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Enviar a un amigo12.5.2009.
El Papa con los católicos en Tierra Santa. La hora de la luz
Por: Redacción
Este mediodía, el Papa Benedicto XVI llegó hasta el Cenáculo, el lugar donde Jesús instituyó la Eucaristía y el Orden Sacerdotal para rezar el Regina Coeli junto a los Ordinarios de Tierra Santa. Desde este histórico lugar, el Santo Padre pidió a las comunidades católicas que residen en la zona, ser las velas que iluminan Tierra Santa.
Este mediodía, el Papa Benedicto XVI llegó hasta el Cenáculo, el lugar donde Jesús instituyó la Eucaristía y el Orden Sacerdotal para rezar el Regina Coeli junto a los Ordinarios de Tierra Santa. Desde este histórico lugar, el Santo Padre pidió a las comunidades católicas que residen en la zona, ser las velas que iluminan Tierra Santa. Dirigiéndose a los Ordinarios, el Papa señaló que "representan a las comunidades católicas de Tierra Santa que, en su fe y devoción, son como velas encendidas que iluminan los santos lugares cristianos, que fueron en un tiempo honrados por la presencia de Jesús, nuestro Dios viviente". "En el Cenáculo el misterio de la gracia y salvación de la que somos destinatarios y también heraldos y ministros, puede expresarse solamente en términos de amor. Ya que Él nos amó en primer lugar y sigue amándonos, tenemos que responder con amor", explicó el Pontífice. Según el Santo Padre, "este amor que transforma, que es gracia y verdad, nos lleva como individuos y como comunidad a superar la tentación de encerrarnos en nosotros mismos en el egoísmo, la indolencia o el aislamiento, en el prejuicio o el miedo y a entregarnos con generosidad al Señor y a los demás. Nos lleva como comunidad cristiana a ser fieles a nuestra misión con franqueza y valor". "La invitación a la comunión de mente y de corazón asume un relieve particular en Tierra Santa. Las diversas Iglesias cristianas que se encuentran aquí representan un patrimonio espiritual rico y variado y son signo de las múltiples formas de interacción entre el Evangelio y las diversas culturas. Nos recuerdan también que la misión de la Iglesia es predicar el amor universal de Dios y de reunir a todos los que están llamados por Él, de forma que, con sus tradiciones y sus talentos formen la única familia de Dios", agregó. "En la medida en que el don del amor se acepta y crece en la Iglesia, la presencia cristiana en Tierra Santa y en las regiones cercanas estará viva. Esa presencia es de importancia vital para el bien de la sociedad en conjunto. Las palabras claras de Jesús sobre los lazos íntimos entre el amor de Dios y el del prójimo, sobre la misericordia y la compasión, la mansedumbre, la paz y el perdón son levadura capaz de transformar los corazones y plasmar las acciones. Los cristianos de Oriente Medio, junto con otras personas de buena voluntad, están contribuyendo como ciudadanos leales y responsables, a pesar de las dificultades y las restricciones a la promoción y consolidación de un clima de paz en la diversidad", indicó. El Papa se dirigió después a los obispos y les aseguró que contaban con su "apoyo y aliento a la hora de hacer todo lo que esté en vuestro poder para ayudar a nuestros hermanos y hermanas cristianos a permanecer y a afirmarse aquí, en la tierra de sus antepasados y a ser mensajeros y promotores de paz". "Por mi parte -concluyó- renuevo el llamamiento a nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo para que sostengan y recuerden en sus oraciones a las comunidades cristianas de Tierra Santa y Oriente Medio". Después de rezar el Regina Coeli, Benedicto XVI se desplazó a la Concatedral latina de Jerusalén donde saludó a las 300 personas allí reunidas, entre las cuales varias religiosas contemplativas. Después de venerar el Santísimo y escuchar las breves palabras del Patriarca Latino de Jerusalén, el Papa agradeció a las religiosas sus oraciones por el ministerio universal del pontífice y les pidió "con las palabras del Salmista: rezad por la paz en Jerusalén, rezad continuamente por