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Enviar a un amigo14.7.2009.
La vida y muerte en Sanfermines
Por: José María Moncasi de Alvear
Me confieso. Soy asiduo televisivo de los encierros de Sanfermín en Pamplona. Este año, para ser sincero, me quedé muy triste con la muerte de Daniel Jimeno Romero, ese joven de 27 años y nacido en Alcalá de Henares. A partir de ese día dejé de seguirlos. Deploro la actitud de una inmensa mayoría de medios y la forma de tratar dicha noticia. No soy el único.
La vida y muerte en Sanfermines. Me confieso. Soy asiduo televisivo de los encierros de Sanfermín en Pamplona. Este año, para ser sincero, me quedé muy triste con la muerte de Daniel Jimeno Romero, ese joven de 27 años y nacido en Alcalá de Henares. A partir de ese día dejé de seguirlos. Deploro la actitud de una inmensa mayoría de medios y la forma de tratar dicha noticia. No soy el único. Supe de la tragedia al momento y lo notaron los amigos de la cafeteria del primer café de la mañana al dar el parte nada más saberse la noticia. A los pocos segundos algunos medios, en su versión digital, ya mostraban el rostro del fallecido; otros, optaban por pixelar sólo los ojos dejando el rostro al descubierto (la foto original ya no se puede encontrar). Los menos presentaron la noticia con una fotografía de contexto del encierro de ese fatídico día. Algunos de los amigos personales de la víctima, a través de Menéame, expresaban su rechazo a la forma en la que se enteraron de la noticia: “Gracias a la poca delicadeza de algunos medios al publicar su foto y hacer que nos enterasemos de su fallecimiento de esa forma tan cruel”. El blog del agregador “233grados.com” se preguntaba ese viernes 10 de julio si era necesario mostrar el rostro de la muerte. Incluso algún twittero (@lasopsis) se quejaba así en un comentario: “Me parece fatal, no se sabe quién es y puede que su madre haya visto la foto antes de enterarse de la triste noticia”. Los sanfermines, y sus encierros, de este año han quedado en el recuerdo de millones de personas como una “fiesta” dónde importa más lo económico, lo progresivamente más salvaje, el morbo, lo más pagano de esos días que algún otro aspecto de la más variada índole. Me da pena. Sin ir más lejos, las fiestas de Pamplona de Hemingway han quedado reducidas al mero “circo” de la muerte. Apenas se habló de la muerte de la “persona” y sí a las circunstancias de la tragedia del “corredor”. Así se trató la noticia en los medios de comunicación. Las voces u opiniones más críticas se posicionaron en páginas poco relevantes, insignificativas, queriendo transmitir aquello de “pasar página” y a otro asunto. Cada año que pasa nuestra sociedad prima los individuos perfectos. Si uno se fija las imágenes de las televisiones en los sanfermines nos muestran imágenes de los mozos ejercitando sus músculos, sus articulaciones, las cinco flexiones oportunas antes de correr a la carrera delante de esos seis morlacos a los que un diestro dará esa misma tarde muerte en la plaza de toros. Aquí dejo claro que me encanta la fiesta nacional y que nuestro toro, el de la piel de nuestra tierra, es el único que sabe defender con casta el orgullo de ser español. Ya me entienden. Si me permiten, voy más allá. Nuestra sociedad quiere hombres (y mujeres) perfectos, superhombres de brillante sonrisa, de hombros caidos (a lo latino), silueta juncal y triunfadores en todos los ámbitos habidos y por haber. Nos quiere a todos perfectos. Bajo este argumento, los sanfermines deberían de ser la “fiesta” nacional e internacional por antonomasía en dónde importa la persona, el “quien es” a lo que “hace”. Al menos es mi opinión. La noticia de la muerte de este joven en Pamplona debería de haberse dado otro tipo de tratamiento informativo. Me importa más quién era ese chaval, cuáles eran los orígenes de su familia, cómo había crecido, si tenía hermanos, las opiniones de sus amigos, compañeros de colegio, universidad o trabajo. En definitiva, sentirme identificado con la persona en cuestión. Esperaba un tratamiento informativo amplio en este sentido. Es lo que anhela la sociedad actual, por mucho que algunos se empeñen en todo lo contrario. Mi apuesta es la vida o la muerte violenta de “una persona” más que las circunstancias en las que ha sucedido la tragedia. Me emociona el comienzo de ese canto “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guié en el encierro dándonos su bendición”. July 13, 2009La vida y muerte en Sanfermines









