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6.7.2009.

Hablar contra la Iglesia, una fórmula barata para salir en la prensa


Por: Jorge Enrique Mújica

Está de moda hablar contra la Iglesia católica. Quizá porque ya muchos se han dado cuenta que es una fórmula barata para hacerse famoso y salir en la prensa.

25 comentarios


Hablar contra la Iglesia, una fórmula barata para salir en la prensa

Jorge Enrique Mújica

jem@arcol.org

 

 

Está de moda hablar contra la Iglesia católica. Quizá porque ya muchos se han dado cuenta que es una fórmula barata para hacerse famoso y salir en la prensa.

 

Ya no importa quién hace las declaraciones o si son parte de sus temas de dominio y competencia. Si es contra la Iglesia, cualquiera puede hacer un comentario en contra y ¡ay de aquel que quiera poner en discusión las afirmaciones!

 

Hablan contra la Iglesia en conferencias, ponencias o entrevistas, no importa que no sea el tema central o ni siquiera lo comprenda. Y es que quizá de otro modo, todas esas palabras pasarían desapercibidas.

 

Hablar contra la Iglesia llega a ser un forma de supervivencia mediática para muchos: cuando ya nadie se interesa por el pensamiento de tal o cual autor, investigador, teólogo, filósofo o periodista, siempre será recurrente el expresar el muy personal y negativo punto de vista sobre cualquier palabra del Papa, de los cardenales, de los obispos, incluso de cualquier monja o cura de a pie, sobre la constitución de la Iglesia o sobre alguna situación embarazosa pero del todo extraordinaria y, no pocas veces, buscada con lupa.

 

Es comprensible que algunos busquen aparecer en un rincón de periódicos y telediarios, pero no se justifica colgarse del nombre de una institución para no quedar sumidos en el anonimato y dar a entender que aún se vive. ¿No sería más digno buscarse un lugar en el mundo a costa del propio esfuerzo, de la fama ganada a pulso de trabajo constante y no a costa del denuesto, la injuria, la confrontación y el vituperio gratuito? A la luz de todo esto, qué diferente se perciben muchas palabras que se leen u oyen. Quizá esa maravillosa hermosura que envuelve a la Iglesia, y que se llama fe, sigue siendo rosa de los vientos que ninguno puede dejar fuera de sus vidas. Aunque a veces parezca lo contrario.

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