el fin del conflicto que ha acarreado tantos sufrimientos a los pueblos de esta región". Finalizada la ceremonia el Santo Padre almorzó con los Ordinarios de Tierra Santa y los abades en el Patriarcado Latino de Jerusalén. El Cenáculo Según informó el Vatican Information Service, el Cenáculo es el lugar de la institución del sacerdocio ordenado y de los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia. La palabra latina "Coenaculum" indica el lugar donde se cena, pero en general designaba el piso superior que servía de hospedaje, y donde hoy se encuentra la capilla. La tradición cristiana sobre la autenticidad del Cenáculo es muy antigua y se remonta a finales del siglo III. En el piso inferior hay un cenotafio llamado "La Tumba de David", meta de peregrinaciones judías nacionales, aunque la referencia a la sepultura de David no tiene ningún fundamento histórico o arqueológico. También hay una antigua capilla dedicada al recuerdo del Lavatorio de los pies. Hoy el edificio es propiedad del Estado de Israel. Es uno de los lugares administrados por la "Custodia de la Tierra Santa", confiada desde el siglo XIV a la Orden Franciscana. La Provincia de Tierra Santa se consideraba la más importante de todas las provincias franciscanas ya que de ella formaba parte la tierra en la que Jesucristo nació, vivió, predicó la Buena Nueva, murió y resucitó de entre los muertos. De hecho, según la orden franciscana, San Francisco visitó Tierra Santa y esta provincia entre 1219 y 1220. En 1333 Roberto d'Anjou, rey de Nápoles, y su mujer la reina Sancha, negociaron con el sultán de Egipto, a través del fraile Ruggero Garini, la compra del Cenáculo y los derechos para celebrar ceremonias religiosas en el Santo Sepulcro. El fraile Garini, con ayuda financiera de la reina, construyó entonces un monasterio cerca del Cenáculo. El rey y la reina se aseguraron también por parte de las autoridades musulmanas, el derecho de propiedad legal de algunos santuarios para los franciscanos y el derecho de uso en otros. En 1342 el papa Clemente VI, en dos bulas papales, elogió la obra de los reyes de Nápoles y estableció los principios por los que se regía la provincia eclesiástica de la Custodia de Tierra Santa. Los primeros estatutos de los franciscanos relativos a Tierra Santa se remontan a 1377 y en ellos se declara que un máximo de 20 frailes se ocupasen de los Santos Lugares del Cenáculo, del Santo Sepulcro y de Belén. En 1517 a la Custodia de Tierra Santa se le concedió autonomía plena y la Santa Sede le confirió el status de una provincia con privilegios especiales y derechos particulares. Desde 1558 la Custodia tuvo su sede en el convento del Santísimo Salvador. Mientras el término Custodia de Tierra Santa se refiere a la provincia eclesiástica, el Custodio de Tierra Santa es el provincial de los frailes que viven en Oriente Medio. Tiene jurisdicción sobre los territorios de Israel, Palestina, Jordania, Líbano, Egipto (parcialmente), Chipre y Rodas. Dada la importancia de su papel, el custodio es designado directamente por la Santa Sede, después de la consulta con los frailes de la custodia. El custodio actual es el Padre Pierbattista Pizzaballa.
BENEDICTO XVI ENCUENTRA AL GRAN MUFTI DE JERUSALEN
CIUDAD DEL VATICANO, 12 MAY 2009 (VIS).-Benedicto XVI llegó esta mañana a las 8,45 a la explanada de las Mezquitas, conocida en árabe como Al-Haram Ash-Sharif (recinto santísimo y nobilísimo). Se hallaba en el sitio en que Salomón construyó el templo de Jerusalén, que fue reconstruido al final del siglo I a.C. por Herodes. En el lugar se encuentran las mezquitas de la Cúpula de la Roca y Al-Aqsa.
El área de la explanada es relevante para las tres religiones monoteístas: para los judíos era el lugar donde Abrahán tendría que haber sacrificado a Isaac, así como el del templo de Salomón; los musulmanes la consideran su tercera meta de peregrinación tras la Meca y Medina y el lugar donde el profeta Mahoma ascendió al cielo; para los cristianos es el lugar donde Cristo habló de la destrucción del Templo.
