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25.3.2009.

La Pobreza ¿culpa de la prosperidad?


Por: Martha Colmenares

En nuestra cultura, la occidental, es perfectamente aceptado entender la salud como un asunto sistémico, cuando se dice que alguien está enfermo, lo que los occidentales entendemos es que al menos uno de sus sistemas no está funcionando bien. Si fuéramos asiáticos, quizás privaría un entendimiento holístico, diríamos “que la persona tiene un desbalance”, y si fuéramos miembros de una tribu indígena o africana no tendríamos ese entendimiento, probablemente explicaríamos la contingencia de una enfermedad como la culpa de un espíritu maligno que se nos ha metido adentro.

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La Pobreza ¿culpa de la prosperidad?

 

Martha Colmenares

 

Introducción

En nuestra cultura, la occidental, es perfectamente aceptado entender la salud como un asunto sistémico, cuando se dice que alguien está enfermo, lo que los occidentales entendemos es que al menos uno de sus sistemas no está funcionando bien.  Si fuéramos asiáticos, quizás privaría un entendimiento holístico, diríamos “que la persona tiene un desbalance”, y si fuéramos miembros de una tribu indígena o africana no tendríamos ese entendimiento, probablemente explicaríamos la contingencia de una enfermedad como la culpa de un espíritu maligno que se nos ha metido adentro.

 

Uno de esos africanos, para empezar, tendría problemas en entender que muchas de las enfermedades tienen sus inicios mucho tiempo antes que la manifestación de sus síntomas, tampoco podría entender ningún afán de someterse a chequeos de salud periódicos para prevenir las enfermedades antes que se presenten -¿Para qué exorcizar una persona antes de que el demonio se le meta?-, además nuestro hipotético amigo seguramente tiene la idea de que los tratamientos para las enfermedades produce alivio inmediato, debería tener muchos problemas para entender que a veces es necesario para que un sistema se recupere poner en stress a los demás, que hay medicinas que en verdad te pueden hacer sentir peor mientras te curan.

 

Entonces nuestro amigo no puede entender nuestra medicina, y por eso acudirá a su médico brujo o chamán de su preferencia, quien seguramente lo pondrá en trance con algún alucinógeno mientras le hace un espectáculo de “comunicación con el mundo de los espíritus”.

 

Pero nosotros sabemos mejor (¿No?), como personas “Ilustradas” casi que es nuestro deber moral servir de guías para quienes no han contado con el privilegio de ser educados, además, es mejor así a la larga, porque que la gente alrededor tuyo acuda al médico brujo no es bueno para nadie.

 

Nuestros países son muy pobres, aunque afortunadamente las causas de la pobreza son tan fáciles de describir que en este mismo texto las describo, de la misma manera, hay todas las esperanzas del mundo de resolverlas, porque también están tan claras las soluciones que algunas puedo describir también.  Lo difícil sigue siendo lograr que las personas en general alcancen el entendimiento necesario para aplicar la solución.

 

Las causas de la pobreza:

Hoy se produce más alimentos por habitante, más energía, etc., que en ningún momento previo, es decir, como un todo, esta es la época más opulenta de la existencia humana.  Sin embargo, esa opulencia no le llega a todo el mundo, sino que por el contrario, hay más de un 60% de la población del mundo que sigue en la lucha por la sobrevivencia. 

 

Hay 2 explicaciones para esa paradoja:

1) Suma-cero:  Hay un grupo de personas que viven en la opulencia porque hay un grupo aún más grande que vive en la miseria quien es quien paga por ella; y la 2) Ganar-Ganar (o Perder-Perder):  Hay un grupo productivo, y otro que no es productivo.  El improductivo quiere lo que el productivo tiene, pero no sabe cómo lograrlo.

 

Para mí es claro que la explicación correcta es la de Perder-Perder, es decir, las personas de nuestros países pobres viven bajo la interpretación de que tiene que haber gente en la miseria para que haya gente rica, de donde se desprende que nuestra pobreza es por culpa de la “prosperidad” de otros, y que la solución sería redistribuir o democratizar la riqueza; pero como los que ahorita la tienen no la sueltan por las buenas, probablemente haya que quitárselas por las malas. 

 

Le pido al lector que por un momento suponga que nuestro “latinoamericano comunista” de toda la vida esté equivocado al creer que la culpa de la miseria en el mundo es el capitalismo, si en verdad alguna vez va a llegar a percatarse de su equivocación...

 

Yo creo que no, porque es una hipótesis no susceptible de ser puesta a prueba: tendría que darse una gran revolución mundial para ver si en verdad se acaba o no el problema de la pobreza, es decir, si el sistema capitalista es suma-cero en verdad, porque a pesar de todas las revoluciones que han intentado abolirlo: Rusia/Unión Soviética, China, Cuba, Albania, Yugoslavia, etc., fracasaron, se dice que por culpa del saboteo de los países ricos.

 

Por lo que mientras haya países ricos, no va a poderse llegar a una conclusión definitiva.  De manera que nuestro izquierdoso local pareciera que no tendría forma de darse cuenta si su interpretación estuviera equivocada. 

 

Y es triste, porque la verdad, lo que yo veo, es que los países ricos serían felices si los pobres dejaran de serlo, habría más mercados, más oportunidades para todos, entonces los pobres salen perdiendo por diagnosticar mal su problema y enterrarse peor con cada medida que toman para resolverlo, y los ricos salen perdiendo porque se quedan solos en el mundo.

