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15.5.2009.

El Papa en el Santo Sepulcro y su despedida de Tierra Santa


Por: Redacción

"Una de las cosas más tristes que he visto durante mi visita a estas tierras -señaló- ha sido el muro. Mientras pasaba a su lado, he rezado por un futuro en que los pueblos de Tierra Santa vivan en paz y armonía sin necesidad de esos instrumentos de seguridad y separación, sino respetándose y confiando unos en otros y renunciando a cualquier forma de violencia y agresión" (Benedicto XVI)

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SANTO SEPULCRO: LA TUMBA VACIA PROCLAMA ESPERANZA

 

CIUDAD DEL VATICANO, 15 MAY 2009 (VIS).-Esta mañana, a las 10,15, el Santo Padre visitó la basílica del Santo Sepulcro, donde fue recibido por seis representantes de las tres entidades (Iglesia Greco-Ortodoxa, Custodia de Tierra Santa e Iglesia Armenia Apostólica), responsables del "Status quo" que regula la administración del lugar. También pueden oficiar en la basílica los coptos ortodoxos, los siro-ortodoxos y los etíopes.

 

  El Santo Sepulcro es, según la tradición, el lugar de la crucifixión, sepultura y resurrección de Cristo. Se llamaba Gólgota (calavera, en arameo, por la forma redondeada  del terreno). A  la entrada, en el atrio, se encuentra la Piedra de la Unción, una gran piedra alisada de caliza roja. Rodeada por candelabros y ocho lámparas, constituye la decimotercera estación del Via Crucis; según la tradición, indica el lugar donde Jesús, bajado de la cruz, recibió los ungüentos. Dentro del santuario, en el centro del templo, se encuentra el Santo Sepulcro, decimocuarta estación, dentro de un espacio de forma rectangular.

 

  La fachada está cubierta por lámparas recubiertas por globos de plata. Encima de la puerta hay tres cuadros sobre la resurrección, respectivamente de los latinos, griegos y armenios. La pequeña puerta de madera está siempre abierta, excepto en el momento en que el celebrante armenio o griego debe permanecer solo según las prescripciones litúrgicas. Además, hay un pequeño vestíbulo llamado Capilla del Ángel (anuncio de la resurrección a las santas mujeres). Atravesando una puerta se llega a la habitación mortuaria, el Santo Sepulcro, en la que hay un banco de mármol que recubre la piedra original en la que fue colocado el cuerpo de Cristo.

 

  En 1971 comenzaron los trabajos de restauración a cargo de las tres comunidades copropietarias y en 1994 el Custodio de Tierra Santa, el Patriarca Greco Ortodoxo de Jerusalén y el Patriarca Armenio Apostólico de Jerusalén firmaron un acuerdo histórico cuyo objetivo era la restauración y la decoración de la cúpula de la Anástasis. Los trabajos fueron completados en 1997.

 

  Benedicto XVI rezó ante la Piedra de la Unción y la tumba vacía de la resurrección y, tras recibir el saludo del Custodio de Tierra Santa, padre Pierbattista Pizzaballa y del Patriarca Latino de Jerusalén, Su Beatitud Fouad Twal, pronunció un breve discurso.

 

  "Aquí Cristo murió y resucitó para no morir nunca jamás -dijo el Papa-. Aquí la historia de la humanidad cambió definitivamente. El largo dominio del pecado y de la muerte fue destruido por el triunfo de la obediencia y de la vida; el madero de la cruz revela la verdad sobre el bien y el mal. (...) Aquí Cristo, el nuevo Adán, nos enseñó que el  mal no tiene jamás la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte, que nuestro futuro y el de la humanidad está en manos de un Dios generoso y fiel".

 

  "La tumba vacía nos habla de esperanza, la esperanza que no defrauda porque es don del Espíritu de la vida. Este es el mensaje que os dejo hoy, al final de mi peregrinación en Tierra Santa. ¡Qué la esperanza se eleve siempre, por gracia de Dios, en el corazón de todos los que viven en estas tierra, que se radique en vuestros corazones y permanezca en vuestras familias y comunidades!".

 

  El Santo Padre recordó a continuación que la Iglesia en Tierra Santa, "que ha experimentado tan a menudo el oscuro misterio del Gólgota, no debe dejar jamás de ser intrépido heraldo del luminoso mensaje de esperanza que proclama esta tumba vacía. El Evangelio nos dice que Dios puede renovar todas las cosas, que la historia no se repite necesariamente, que la memoria puede purificarse, que los amargos frutos de la recriminación y la hostilidad pueden superarse y que para todo hombre y toda mujer, para la entera familia humana y de forma especial para el pueblo que vive en esta tierra, tan querida por el Señor, puede brotar un futuro de justicia, de paz, de prosperidad y de colaboración".