La Cúpula de la Roca, de techo dorado y forma octagonal, es el monumento islámico más antiguo todavía en pie en Tierra Santa. La primera mezquita, edificada en el 640 fue sustituida por la actual en el 687. En el siglo XII los cruzados la transformaron en iglesia cristiana dándole el nombre de "Templum Domini", de donde tomó el nombre la orden ecuestre de los Templarios. Fue restaurada como lugar musulmán de culto por Saladino en el 1187. En el centro de esta mezquita suntuosamente decorada se encuentra la roca sagrada en la que rezó Mahoma antes de subir al cielo.
La mezquita de Al-Aqsa, cuyo nombre en árabe significa la más remota, es según la tradición musulmana el lugar más lejano de la Meca al que una noche Mahoma fue transportado milagrosamente. La construcción se remonta al siglo VIII, diversos terremotos la destruyeron, fue reconstruida, pasó a ser una iglesia de los Templarios, y como la Cúpula de la Roca, Saladino la restauró como lugar de culto islámico. Durante la restauración de la mezquita en 1938, el rey Faruk de Egipto renovó el artesonado y Mussolini donó las columnas de mármol de Carrara.
El Santo Padre llegó a las 9,00 a la Cúpula de la Roca, donde le esperaban el Gran Mufti Muhammad Ahmad Husayn, suprema autoridad jurídico-religiosa de Jerusalén y del pueblo árabe musulmán en Palestina. y el presidente del consejo del Waqf (Bienes religiosos islámicos). Después de una breve visita fue acompañado al edificio de Al-Kubbah Al-Nahawiyya", donde le esperaban los altos representantes de la comunidad islámica.
"La Cúpula de la Roca -dijo el Papa- lleva nuestros corazones y nuestras mentes a reflexionar sobre el misterio de la creación y sobre la fe de Abraham. Aquí los caminos de las tres grandes religiones monoteístas mundiales se encuentran, recordándonos lo que tienen en común. Cada una cree en un sólo Dios, creador y regulador de todo. Cada una reconoce a Abraham como su antepasado. (...) Cada una ha sido seguida por innumerables personas a lo largo de los siglos y ha inspirado un rico patrimonio espiritual, intelectual y cultural".
"En un mundo tristemente lacerado por las divisiones, este lugar sagrado sirve de estímulo y constituye además un reto para que los hombres y mujeres de buena voluntad se comprometan a superar incomprensiones y conflictos del pasado y se encaminen por la senda de un diálogo sincero, cuyo fin es la construcción de un mundo de justicia y de paz para las generaciones futuras".
"Ya que las enseñanzas de las tradiciones religiosas conciernen en último lugar a la realidad de Dios, al significado de la vida y al destino común de la humanidad, es decir a todo los que para nosotros es muy sagrado y amado -observó el Santo Padre-, puede existir la tentación de dedicarse a ese diálogo con reluctancia o ambigüedad sobre sus posibilidades de éxito. Pero podemos empezar con creer que el único Dios es la fuente infinita de la justicia y la misericordia ya que ambas existen en Él en perfecta unidad. Los que confiesan su nombre tienen la misión de comprometerse firmemente en la rectitud imitando también su clemencia, ya que ambas actitudes están orientadas intrínsecamente a la coexistencia pacífica y armoniosa de la familia humana".
"La fidelidad al único Dios, el Creador, el Altísimo, nos lleva a reconocer -subrayó el Papa- que los seres humanos están ligados fundamentalmente unos a otros porque todos proceden de una sola fuente y se dirigen a una meta común. Marcados con la imagen indeleble de lo divino, están llamados a jugar un papel activo para allanar las divisiones y promover la solidaridad humana. Por eso, tenemos una gran responsabilidad. Los que veneran a un sólo Dios creen que Él considerará a los seres humanos responsables de sus acciones. Los cristianos afirman que los dones divinos de la razón y la libertad son el fundamento de esta responsabilidad. La razón abre la mente para comprender la naturaleza compartida y el destino común de la familia humana mientras la libertad empuja el corazón a aceptar al prójimo y a servirlo en la caridad".
"He venido a Jerusalén -afirmó el Papa- en una peregrinación de fe, (...) como obispo de Roma y sucesor del apóstol Pedro. pero también como hijo de Abraham en el cual "todas las familias de la tierra serán bendecidas" Os aseguro que la Iglesia desea ardientemente cooperar por el bien de la familia humana y que cree firmemente que la promesa hecha a Abraham tiene un alcance universal, que abraza a todos los hombres y mujeres, independientemente de su procedencia o condición social".
