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30.7.2009.

Es tiempo de vacaciones


Por: Manuel de la Hera

Se nota que es tiempo de vacaciones en cualquiera de las actividades que se llevan a cabo, aunque sea esa que consiste en ir a comprar el periódico al tiempo que se charla con un amigo, el mismo de cada día.

2 comentarios


Es tiempo de vacaciones


Se nota que es tiempo de vacaciones en cualquiera de las actividades que se llevan a cabo, aunque sea esa que consiste en ir a comprar el periódico al tiempo que se charla con un amigo, el mismo de cada día.


Ya no están en las calles nuestros pequeños amigos, los que ocupaban la acera camino del colegio a primera hora de la mañana y ha disminuido el número de vehículos con los que hay que compartir ese pequeño trozo de calzada, señalizado como paso de peatones. Hay menos gente y, además, parece que no tiene tanta prisa.


Es otro el ritmo de la vida que se vive en las calles. Hay más sosiego y se disfruta más de la conversación y de la contemplación de la naturaleza, de la luz del sol que se une a las ramas de los árboles y a los chorros de agua que se elevan en las fuentes, para volver a caer en la piscina, que hay en su base, formando sinfonías, siempre diferentes, de luz y de sonido.


Es tiempo que invita a una forma de vida en la que aparecen muchos detalles que antes no se tenían en cuenta o que ni siquiera llegaban a aparecer porque la velocidad de nuestro caminar desplegaba una cortina opaca a nuestro alrededor, una especie de niebla en la que se sumergían muchos detalles que, de una u otra forma, eran necesarios para nuestra vida. Es que, a veces, se nos olvida que el hombre forma parte de su entorno.


Somos demasiado dados a creernos que todo el mundo funciona - o debe funcionar - para nuestro beneficio personal; para ese que cada uno cree que es el que debe ser. Todo lo demás parece que no necesita nuestra atención, a menos que sea algo que ayude a limpiar de obstáculos el camino que consideramos más adecuado para nuestros fines. Es una verdadera peno que, por esa forma de proceder, nos privemos de tantas cosas que nos pueden hacer mucho bien.


Es cierto que, aún estando en tiempo de vacaciones, todavía hay muchas actividades que de alguna forma nos afectan y hasta puede que algunas de ellas lo puedan hacer de forma importante, pero ello no debiera hacer vacilar el empeño que se ha de poner en mantener el espíritu siempre dispuesto a corresponder a cuanto hay a nuestro alrededor y que en tiempo de vacaciones parece que se hace notar más y mejor. Es tiempo, éste, que invita y ayuda a reflexionar y a observar todo aquello que hay a nuestro alrededor. Hay que aprovecharlo.


Hay, además, novedades para que no parezca que todo se ha detenido y a ellas se puede acudir para estar al día. El Tour de France es un ejemplo de ello. Durante unos días se ha podido contemplar el esfuerzo de unos ciclistas por triunfar, sometiéndose a la disciplina de los reglamentos así como al calendario de las etapas y a las exigencias del terreno. Cada etapa ha sido diferente y nada podía dejar de ser tenido en cuenta si se quería triunfar. Ellos, los participantes, ni siquiera podían contemplar el paisaje y sin embargo había maravillas a su alrededor.


La belleza del entorno quedaba en segundo plano y ellos le añadían la no menos bella imagen del esfuerzo por vencer. ¡Qué grande e importante es saber renunciar a lo que, en un momento dado, puede dificultar e incluso hacer fracasar la misión que se ha de cumplir!. Es tiempo de vacaciones, sin duda, pero hay muchos que, como los ciclistas del Tour de France, no pueden dejar sus ocupaciones porque constituyen un compromiso que no se debe marginar.


Ya llegará el momento adecuado para que esas personas puedan disfrutar de unas vacaciones. Quizá sea cuando hayan cumplido la misión que les corresponde; pero mientras tanto su esfuerzo ha de ser de gran calidad, precisamente como el de los ciclistas para ganar la etapa, aunque sea con unas pendientes tremendas. En el trabajo bien hecho, de cada día, también hay gran belleza.


Manuel de la Hera Pacheco.- 27.Julio.2009


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