero, decir que me gustan, pero, que no soy una incondicional de ellas. Lo segundo, que las considero un fenómeno social digno de ser estudiado por un sociólogo.

3 comentarios


Las rebajas
 
Lo primero, decir que me gustan, pero, que no soy una incondicional de ellas. Lo segundo, que las considero un fenómeno social digno de ser estudiado por un sociólogo.


Las rebajas actuales, no se parecen en muchos puntos a las de los años de sus comienzos. Ahora han adquirido una seriedad y una importancia que han hecho de ellas un negocio dentro del negocio. Y en tiempos de crisis como los presentes, en tabla de salvación.


Me acuerdo que al principio, cuando se acercaban sus fechas, el mundo femenino se ponía algo nervioso, con una mezcla de ilusión y sensación de aventura; era como ir a la conquista de Eldorado o marchar al Oeste, con la misma mentalidad de los buscadores de oro, sólo que en vez del precioso metal íbamos buscando la blusa maravillosa, la falda extraordinaria o cualquier otra cosa que despertara nuestro interés. Sabíamos que había lucha y, por eso nos sentíamos heroínas cuando se vencía a la contrincante y exhibíamos en la mano el trofeo de la victoria, aquello que tanto anhelábamos.


También debo reconocer que nos acechaba un enemigo oculto y muy peligroso, el deseo de comprar por comprar, sólo porque era barato, aunque a la vez era absolutamente inútil. Tengo una amiga que si lee estas líneas se sonreirá porque se llevó a casa dos sacos de dormir para "cuando sus hijos fueran a los campamentos" y el mayor de los dos tenía cinco años. No se me olvidará nunca aquello.


Después con la llegada de los grandes almacenes las rebajas tomaron más importancia y hasta la tele nos ponía en el telediario la apertura de las puertas, el primer día, para que contempláramos en vivo y en directo como una masa ingente de mujeres impaciente y trémula esperaba la señal de salida para entrar en las superficies comerciales donde le esperaban todo cuanto deseaban. Lo de menos, eran los pisotones y las caídas, tan sólo llegar las primeras.


Aquello tenía su encanto, era una mezcla de diversión y de guerra que afortunadamente no hacía que la sangre llegara al río. Al final de la jornada todas salíamos contentas y satisfechas, aunque no siempre victoriosas.


Poco a poco las rebajas se han ido poniendo más serias y ese encanto va perdiéndose lentamente. Hoy, metidos como estamos en una crisis económica importantísima produce ansiedad y tristeza ver como tantos comercios tienen puesta su esperanza en los resultados que obtengan, cuando termine la campaña. Y, estoy casi segura de que ya no habrá mamá que compre sacos de dormir para su pequeño recién nacido, ni papá que compre una máquina de cortar césped ¡baratísima!, aunque el viva en un cuarto piso de un edificio que ni siquiera tiene árboles en la calle.
 
Piedad Sánchez de la Fuente


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