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28.2.2009.

Manipular, por Alejo Pérez


Por: Colaborador

Manipular, engañar o estafar son palabras que indican cómo los hombres son llevados o van de unas creencias o sentimientos a otros, sin darse cuenta.

3 comentarios


Manipular

Alejo Fernández Pérez

Alejo1926@gmail.com

 

 

Manipular, engañar o estafar son palabras que indican cómo los hombres son llevados o van de unas creencias o sentimientos a otros, sin darse cuenta.

 

No hace falta demostrar que nos movemos, en gran parte, presionado por todo lo que nos beneficia o, en sentido contrario, por lo que nos daña física o espiritualmente. No es suficiente saberlo, hay que decirlo. Consideremos unos pocos ejemplos:

 

Dinero. Tengamos poco o mucho, siempre queremos más. Nunca estamos satisfechos. Salvo raros ejemplares toda persona tiene un precio en dinero, poder, vanidad, orgullo, miedo, etc. ¿Cuántos están vendidos al poder?

 

Poder. Es impresionante la fuerza del poder. Caso extremo se da en la política: el poder es su Dios, al que todo lo supeditan. Por mandar es capaz uno de vender a su mujer, a sus hijas, pasar por encima del cadáver de sus mejores amigos, cambiar de religión (“París bien vale un misa”), arruinar a un país o empresa. “Vale todo menos perder” dicen otros y, cuando dicen todo, quieren decir ¡TODO! El poder se ha convertido en una verdadera droga. Lo dicho para la política vale, guardando las diferencias, para cualquier otra actividad

 

Vanidad.  La vanidad es uno de los grandes motores humanos. Presumir, ser o parecer más y mejor que los que nos rodean es una característica humana. Daremos limosna si salimos en los periódicos, si hay un baile o cena de por medio y si los medios de comunicación relatan que estuvimos allí con la crema social. En los deportes, el arte, las ciencias sabernos tocado por la varita mágica de la genialidad nos hace flotar en el aire del placer. Atacarla puede ser muy peligroso.

 

Orgullo o soberbia. El orgullo es una vanidad rebozada en engreimiento, soberbia, arrogancia, endiosamiento, altivez, suficiencia ofensiva… La vanidad produce sonrisa, el orgullo rechazo y crispación. La mayor parte de las guerras tienen más que ver con el orgullo de los poderosos que con el hambre de los pobres. El orgulloso tiende a sobresalir, como sea, sobre sus competidores

 

Trabajo. Como el dinero, es indispensable para vivir. Se educa y se lucha por conseguirlo, por mejorarlo, por no perderlo y emigramos si hace falta. Nos va en ello la supervivencia de la mujer y de los hijos.

 

Miedo. El miedo  a no encontrar o perder el puesto de trabajo, el miedo  a fracasar en la propia empresa, a no ser querido ni estimado, el miedo  morir o enfermar, a ir a la cárcel o a ser expulsado del medio en que se vive, el miedo a no poder mantener a la familia como desearíamos… nos impulsa y  obliga a “pasar por carros y carretas” y a perder en ocasiones nuestra propia dignidad y estima.

 

Libertad.  Por la libertad vamos a la guerra, peleamos en revoluciones, emigramos, matamos y morimos. Pero, ¿por qué libertad? Pues libertad, democracia, paz, diálogo y otras muchas son palabras que han perdido su significado primitivo y vienen a significar cosas distintas y contrapuestas según la ideología o religión de quien las pronuncia

 

Otras palabras de nobles significados como honor, dignidad, vergüenza, sinceridad, pundonor, decencia, virginidad, moral, pureza y cien más de análogos significados, han desaparecido de los medios de comunicación y cada uno las utiliza según sus conveniencias.

 

Sin embargo estas palabras surgen en la prensa manipulada de forma premeditada y se presentan al pueblo de forma atractiva y convincente. Objetivo: obtener beneficios políticos, económicos o de cualquier otro tipo para los intereses de los promotores; casi siempre minorías poderosas,  a quienes no importará causar daños, incluso mortales a los más pobres.

 

Cada petición, para moverse en una determinada dirección, ha de llevar un cebo atractivo acorde con las necesidades del votante. Por supuesto, escondido en el cebo hay un anzuelo. Una vez que pica el pez, un fuerte tirón de la caña de pescar lo saca del agua, de su medio, y va al cesto para alimentar al pescador, tras asar al pescado.

 

¿Soluciones? Solo los pueblos con fuertes raíces religiosas y morales están en condiciones de superar estos males. Son árboles que aguantan todo viento y tempestad. Los demás son hojas movidas y llevadas por todo viento a cualquier parte. Cristianos y musulmanes están en las mejores condiciones para sobrevivir, aunque cada uno vaya por caminos diferentes. Hacen poco caso de los hombres y le dan poca importancia  porque “saben que todo está en las manos de Dios”

 

En el terreno humano podríamos empezar por evitar que nadie pudiera ser primer ministro, presidente de una comunidad, estado o rey sin antes pasar por un serio reconocimiento médico de las facultades mentales de los aspirantes.

 

Hay mucho perturbado mental, mucho “majara”, mucho listillo y muchos iluminados, salvadores de la patria, dirigiendo los destinos de las naciones. No hay más que echarle un vistazo a la historia del siglo pasado, a la TV o a Internet. ¡Así nos va!


Ver también sobre manipulación:

Reflexiones liberales: la demanda social y la pescadilla que se muerde la cola.

¿Cómo juzgar las películas “históricas”?

Un decálogo socialista alternativo. Sujerencias a Rajoy.

La manipulación de la sociedad, por Luis Garza Medina

La verdad periodística. Por Javier Úbeda Ibáñez

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