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Enviar a un amigo4.5.2009.
La madre tierra al banquillo de los acusados, por Laureano López
Por: Colaborador
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, el pasado 22 de abril de 2009, la propuesta del presidente boliviano Evo Morales de celebrar el Día Mundial de la Tierra, como el Día Internacional de la Madre Tierra.
Laureano López La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, el pasado 22 de abril de 2009, la propuesta del presidente boliviano Evo Morales de celebrar el Día Mundial de la Tierra, como el Día Internacional de la Madre Tierra. Evo Morales, en el discurso que dirigió a la Asamblea después de la aprobación, explicó: “No sólo los seres humanos tienen derechos humanos, sino la Madre Tierra (Pachamama) debe tener derechos, debemos apelar a nuestra razón sensatez, porque la vida humana no es posible sin la Madre Tierra” (Discurso a la Asamblea General de la ONU durante el Día Mundial de la Tierra, 22 de abril de 2009. Fuente: Agencia de Noticias Globales). El discurso propone que la ONU estudie la posible creación de una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, así como existe un documento que desde hace más de 60 años reconoce los derechos del ser humano. El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Treina años después, el 15 de octubre de 1978 fue aprobada la Declaración Universal de los Derechos de los Animales. Después de tres décadas, inicia un camino de reflexión para aprobar los Derechos de la Madre Tierra (Pachamama, en idioma quechua). Esto podría formalizar la declaración de los puntos recogidos en la Carta de la Tierra del año 2000. Pero, entre los estudios que pudiera hacer la ONU, además de valorar la posibilidad de unos derechos de la Madre Tierra, ¿se podría pensar también en llevar a “Pachamama” al banquillo de los acusados ante un Tribunal Internacional por sus “fechorías”? La “Madre Tierra” habría originado el devastante terremoto de Abruzzo, Italia, causando cientos de muertes en abril de 2009. En 2004 más de 27,000 personas en Indonesia y 18,000 en Sri Lanka murieron a causa de otro terremoto y un tsunami. Y así, se podrían presentar contra la Madre Tierra cientos de cargos por crímenes contra los hombres. Seguramente nadie pensaría que esta forma de razonar es correcta. Sin embargo, podría ser una conclusión lógica de atribuir derechos a la Madre Tierra. Para analizar el camino que conduce hacia estas conclusiones, en un primer momento es importante considerar cómo ha ido cambiando durante la historia la cosmovisión humana occidental, pasando desde una visión teocéntrica y antropocéntica, hasta una visión biocéntrica. En un segundo momento, es necesario analizar si pueden existir derechos de la Madre Tierra. I. Cambios en la cosmovisión humana occidental a lo largo de la historia Visión teocéntrica Existen tres elementos para dar una cosmovisión completa: el mundo, el hombre y Dios. En la visión teocéntrica medieval, el lugar más alto lo ocupaba Dios como ser absoluto y necesario. El hombre estaba en un segundo plano ocupando un puesto privilegiado por ser un absoluto-relativo; por un lado, tenía una dignidad absoluta que le había regalado Dios al crearlo a “su imagen y semejanza”; por otra parte, el hombre era parte de las creaturas contingentes. El mundo, el resto de la creación, estaba ordenada al hombre, que usando su libertad se hacía responsable de los dones de la naturaleza. Esta cosmovisión teocéntrica se refleja en la Regla de los monasterios benedictinos que se resumía en la máxima: Ora et labora. Se daba culto a Dios, se respetaba al hombre por ser creado a imagen de Dios, y se trabajaba la tierra para que fructificara e hiciera posible la existencia del hombre. Siguiendo esta jerarquía de valores, san Francisco de Asís compuso el “Cántico de las creaturas”, donde resaltaba la obligación del hombre de utilizar con responsabilidad las creaturas irracionales. La naturaleza, vista como Vestigia Dei (huella de Dios), impulsaba al santo a relacionarse con ella reconociendo en la belleza del “hermano sol”, la “hermana luna”, el “hermano lobo”, un vestigio de la belleza del Señor. Visión antropocéntrica Durante el Renacimiento, con el inicio de la ciencia moderna y el cambio de paradigma de Galileo, la cosmovisión humana cambió. El hombre pasó a ocupar el puesto de Dios y la naturaleza se conviertía en algo inerte, que podía ser dominada por el hombre. A esta progresiva dominación de la naturaleza, el filósofo Bacon le llamaba la victoria cursus artis super naturam (la victoria de la técnica sobre la naturaleza). La visión antropocéntrica alcanza su máximo esplendor durante el Iluminismo del siglo XVIII, donde el