Su navegador no acepta script puede que visualice incorrectamente algún elemento de esta página
Alta Eliminar






L M M J V S D
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31
 





Alimentos de Aragón

Visítanos en FaceBook
Enlace a nuestro canal de Youtube

Edita Aragón Liberal

Asociación de amigos de Aragón Liberal

Manos Unidas

nuestros blogs

enlaces recomentados

Colabora con nosotros

Correo

Asociación de amigos de Aragón Liberal

Manifiesto Libertad 2.0


EN RED:

Un millón de velas

NOTICIAS

Versión para imprimir Versión para Imprimir Enviar a un amigo Enviar a un amigo
4.2.2009.

ACCION HUMANA Y LIBERTAD (II). Contexto natural del ser humano. Ser en el mundo.


Por: Rafael Ariza

El hombre es en el mundo. Esta afirmación, probablemente no ha sido nunca discutida por su absoluta obviedad, pero con toda seguridad no ha sido considerada en su total trascendencia como consecuencia de un planteamiento que desde la antigüedad, con mayor o menor intensidad pero omnipresentemente, ha definido el curso del pensamiento. Me refiero a la concepción dualista del mundo...

5 comentarios


CONTEXTO NATURAL DEL SER HUMANO. SER EN EL MUNDO 

El hombre es en el mundo. Esta afirmación, probablemente no ha sido nunca discutida por su absoluta obviedad, pero con toda seguridad no ha sido considerada en su total trascendencia como consecuencia de un planteamiento  que desde la antigüedad, con mayor o menor intensidad pero omnipresentemente, ha definido el curso del pensamiento. Me refiero a la concepción dualista del mundo. En esencia es dualismo la consideración de la existencia de dos realidades distintas, radicalmente separadas o en mas o menos pacífica coexistencia, impermeables o susceptibles de contaminación, pero en todo caso de naturaleza distinta. Así existen lo visible y lo invisible, el cuerpo y el alma, tales son los axiomas fundamentales del pensamiento dualista. Ante esa duplicidad de sustancias, el hombre se ha preguntado donde ésta aquello que buscamos, en cual de ambas se encuentra aquella clave que nos de explicación y nos haga salir de la perplejidad, a que antes aludía, respecto de nosotros mismos. Desde el pensamiento platónico ha sido precisamente en lo invisible donde hemos buscado las respuestas. La realidad perceptible no es sino un pálido reflejo de la realidad que no vemos. Como consecuencia de ello, el mundo no ha suscitado interés por sí mismo. 

Pero el hombre es en el mundo. Dando un paso más puede, incluso puede decirse que el hombre es del mundo, sin que tal afirmación sea óbice para considerar que el hombre y el mundo tiene una naturaleza tendencial, y que su tendencia es a lo absoluto.  

Si esto es así, será preciso ubicar al hombre dentro del mundo, y como paso previo tratar de fijar qué y cómo es naturalmente el mundo. 

Parece claro que el mundo es evolutivo, y además que la dinámica de su desarrollo es la evolución. Ciertamente desde que Charles Darwin escandalizara con tan simple como sugerentísimo planteamiento, la idea de la vida en evolución y más allá de ello, del universo completo en evolución, se ha convertido en paradigma científico. 

Admitido que el universo es evolutivo, se debe admitir igualmente que el hombre es fruto de la evolución. Otra cosa es que tanto el hombre como todos los demás seres vivos que existen sean fruto de la selección natural. Con frecuencia se interpreta equivocadamente el concepto de selección natural. Se considera que merced al mismo se generan nuevas cualidades, funciones en los seres vivos para adaptarse de mejor modo a las circunstancias, o la circunstancia en el caso del hombre fijando así avances físicos o incluso psíquicos que se transmiten por la herencia. Pero en realidad la selección natural no tiene ese alcance, sino más bien al contrario. La selección natural, como mecanismo, no selecciona nada y a nadie para la subsistencia, sino para la extinción.  
 