 

  "Esta antigua iglesia de la Anástasis es testigo mudo tanto del peso de nuestro pasado, con todas sus carencias, incomprensiones y conflictos, como de la promesa gloriosa que sigue irradiando de la tumba vacía de Cristo. (...) ¡La gracia de la resurrección sigue actuando en nosotros! Ojala la contemplación de este misterio redoble nuestros esfuerzos, como individuos y como miembros de la comunidad eclesial, para crecer en la vida del Espíritu mediante la conversión, la penitencia y la oración. Y que nos ayude a superar, con la potencia de ese mismo Espíritu todos los conflictos y tensiones nacidos de la carne, a superar cualquier obstáculo, dentro y fuera de nosotros, que se interponga en nuestro testimonio común de Cristo y del poder de su amor que reconcilia".

 

  "Con estas palabras de aliento -dijo el Santo Padre- concluyo mi peregrinación a los santos lugares de nuestra redención y renacimiento en Cristo. Rezo para que la Iglesia en Tierra Santa se fortalezca cada vez más gracias a la contemplación de la tumba vacía del Redentor. En esa tumba está llamada a sepultar todas sus ansias y miedos para resurgir de nuevo cada día y proseguir su viaje por los caminos  de Jerusalén, de Galilea y más allá, proclamando el triunfo del perdón de Cristo y la promesa de una vida nueva".

 

  Finalizado su discurso, Benedicto XVI visitó la capilla de las Apariciones, donde adoró al Santísimo y después subió al Gólgota pare rezar en el lugar del Calvario. Más tarde se trasladó en automóvil al Patriarcado Armenio Apostólico de Jerusalén.

 

                  

 


 

VISITA AL PATRIARCADO ARMENIO APOSTOLICO

 

CIUDAD DEL VATICANO, 15 MAY 2009 (VIS).-A las 11,00, el Santo Padre visitó la Iglesia Patriarcal Armenia Apostólica de Jerusalén, donde fue acogido por Su Beatitud Torkom Manoukian, actual patriarca.

 

  Los fieles pertenecientes al Patriarcado Armenio Apostólico en Tierra Santa son unos 10.000, presentes en los Territorios Palestinos (Cisjordania y Gaza), Jordania e Israel.

 

  "Considero una gran bendición -dijo el Papa en su discurso- haberme encontrado el año pasado con el Catholicos y Patriarca Supremo de todos los Armenios, Karekin II y con el Catholicos de Cilicia, Aram I. Su visita a la Santa Sede, y los momentos de oración que compartimos, nos han reforzado en la amistad y han confirmado nuestro compromiso por la causa sagrada de la promoción de la unidad de los cristianos".

 

  Benedicto XVI manifestó su aprecio por el empeño de la Iglesia Apostólica Armenia "en proseguir en el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales, (...) que ha logrado progresos en la superación del peso de malentendidos pasados y ofrece muchas promesas para el futuro. Un particular signo de esperanza es el reciente documento sobre la naturaleza y la misión de la Iglesia, preparado por la Comisión Mixta y presentado a las Iglesias para estudiarlo y valorarlo". En este contexto, el Papa expresó el deseo de que el trabajo de la Comisión "dé frutos abundantes para el crecimiento de la unidad de los cristianos y para la expansión del Evangelio entre los hombres y las mujeres de nuestro tiempo".

 

  El Santo Padre aseguró que rezaba para que la comunidad armenia de Jerusalén "pueda obtener constantemente nueva vida de las ricas tradiciones y ser confirmada en el testimonio fiel de Jesucristo y en la potencia de su resurrección en esta Ciudad Santa".

 

  "Os pido a mi vez -terminó- que recéis conmigo para que todos los cristianos de Tierra Santa trabajen juntos con generosidad y entrega, anunciando el Evangelio de nuestra reconciliación en Cristo y el adviento de su Reino de santidad, de justicia y de paz".

 

  Concluido el encuentro, el Papa regresó a la delegación apostólica de Jerusalén. A continuación tomó el helicóptero que le condujo a Tel Aviv para la ceremonia de despedida en el aeropuerto Ben Gurion.

 

 


 

PAPA SE DESPIDE TIERRA SANTA CON LLAMAMIENTO POR LA PAZ

 

CIUDAD DEL VATICANO, 15 MAY 2009 (VIS).-El Santo Padre llegó al aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv a las 13,30 (hora local), donde le esperaban el presidente del Estado de Israel, Shimon Peres y el primer ministro, Beniamin Netanyahu.