hombre es máximamente exaltado, mientras se forma una concepción deísta de la divinidad. Un Dios lejano que no actúa, “un dios perezoso”, “un relojero”, “un gran arquitecto”, etc. Junto con los grandes beneficios que trajo la Revolución Industrial, afloraron también las primeras consecuencias de una explotación descontrolada de la naturaleza. Visión biocéntrica Con la aparición de la obra de Darwin y su teoría de la evolución biológica, se tuvo otro cambio de paradigma en la cosmovisión humana. El hombre, que había sido exaltado en el Renacimiento, se convertía en una especie más dentro de la evolución de las especies. Algunos autores, como el antropólogo Max Scheler, reflexionaban sobre cuál sería ahora el puesto del hombre en el cosmos. Si Dios ya no era el centro, y el hombre quedaba relegado de su puesto central en la creación, sólo tenía importancia la naturaleza, que con sus leyes de selección natural y las mutaciones genéticas, llevaba adelante un proceso evolutivo. Bajo esta visión del mundo, bastante difundida actualmente, se pueden comprender mejor las palabras del presidente boliviano Evo Morales de su discurso del 22 de abril: “La Madre Tierra es algo sagrado para la vida”. “Ha llegado el momento de reconocer que la Tierra no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a la Tierra”. “Estoy convencido de que la Madre Tierra es más importante que el ser humano”. Al absolutizar y divinizar la naturaleza, el hombre ha pasado de ser hijo de Dios, a ser hijo de la Madre Tierra. Ha cambiado la oración a un Dios personal por los antiguos ritos y cultos paganos a Pachamama. Esta es precisamente la gran paradoja, mientras en algunos sectores científicos de cariz evolucionista y materialista está superada la “hipótesis de un Dios creador”, el hombre ha divinizado la naturaleza, cayendo en una nueva forma de panteísmo. II. El hombre y los Derechos de la Madre Tierra Únicamente los seres libres son portadores de derechos, porque son responsables de sus actos y, por lo tanto, se les pueden imputar. Por ello, llevar a “Pachamama” ante un Tribunal sería un desatino, al igual que promover la concesión de derechos a la Tierra. Con el fin de llegar a una reflexión seria sobre los “derechos” de la naturaleza es importante esclarecer dos aspectos. La naturaleza no tiene una autonomía propia. La Madre Tierra (Pachamama) no es un ser vivo, ni un ser personal, sino sólo una palabra que tal vez denomina a todo aquello que en nuestro planeta hace posible la vida. Por lo tanto, no es un ser autónomo y libre que pueda gozar de derechos propios. Las cuatro acciones presentadas por Evo Morales como los cuatro derechos de la Madre Tierra: “derecho a la vida, derecho a la regeneración de su biocapacidad, derecho a una vida limpia y derecho a convivir”, no pueden ser considerados como derechos de la Madre Tierra, al no ser un sujeto personal, libre y responsable. La naturaleza tampoco puede ser vista únicamente como un instrumento que se convierta en el laboratorio experimental del hombre. El hombre, dotado de inteligencia y libertad, es sujeto de derechos, pero al mismo tiempo tiene una responsabilidad moral frente al uso correcto de los bienes naturales. El poder que la técnica ha dado a la persona humana ha hecho que el hombre cuente actualmente con medios suficientes para destruir el mundo. Por ello, el hombre debe ser consciente de la grave responsabilidad que tiene frente a los recursos naturales puestos a su disposición y que son patrimonio de todos los hombres. La condición infrahumana de la naturaleza y la orientación de ella hacia el hombre no es motivo para que el hombre la destruya, sino una oportunidad para presentarse como un administrador responsable de los bienes que le han sido encomendados. Así lo recordaba el Papa Benedicto XVI en su Discurso a la Curia Romana del 22 de diciembre de 2008. “En la fe sobre la creación está el fundamento último de nuestra responsabilidad con la tierra. No es simplemente una propiedad nuestra, de la que nos podemos aprovechar según nuestros intereses y deseos. Es más bien don del Creador, quien ha diseñado los ordenamientos intrínsecos y de este modo nos ha dado señales de orientación que debemos respetar como administradores de su creación [...] La Iglesia tiene una responsabilidad con la creación, tiene que defender la tierra, el agua, el aire, como dones que pertenecen a todos. Tiene que proteger también al hombre contra su propia destrucción. Por ello es necesario que exista una ecología del hombre entendida en el sentido justo”. Ver: BOLIVIA: NEOMARXISMO INDIGENISTA. ABORTO Y HOMOSEXUALISMO. «New Age»: La punta de un iceberg, por Miguel Ángel PastorinoLa madre tierra al banquillo de los acusados