A través de ese mecanismo, según el cual aquellos que no son capaces de enfrentarse con éxito a la depredación del resto de las cosas, vivas o no, perecen. No se seleccionan determinadas formas, procesos, individuos o especies para la supervivencia, sino todo lo contrario, lo que se selecciona, son formas, procesos, individuos o especies para la extinción. Si no fuera así, si el mecanismo estuviera dotado de inteligencia y voluntad, el universo entero se reduciría a un único prototipo invulnerable y eterno, lo que resulta absurdo. La selección natural como mecanismo meramente negativo, es plenamente coherente, con la naturaleza de las cosas. En realidad es meramente una versión dinámica de una ley universal y fundamental de todo lo natural, el principio de entropía.  

De acuerdo la segunda ley de la termodinámica, todo sistema, al menos en el nivel macroscópico, tiende al equilibrio término, es decir a la inmovilidad, a la muerte cósmica. Toda estructura existente tiende irremisiblemente a deshacerse, todas las estructuras tienen una característica común, la inestabilidad. Esto es constatable en cualquier objeto que se observe, animado o inanimado, grande o pequeño. Si no fuera así, si un determinado objeto no tuviera ésta tendencia a la disgregación, sería predicable de él la eternidad. Esto no existe en la naturaleza, entendiendo por tal todo lo que tiene existencia física. Pues si todas las estructuras están naturalmente llamadas a la extinción, el mecanismo de la selección natural no es sino una consecuencia de aquel principio físico universal, que tarde o temprano terminará cumpliéndose en todo y en todos. 

Esta es la visión que puede extraerse del panorama actual del conocimiento científico sobre la vida y la materia. Visión ciertamente negativa, funesta y tan depresiva, que da sentido a la nausea existencia y coherencia al planteamiento pesimista de Camus. Pero en todo ello se puede encontrar una nueva paradoja, que puede privar de coherencia a la afirmación del sinsentido de las cosas.  

Del mismo modo que el proceso natural de humanización no justifica el avance sino la extinción. La selección natural aliada al principio de entropía, no justifica la evolución, si acaso proporciona un poco de tiempo a los supervivientes, pero de manera muy precaria, hasta el punto que el universo entero, sometido irremisiblemente al fatum de la entropía, debería haber sido irremisiblemente seleccionado para su extinción hace tiempo, quizá incluso en origen, y sin embargo la cosa no es así. Estamos aquí, en un proceso progresivo de complejización, de crecimiento y de elevación-expansión, absolutamente antinatural. Parece pues, que la física o la biología no explica la naturaleza de las cosas, nos dice lo que no son, pero no nos dice lo que son. Debe haber algo más.   
 

Podemos formular la paradoja en los siguientes términos: Paradójicamente, todos los objetos que existen, TODOS vulneran la segunda Ley de la Termodinámica. Desde hace mucho tiempo, se ha planteado la paradoja que supone la vida para tan ciertísima e inexorable ley. Pero es caso es que no solo la vida supone una violación de esa ley, todos los objetos la violan. Cualquier mínima estructura que podamos detectar en la naturaleza, debe desaparecer tarde o temprano, incluyendo en esa lista de condenados las primeras estructuras que generó el Big Bang. La paradoja pues es obvia, si las primeras estructuras mínimas, infinitesimales producidas en el tiempo debieron desparecer, la pregunta es como pudieron formarse. Todo suceso de complejización es una violación a la segunda ley, pero a su vez queda expuesto a ella irremisiblemente teniendo como destino inexorable la desintegración. 

Parece claro, pues, que la segunda ley, es, en última instancia, la responsable del mecanismo denominado selección natural, pero no es un mecanismo de evolución, de complejización, sino todo lo contrario es la rémora, la antípoda de la evolución. El impulso evolutivo no lo constituye la selección natural, sino otra fuerza, innominada, cuyos efectos, sin embargo, se producen en todo objeto existente. 

Rafael Ariza


Ver:

ACCION HUMANA Y LIBERTAD (I) La paradoja de la libertad

ACCION HUMANA Y LIBERTAD (II). Contexto natural del ser humano. Ser en el mundo.

ACCION HUMANA Y LIBERTAD (III) LA ACCIÓN COMO NATURALEZA DE LAS COSAS.

ACCION HUMANA Y LIBERTAD (IV): LA LIBERTAD COMO ACCIÓN

ACCION HUMANA Y LIBERTAD (y V) LIBERTAD GENERADORA DE LA PERSONA Y CONCLUSIÓN.


FOTOS -