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Enviar a un amigo30.6.2009.
Real Zaragoza: LA MITAD DE LA MITAD. SEGUNDA PARTE
Así nos vemos
Sabemos los logros que, con dinero, la actual dirección zaragocista ha sido capaz de conseguir. Ahora, pasados los excesos de la prepotencia económica con la que el dueño se manifestaba hace tan solo un año, no han tenido otra alternativa que reconocer públicamente que sus anunciadas, de boquilla, vacas gordas en realidad eran becerras famélicas.
LA MITAD DE LA MITAD. SEGUNDA PARTE Sabemos los logros que, con dinero, la actual dirección zaragocista ha sido capaz de conseguir. Ahora, pasados los excesos de la prepotencia económica con la que el dueño se manifestaba hace tan solo un año, no han tenido otra alternativa que reconocer públicamente que sus anunciadas, de boquilla, vacas gordas en realidad eran becerras famélicas. Así, ha llegado el momento de comprobar a dónde son capaces de llevar al R. Zaragoza, ahora sin dinero. La curiosidad y la incertidumbre excitan al zaragocismo, a pesar de la envolvente mediática a la que, los de siempre, están dispuestos a dar cobertura, ocultando, bajo la sombra del maquillaje, las arrugas propias del desgaste de un proyecto que envejeció tan a penas nacer y que terminó en el tanatorio de la Liga Adelante. Ante las posibilidades de una plantilla con evidentes limitaciones económicas se me ocurren dos expectativas en forma de hipótesis: A) Que suene la flauta o incluso que se acierte con buen criterio y descubran grandes futbolistas de bajo costo y alto rendimiento. Bonito, barato y variado. En otros tiempos se consiguieron plantillas ilustres a partir de retales, pero, hoy en día, el jugador con posibilidades está cogido y controlado desde su concepción, resultando difícil pescarlos sin pasar por la caja de la piscifactoría. ¡Ojala! suceda esta posibilidad. B) Que la plantilla que se constituya resulte acorde a lo invertido y la temporada se instale, con suerte, en la mediocridad de la media tabla hacia abajo. Está posibilidad parece la más probable. Por cierto, 15 millones sobre el césped, y ¿cuántos millones en el palco y su aledaños? ¿A quién habrá que admirar, a los futbolistas por su juego o a los de las poltronas por sus sueldos?









