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Enviar a un amigo26.6.2009.
El fenómeno Stieg Larsson
Por: Redacción
La trilogía “Millennium” del escritor sueco Stieg Larsson (1959-2004) es uno de esos casos en que un éxito de ventas alcanza la categoría de fenómeno editorial. Stieg Larsson fue un periodista y reportero de guerra especializado en cuestiones de violencia y grupos radicales, que falleció relativamente joven de un ataque al corazón. ¿Qué tiene esta serie de novela negra, publicada en español por Destino, para que tantos lectores se hayan quedado enganchados? (*)
Firmado por Silvia Stucchi El sonado éxito de la trilogía de Stieg Larsson, articulada en tres gruesos volúmenes (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire) que suman más de dos mil páginas, debe inducirnos a buscar las razones de su éxito.
El protagonista de estas novelas, o mejor, el que se presenta como protagonista de la primera de ellas, Los hombres que no amaban a las mujeres, es una suerte de Robin Hood de nuestros días, de caballero idealista: el periodista Mikael Blomkvist, que desde siempre, con su revista Millennium, se bate para desenmascarar a los políticos, a los industriales corruptos y, en una palabra, a la “podredumbre” del sistema capitalista-industrial.
En honor a la verdad, hemos de decir que la inverosimilitud que tiene la acción sobre el papel se redime gracias a la forma de escribir: las novelas de Larsson, en efecto, no serán elaboradísimas desde el punto de vista estilístico, pero sin duda pueden dominar de una forma realmente rara el sentido del ritmo y de la cohesión narrativa, y son capaces de mantener al lector pegado al texto a lo largo de decenas y centenas de páginas. El tema de la trilogía resulta así coherente y orgánico. El autor logra hacer creíbles los avatares de Lisbeth, cuyos pasos siguen no sólo los funcionarios de los servicios secretos que desean acallar a un excelente testigo de sus abusos de poder, sino su terrible padre y un siniestro hermanastro, hombretón alto y robusto en la misma medida en que la chica es menuda y delgada, afectado entre otras cosas de desequilibrios mentales (¡también él!) y de analgesia congénita, una extraña enfermedad genética que no le permite sentir dolor, y que lo convierte, por lo tanto, en un adversario temible. El tercer volumen presenta a Lisbeth, a lo largo de muchas páginas, inmovilizada en el lecho de un hospital durante una larguísima convalecencia, después de que un inteligente y simpático médico ha conseguido salvarle la vida. Sobre el papel, por lo tanto, el tercer volumen de la trilogía podría parecer el menos atractivo: ¿cómo se puede contar una trama atrayente si la protagonista, corazón y motor de la historia, no está ni en condiciones de levantarse de la cama? Sin embargo, y aquí radica uno de los rasgos del ingenio de Larsson, el reto lanzado al lector es vencido una vez más, y podemos así seguir, en virtud de las habilidades tecnológicas e informáticas de Lisbeth, su estrategia para liberarse de las graves acusaciones que se le dirigen, además de las persecuciones de sus enemigos. Con todo, existe objetivamente en esta asumida inverosimilitud una especie de cohesión interna gracias a la cual, en las novelas de Larsson, “tout se tient” y, a lo largo de la lectura, cada cosa vuelve a encajar con precisión, como piezas minúsculas de un gigantesco rompecabezas, en el lugar correcto. Justicia y violencia exasperada Si quisiéramos, por otra parte, mirar estos millares de páginas desde un no menos importante punto de vista temático-moral, encontraremos que ciertos aspectos revelan una sólida exigencia de justicia, seguramente conmovedora: así, por ejemplo, en la figura del director de Millennium, un periodista de raza que, dedicado con su pequeña revista mensual independiente a investigaciones que buscan desenmascarar a financieros irresponsables, ha rechazado siempre la oportunidad de una carrera más rentable y prestigiosa. Mikael llega a sufrir la cárcel, y logra más tarde bloquear, arriesgando su propia vida, los planes criminales de un peligroso maniaco asesino, tan sádico como dotado de medios para financiar sus execrables vicios (los millonarios de estas novelas nunca se dedican a cosas como el coleccionismo de libros antiguos o a la entomología: siempre albergan pasiones horribles, y para financiarlas y ocultarlas tienen que gastarse sumas ingentes). Si es positivo que las novelas de Larsson afronten el tema de la violencia contra las mujeres (un tema que permea toda la trilogía), nos quedamos sin embargo perplejos frente a la caracterización de los personajes: desde luego, el autor no quería hacer de Mikael, Lisbeth, Erika y sus compañeros unos santitos, pero entre la idealización y un corte tan sórdido de la realidad podría existir una vía media, calibrada, quizá, sobre tonos un poco más difuminados, en ciertos casos más respetuosos con la sensibilidad del lector. Porque muchos episodios de la trilogía resultan, en efecto, difícilmente soportables sobre todo por la densidad diabólica de violencia que se presenta hasta en sus mínimos detalles. Masculino y femenino Y luego, ¿es posible que, quitando a la hermana del protagonista, Anika Giannini, ninguno –y digo ninguno– de los personajes tenga algo parecido a una vida familiar y personal normal? De acuerdo: estamos en la liberal y muy laica Suecia, pero ciertos caracteres de los personajes son francamente exasperados, o, en cualquier caso, desequilibrados. Mikael es un donjuán insensible y perezoso, una suerte de versión masculina de la mujer bella que es continuamente el objeto de atenciones amorosas allí por donde pasa. El artículo completo en ACEPRENSA
NOTAS (*) Este artículo es una traducción parcial de una recensión más amplia publicada en la revista Studi Cattolici (nº 580, junio 2009). Un interesante perfil de Stieg Larsson aparece en una entrevista con su amigo Kurdo Baksi, publicada en el diario La Vanguardia (18-06-2009).El fenómeno Stieg Larsson
Fecha: 18 Junio 2009
Muchos episodios de la trilogía resultan difícilmente soportables sobre todo por la densidad diabólica de violencia
Un caballero idealista
Las novelas de Larsson no son muy elaboradas desde el punto de vista estilístico, pero tienen un raro dominio del sentido del ritmo y de la cohesión narrativa
Inverosímil, pero coherente









