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28.11.2007.

En vez de impulsar la lucha, se proponga la paz. Se necesita serenidad.


Por: Manuel de la Hera

Hay luchas en todas partes, unas más violentas que otras. Unas en las que sólo se usan argumentos orales en tonos más o menos exaltados y no pocas veces con contenido duro y hasta ofensivo...

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Se necesita serenidad

Cada día se reanuda el acoso a la atención de la gente; con pocas variantes a no ser que haya sucedido algo especial, algo distinto a lo que se ha venido conociendo hasta hace un rato. Las noticias de lo que ocurre, o de algún que otro rumor, se dan a conocer desde todos los focos de difusión sin perder tiempo y más tarde irán apareciendo análisis de las mismas, con mayor o menor extensión, Hay noticias de larga vida y otras que no llegan a tanto. En cualquier caso, la serenidad que producen no es la nota dominante en ellas.

Hay luchas en todas partes, unas más violentas que otras. Unas en las que sólo se usan argumentos orales en tonos más o menos exaltados y no pocas veces con contenido duro y hasta ofensivo. Otras de esas luchas son ataques a la paz ciudadana utilizando la algarada, barricadas, piedras, objetos contundentes, el fuego, explosivos, navajas y otras armas. Hay pérdidas materiales, de más o menos consideración, heridos y hasta alguna que otra persona muerta. Ese ambiente no ayuda al sosiego ciudadano. Lo perturba seriamente.

Es escaso el respeto con el que se trata a todo lo que hay a nuestro alrededor. Las calles de las ciudades sufren agresiones por los mismos que las utilizan. Paredes con rótulos o dibujos sumamente desagradables y ofensivos hacia determinados colectivos. Aceras en las que se arroja cualquier cosa o se instala algo que dificulta caminar. No todos los que por ella pasan son ágiles y tienen dificultades para el uso de ese camino de todos. Para algunas personas es una aventura utilizarlas sin ayuda directa de alguien. No se sienten seguras.

Esa falta de respeto alcanza cota máxima en las relaciones entre personas que tomaron la decisión de vivir juntas. Está siendo muy frecuente la noticia de que una mujer ha sido atacada por el hombre que con ella convive; en unos casos esposo, en otros quien era su acompañante. Esa noticia es casi la de cada día y con ella se muestra la falta de sentido de unión, de servicio de unos a otros, de la verdad del por qué de esa unión que sólo debe ser el amor profundo, sincero, bien asentado y capaz de afrontar serenamente las dificultades.

Del exterior a nuestro país, próximo o lejano, las noticias que llegan son, en verdad, un muestrario de alarmas. Luchas de todo tipo en las que el denominador común es alcanzar o mantenerse en el poder. En algunos casos se aprecia hasta una preparación para alcanzar un mayor nivel de poder para aspirar a la hegemonía mundial. Todos los medios consideran que son adecuados en esa lucha y se van produciendo alteraciones muy sensibles en algunos casos. La economía, calidad de vida, principios morales y costumbres se ven amenazadas.

La calidad de vida de nuestra sociedad está sometida a grave y fuerte presión de hechos como los reseñados y de otros muchos más. Para hacer frente a todo ello se necesita serenidad y buen juicio, paz en el alma y claridad de mente.

Asusta ver que no siempre se actúa así; se olvida el valor fundamental del ser humano, el respeto pleno a la verdad del amor.

Manuel de la Hera Pacheco.- 26.Noviembre.2007


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