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26.6.2009.

¿Nos estamos jugando la democracia establecida en la constitución del 78?


Por: Japón

Nuestro arzobispo emérito en la conferencia del Club siglo XXI del 24/11/77, titulada: “¿qué esperaría un cristiano leer en una Constitución democrática?”, toca, entre otros, algunos aspectos, recurrentes a los 25 años de la aprobación de la misma y que parecían ya superados en una Constitución consensuada y para todos.

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 ¿Nos estamos jugando la democracia establecida en la   constitución del 78?

Nuestro arzobispo emérito en la conferencia del Club siglo XXI del 24/11/77, titulada: “¿qué esperaría un cristiano leer en una Constitución democrática?”, toca, entre otros, algunos aspectos, recurrentes a los 25 años de la aprobación de la misma y que parecían ya superados en una Constitución consensuada y para todos. 

“Deseamos con toda el alma que el tema religioso no sea en el futuro motivo de enfrentamientos políticos” (como lo fueron en el pasado). La Constitución garantiza la libertad religiosa, incluyendo en ésta también la educación escolar y reconoce civilmente a la Iglesia Católica con su autonomía e independencia del poder político, 

Una Constitución que defiende la vida, la estabilidad de la familia, la independencia de los medios de comunicación social y la participación democrática de los grupos intermedios se ha ido desarrollando en la práctica en contra de sus sanos principios. 

El paso adelante propuesto de inventar nuevas formas de relación Iglesia-Estado no sólo no se ha dado, sino que parece que se han dado pasos atrás, en un difícil diálogo entre las partes, debido al poco respeto del Concordato por parte del partido en el poder. 

La cuestión de los nacionalismos excluyentes nos recuerda tiempos pasados y nos encamina a los reinos de taifas. 

El Poder se ha vuelto beligerante contra la Iglesia Católica, mayoritaria en España, atacando aspectos contarios, no sólo a la moral específicamente cristiana, sino a la propia moral natural. La jerarquía tiene el derecho (y el deber) de denunciar estas leyes injustas y el pueblo de Dios el derecho a movilizarse a favor de los principios antes formulados. 

Como dicen los puntos 46 y 101 de las encíclicas Centesimus Annus y Veritatis Splendor, respectivamente, una democracia formal sin valores, es decir, unida al relativismo moral, se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.   

Javier Pueyo Usón

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