 

Una prueba difícil de refutar: Japón, recién finalizada la 2da. Guerra Mundial, quedó literalmente arrasado, presa incondicional del vencedor, USA; un país cuyos ciudadanos, por decir lo menos, consideraban a los japoneses personas inferiores, y manifestaban desprecio abierto por su cultura y tradición; entonces, si realmente la cosa fuera suma-cero, hoy en día Japón sería un vasallo de USA; pero no lo es. 

 

La explicación más simple que encuentro es que USA prefería tener un socio comercial más en el mundo, que eso lo beneficiaba más, que tener un “Puerto Rico” gigante.  En el otro extremo, las 2 alemanias son un ejemplo elocuente: La URSS no pudo lograr que su Alemania fuera al menos igual de próspera que la otra, que quedó más destruida luego de la guerra que la suya, y el desbalance fue tan patente, que la gente se jugaba la vida para escapar de ella, y la única manera de retener a sus ciudadanos allí era con un muro absurdo, porque mantenía presos a los nacionales de un país en su propio país.

 

Como decía antes, hay esperanzas, porque el problema es fácilmente resoluble, la situación Perder-Perder es revertible en Ganar-Ganar: Básicamente lo que debemos hacer es dejar que nuestros países acepten la invitación a la modernidad, al mundo abierto.  La apertura tiene a gran escala la misma ventaja que a pequeña escala: genera tanta sinergia (Ganar Ganar) que compensa de sobra las inconveniencias que produce.  Los países ricos no entienden esto 100% bien, por eso se enfrascan en proteccionismos, etc., pero a la larga son ellos mismos quienes se perjudican.

 

Un ejemplo: Recurrentemente en nuestro continente se presentan las crisis de fugas de divisas, es decir, que la gente quiere convertir su dinero en moneda externa.  Eso es algo trágico per se, como una persona que sangra por una herida, pero la “solución” no es el control de cambio, el “torniquete”, sino algo mucho más difícil, entender la naturaleza de la herida, y cerrarla, lo cual puede ser hasta más doloroso que el mismo torniquete, y también prevenir las causas que producen la herida sangrante.

 

Pero no veo que nuestros países entiendan como algo antinatural que la gente quiera tener su dinero fuera, como si se aceptara tácitamente que nuestras monedas son débiles, poco confiables, inestables.  Y es que lo son, y esto es lo antinatural, porque el estado, recurrentemente confisca los ahorros de la gente a través de los controles de cambio. 

 

Sin embargo, nuestros economistas, mientras más comunistoides, más anuentes a los controles son.  ¿Por qué?:

Estamos claros en que lo democrático es que las personas vivan en el país de su elección, igualmente, que la gente tenga su dinero en donde le provoque, después de todo, pues es su dinero.  Pero nuestros aparatos sociales no lo ven así.  O el dinero de las personas en verdad es del estado, o las personas no tienen esa libertad esencial, la de proteger su trabajo.

 

Al cabo de un tiempo, cuando se aplican muchas “soluciones” como las mencionadas arriba, lo que se tiene es:  1) Los mismísimos problemas, 2) Capas y capas de medidas contraproducentes, 3) “Cultura” institucional que promueve antivalores, que es lo peor de todo:  Cuando las cosas aumentan de precio, ¿Qué pide la gente?:  ¿Diversificación de mecanismos de producción o distribución, baja de aranceles a los productos de importación, etc.?: ¡No!, lo que pide es controles de precios. 

 

Hay que analizar eso: Si hay un sistema en el cual se pueden presentar abusos como precios exorbitantes, hay algo malo en el sistema, que debe ser corregido: la razón de porqué el abuso aparece.  Puede ser algo tan sencillo como que hay un comercializador privilegiado con el monopolio de la distribución de determinados productos, y se aprovecha de ese privilegio cobrando como guste. La solución entonces es diversificar los comercializadores.

 

Aritméticamente simple.  ¿Qué pasa cuando el gobierno establece el control de precios?: Que la razón del abuso persiste, sólo que el abuso comienza a ser  fiscalizado por el gobierno.  Es decir: Un agente económico comienza a abusar de un privilegio, la gente se queja, el gobierno interviene fiscalizando el privilegio, y al cabo de un tiempo, se presenta una batalla entre el que detenta el privilegio que desea hacer uso de él, y la gente que no quiere ser abusada. 

 

Pero como la gente recurre al gobierno, que no resuelve el problema, sino que sólo se dedica a administrarlo, termina la gente por darle al gobierno poder omnímodo, y viene entonces el gobierno a aprovecharse de ese poder (privilegio) dándole licencias a sus amigos, poniendo altos los precios de los productos que sus amigos hacen, llevando a la quiebra a sus enemigos, etc.

 

Y al cabo de un tiempo, no sólo se tiene un gobierno corrupto, sino toda una sociedad corrupta que no sabe de ninguna manera distinta a la de ostentar un privilegio otorgado por el gobierno el lograr “prosperidad” económica; se tiene a la gente resentida por la riqueza de los ricos que proviene de su miseria, y al estado en el papel de azuzador del conflicto para obtener mayor poder. 

 

El círculo vicioso lleva inexorablemente a crisis espantosas, a  miseria indescriptible, al fenómeno de exclusión; a lo que tenemos, pues.  ¿Ahora, fue culpa de los Estados Unidos, de la CIA?...

 

Es el cuento del africano del que hablaba antes, como no tiene la educación suficiente para tener una percepción sistémica de su mundo, no tiene más remedio que acudir al mesías que lo va a curar de su miseria (chamán nacional), y tristemente va a elegir al mesías más demagógico, el que sea más capaz de compartir la visualización de los problemas en términos de las causas fáciles.

 

Martha Colmenares

http://www.marthacolmenares.com/

Caracas 25 de marzo de 2009

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