"Mientras musulmanes y cristianos prosiguen el diálogo respetuoso que ya han comenzado -concluyó Benedicto XVI- rezo para que apuren cómo la Unicidad de Dios esté inseparablemente ligada a la unidad de la familia humana (...) y fijen la mirada sobre su bondad absoluta, sin perder nunca de vista cómo se refleja en el rostro de los demás".
Finalizado su discurso, el Santo Padre se trasladó al Muro Occidental, conocido como el "Muro de las Lamentaciones".
VIS 090512 (960)
VISITA A LOS DOS RABINOS DE ISRAEL
CIUDAD DEL VATICANO, 12 MAY 2009 (VIS).-El Papa se trasladó a las 9,00 de la Explanada de las Mezquitas al Muro Occidental o Muro de las Lamentaciones. Esta pared de 15 metros de alto es un fragmento de la muralla en la que se apoyaba el lado oeste de la explanada del templo.
El rabino jefe leyó un salmo en hebreo y el Santo Padre otro en latín. Después de permanecer unos instantes en silencio, Benedicto XVI dejó entre sus grietas un papel en el que había escrito una oración, como hiciera Juan Pablo II en el 2000.
A continuación, el pontífice se dirigió al Centro "Hechal Shlomo" (residencia de Salomón), llamada así porque recuerda al Templo de Salomón. Es la sede del Gran Rabinato de Israel, que alberga a los grandes rabinos sefardí y ashkenazi de Israel y el Tribunal Supremo Religioso.
El Papa agradeció a los dos rabinos -Shlomo Amar y Yona Metzger- su deseo de "seguir fortificando los vínculos de amistad que la Iglesia católica y el Gran Rabinato se han comprometido con tanta diligencia a que progresara en el último decenio" y aseguró por su parte que profundizará "en la comprensión recíproca y la cooperación entre la Santa Sede, el Gran Rabinato de Israel y el pueblo judío en todo el mundo".
"Un gran motivo de satisfacción desde el inicio de mi pontificado -aseguró- ha sido el fruto del diálogo actual entre la delegación de la Comisión de la Santa Sede para las relaciones religiosas con los judíos y el Gran Rabinato de la delegación de Israel para las relaciones con la Iglesia católica".
Tras poner de relieve que la buena voluntad de ambas partes "ha abierto el camino para una colaboración más eficaz en la vida pública", afirmó que "judíos y cristianos están igualmente interesados en asegurar respeto por la sacralidad de la vida humana, la centralidad de la familia, una válida educación de los jóvenes, la libertad de religión y de conciencia para una sociedad sana. Estos temas de diálogo representan únicamente la fase inicial de lo que esperamos será un sólido, progresivo camino hacia una mayor comprensión recíproca".
"Al tratar las cuestiones éticas actuales más urgentes -dijo-, nuestras dos comunidades se hallan frente al desafío de empeñar a nivel racional a las personas de buena voluntad, señalándoles simultáneamente los fundamentos religiosos que sostienen mejor los valores morales perennes".
Benedicto XVI aprovechó esta oportunidad para "repetir que la Iglesia católica está irrevocablemente comprometida en el camino decidido por el Concilio Vaticano II para una reconciliación auténtica y estable entre cristianos y judíos". Al mismo tiempo, añadió, la Iglesia "desea una mutua comprensión y estima cada vez más profundas tanto mediante los estudios bíblicos y teológicos como mediante los diálogos fraternos".
"Confío en que nuestra amistad siga siendo un ejemplo de confianza en el diálogo para los judíos y los cristianos de todo el mundo. Fijándonos en los resultados alcanzados hasta el momento, e inspirándonos en las Sagradas Escrituras -concluyó-, podemos tender con confianza a una cooperación más estrecha entre nuestras comunidades -junto con todas las personas de buena voluntad- en la condena del odio y la persecución en todo el mundo".
Terminada la visita, el Santo Padre se trasladó al Cenáculo.
VIS 090512 (700)









