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30.6.2009.

Necesidades y derechos de la familia


Por: Javier Úbeda Ibáñez

La familia es el santuario de la vida y esperanza de la sociedad. La familia es el máximo bien social, generadora de la civilización de la justicia, la vida y el amor.

9 comentarios


Necesidades y derechos de la familia* 
 

Javier Úbeda Ibáñez 
 
 

La familia es el santuario de la vida y esperanza de la sociedad. La familia es el máximo bien social, generadora de la civilización de la justicia, la vida y el amor. 

La familia es la comunión de personas que brota del matrimonio natural, alianza indisoluble entre un varón y una mujer, comprometidos públicamente en el proyecto de formar un hogar donde pueda germinar el don de la vida de los hijos. 

La familia es como la célula del entero organismo social. La familia sana hace posible la salud y el vigor de toda la comunidad civil. La familia armónica es como el hábitat o ecosistema del ser humano: la cuna, casa y escuela de la vida humana. 

La familia, por su amor a cada persona concreta, es el más importante bien social. La familia, como corazón de la sociedad, se halla en la entraña del bien común que debe ser protegido y promovido. 

La familia es la primera y principal escuela de humanidad: es la mejor e imprescindible transmisora de los valores, educadora en las virtudes, lugar donde se aprende a amar, y guía en la búsqueda de la verdad. 

“La familia es insustituible y como tal, ha de ser defendida con todo vigor. Es necesario hacer lo imposible para que la familia no sea suplantada. Lo requiere no sólo el bien privado de cada persona, sino también el bien común de toda sociedad, nación y Estado” (Juan Pablo II).  

“La familia ocupa el centro mismo del bien común en sus varias dimensiones, precisamente porque en ella es concebido y nace el hombre. Es necesario hacer todo lo posible para que desde su momento inicial, desde su concepción, este ser humano sea querido, esperado, vivido como valor único e irrepetible. Debe sentirse importante, útil, amado y valorado, incluso si está inválido o es minusválido; es más, por esto precisamente más amado aún” (Juan Pablo II). 
 
 
 
 

La familia ha de ser reconocida en su verdadera identidad antedicha y, por tanto, como sujeto social básico, como sociedad en cierto modo soberana. La familia posee unos derechos inalienables, que la sociedad y sus instituciones deben reconocer y defender. Conforme al principio de subsidiariedad o de subjetividad social, que se opone tanto al estatalismo como a la inhibición de los gobernantes, se han de crear las condiciones para que la familia despliegue su mismo ser y cumpla así su irreemplazable misión humanizadora en beneficio de toda la sociedad. 

Denunciamos la falta de políticas familiares justas y adecuadas en nuestra sociedad española. La causa de ello son graves errores y reduccionismos antropológicos. 

Las condiciones para que la familia pueda existir y actuar requieren la creación de un marco jurídico y socioeconómico justo. Hoy día, por desgracia, ese marco resulta muy precario. Este marco requiere: 

- legislaciones familiares congruentes con su verdadera identidad, sin asimilar al matrimonio y a la familia otras realidades que no lo son; 

- políticas fiscales verdaderamente familiares, conforme al nivel de los países más desarrollados de la Unión Europea; 

- una política de viviendas decorosas para todas las familias, a precios asequibles, evitando la actual especulación; 

- una política social de ayudas a las familias con especiales dificultades, como la viudedad; la separación conyugal, la discapacidad, ancianidad o enfermedad de alguno de sus miembros, favoreciendo la tutela de las familias numerosas así como la reagrupación de las familias de emigrantes; 

- una política laboral que permita a los matrimonios jóvenes afrontar el futuro con sosiego, a las mujeres ser madres y cuidar de sus hijos pequeños, a los padres dedicar tiempo a la convivencia familiar; 

- una política sanitaria que favorezca la atención de los familiares enfermos tanto hospitalaria como a domicilio; 

- y, en fin, una política solidaria con las familias pobres del tercer mundo y con las personas sin familia, marginadas de nuestra sociedad, expuestas a degradaciones inhumanas como la prostitución, la drogadicción o el alcoholismo. 
 
 

Todo lo que se haga por proteger y fortalecer a la familia redunda en bien de la sociedad, puesto que es la primera escuela de las virtudes sociales y el bienestar de la persona humana y de la sociedad humana está estrechamente ligado a una favorable situación de la comunidad conyugal y familiar. Minar la familia es un suicidio colectivo y una irresponsabilidad de los gobernantes: El deber primordial del Estado es garantizar absolutamente los valores que aseguren a la familia el orden, la dignidad humana, la salud y la felicidad. 

La familia es esperanza de la sociedad porque el compromiso de fidelidad que la origina y anima es un proyecto de custodiar la vida de las personas en el verdadero bien de la comunión. El futuro de nuestra sociedad está en su mano, puesto que la familia es promesa de plenitud humana, gestación del porvenir de vida y amor que todos queremos. 
 

* Salvo tres párrafos íntegros (6, 7 y penúltimo), el título como el resto de párrafos han sido tomados de La familia, esperanza de la sociedad, L´Osservatore Romano, Nº 1, 04-I-2002. 

Dedicado a un militante de un partido político de ámbito nacional, que no hace mucho estuvimos, en compañía de un buen amigo mío, tomando café en Zaragoza ciudad.  

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