 

  En su discurso de despedida de Tierra Santa el Papa rememoró sus "fructuosas discusiones con las autoridades civiles, tanto en Israel como en los Territorios Palestinos", y aseguró que había sido "testigo de los grandes esfuerzos de ambos gobiernos para garantizar el bienestar del pueblo".

 

  También se refirió a sus encuentros con los representantes de la Iglesia Católica y con los de las diversas Iglesias cristianas y comunidades eclesiales, al igual que con los líderes de otras religiones. "Esta tierra -subrayó- es un terreno fértil para el ecumenismo y el diálogo interreligioso y rezo para que la rica variedad de testimonios religiosos en la región fructifiquen en un mayor respeto y entendimiento mutuos".

 

  Después recordó que el día de su llegada plantó un olivo junto al presidente del Estado, Shimon Peres, en el jardín de la residencia de éste último. "El olivo, como usted sabe -dijo hablando al presidente-, es una imagen que San Pablo utiliza para describir las estrechas relaciones entre cristianos y judíos, (...) ya que la Iglesia de los Gentiles es como un brote de acebuche injertado en un olivo cultivado, que es el Pueblo de la Alianza. Nos nutren las mismas raíces espirituales. Nos encontramos como hermanos, hermanos que a veces en nuestra historia tuvieron una relación tensa, pero que ahora están comprometidos firmemente a construir puentes de amistad duradera".

 

  Benedicto XVI definió su visita al Memorial Yad Vashem, donde se conmemora a las víctimas del Holocausto, "uno de los momentos más solemnes" de su permanencia en Israel y afirmó que el encuentro con algunos de los supervivientes de la Shoah le hizo recordar su visita hace tres años "al campo de extermino de Auschwitz, donde tantos judíos (...) fueron exterminados brutalmente por un régimen sin Dios que propagaba una ideología de antisemitismo y odio. Ese tremendo capítulo de la historia no debe olvidarse ni negarse jamás. Al contrario, esos oscuros recuerdos deben reforzar nuestra determinación para acercarnos más, como ramas del mismo olivo, nutridos de las mismas raíces y unidos por el amor fraterno".

 

  "He venido aquí como amigo de los israelíes, al igual que soy amigo del pueblo palestino -puntualizó el Papa-. Los amigos disfrutan cuando están juntos y se entristecen cuando ven que los otros sufren. Ningún amigo de los israelíes ni de los palestinos puede por menos que entristecerse por las continuas tensiones entre vuestros dos pueblos. Ningún amigo puede dejar de llorar por el sufrimiento y las pérdidas de vidas que los israelíes y los palestinos han padecido en las últimas seis décadas".

 

  "!No más derramamiento de sangre!, ¡No más luchas!, ¡No más terrorismo!, ¡No más guerras! -fue el llamamiento del Santo Padre a las gentes de esas tierras-. Al contrario, rompamos el círculo de la violencia".

 

  "¡Que se establezca una paz duradera basada en la justicia, que haya auténtica reconciliación y cicatricen las heridas de la sociedad! ¡Que se reconozca universalmente que el Estado de Israel tiene derecho de existir y de disfrutar de paz y seguridad dentro de fronteras internacionalmente reconocidas! ¡Que igualmente se reconozca que el pueblo palestino tiene derecho a una patria independiente y soberana, tiene derecho de vivir con dignidad y desplazarse con libertad! ¡Que la solución de los dos estados sea una realidad  y no un sueño! Y que la paz se difunda en esta tierra, que sea "luz de las naciones" para llevar esperanza a tantas regiones afectadas por conflictos", exclamó el Papa.

 

  "Una de las cosas más tristes que he visto durante mi visita a estas tierras -señaló- ha sido el muro. Mientras pasaba a su lado, he rezado por un futuro en que los pueblos de Tierra Santa vivan en paz y armonía sin necesidad de esos instrumentos de seguridad y separación, sino respetándose y confiando unos en otros y renunciando a cualquier forma de violencia y agresión".

 

  "Sé lo difícil que será alcanzar ese objetivo -concluyó el Papa dirigiéndose de nuevo al presidente-. Sé lo difícil que es su tarea y la de la Autoridad Palestina. Pero le garantizo que  mis oraciones y las de los católicos en todo el mundo os acompañan mientras proseguís vuestros esfuerzos para lograr una paz justa y duradera en esta región".

 

  Finalizado el discurso el Santo Padre se embarcó en el avión, un B777 de El Al, para emprender el viaje de regreso a Roma.

 

 VIS 


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