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31.7.2009.

El espíritu de Ermua queda ya muy lejos


Por: Alberto Fortea Laguna

ETA ha vuelto a sembrar de terror estos dos últimos días. En el ”milagro de Burgos”, los asesinos, gracias a Dios, no consiguieron su objetivo, que siempre es matar, no le quepa la más mínima duda a nadie.

1 comentarios


               ETA ha vuelto a sembrar de terror estos dos últimos días. Ayer, en el ”milagro de Burgos”, los asesinos, gracias a Dios, no consiguieron su  objetivo, que siempre es matar, no le quepa la más mínima duda a nadie. En cambio, en su afán por acabar con todo aquello que se muestra contrario a su cobarde existencia, hoy han sido dos los guardias civiles que han dado su vida por todos en Mallorca, pasando a formar parte ya de la inmensa lista de mártires de la libertad que han visto truncadas sus vidas e ilusiones víctimas de la barbarie terrorista. Por desgracia, el número de nombres que engrosan dicha lista no ceja de crecer continuamente, gota a gota, hombre a hombre, héroe a héroe. Pero jamás debemos olvidarnos de que detrás de cada número, de cada nombre, lo que se va para siempre es una persona, con sus sueños y ambiciones, empeñadas en virtud de la defensa de los nobles ideales que creyeron justos.

               Por desgracia, gran parte de la sociedad española todavía permanece aletargada, dormida e inmóvil ante el salvajismo de los terroristas. Muchas serán hoy las voces que se pronuncien condenando el atentado, pero la mayor parte de ellas lo harán con la boca pequeña, con poca convicción e incluso con miedo. Y si miedo es lo que siente gran parte del pueblo español, el pánico es lo que domina la mente de la inmensa mayoría de la sociedad vasca, donde impera la dictadura del terror que ha sembrado ETA, con las amenazas y las coacciones presentes en la vida cotidiana de los vascos, impidiendo cualquier atisbo de poder di frutar de una vida normal si no compartes la ideología nacionalista. Ideología impulsada por Sabino Arana, fundador del PNV y racista donde los haya, heredada todavía hoy por su partido, cómplice no de los dedos que aprietan el gatillo, pero sí de los cerebros que envían el impulso nervioso a su mano. Y es que, ETA agita el árbol y el PNV recoge los frutos.

               Pero las dificultades que conlleva el vivir diariamente en el País Vasco no son conocidas por buena parte de la opinión pública, la misma que cuando intentas hacerle ver que lo que allí se respira es un régimen sin libertad ni democracia, niegan incrédulos enérgicamente argumentando que esas cosas solo pasan en las dictaduras. Efectivamente, porque el País Vasco ha estado sometido a la Dictadura nacionalista durante toda nuestra joven vida democrática. Cuesta creerlo si no se vive en primera persona, pero eso no se debe sino a que el silencio es el que gobierna cada pueblo, cada barrio, y cada casa de esa región del norte de España. Está muy bien defender la llegada de la democracia para Cuba, China, los países islámicos o africanos, etc, pero que nadie olvide que en Europa, en la Europa del progreso y del bienestar, existe una pequeña región junto al mar cantábrico en la que si no actúas de comparsa nacionalista, resulta imposible no abandonarla. Los más afortunados lo hacen por carretera, los que no tuvieron tanta suerte, en ataúd. No hay más opciones. Lastimosamente, el papel de comparsa ha sido aceptado por un alto porcentaje de esa sociedad. Pero hubo una excepción.

               Ermua, julio de 1997, el concejal del Partido Popular Miguel Ángel Blanco es secuestrado por ETA, que da un plazo de tres días para asesinarlo si no se cumplen sus exigencias. Durante esas 72 horas, todas las ciudades  españolas ven inundadas sus calles por una marea humana que avanzaba decidida, de frente y sin miedo, mostrando su rostro y alzando las manos en silencio, pues no hay grito más elocuente que el de la gente callada. Esta misma escena se vivió por primera y única vez en la historia en todos los lugares del País Vasco, cuyos habitantes parecían estar ya hartos de ver sufrir a personas inocentes. Finalmente, ETA no cedió y asesinó al joven Miguel Ángel el día 13. El espíritu de Ermua había terminado. Nunca se ha vuelto a repetir.

               Hoy, lejos queda ya todo ese espejismo de afán democrático por parte de la sociedad vasca. Seguro que para mañana se convocarán concentraciones silenciosas en todos los ayuntamientos nacionales, pero la gran marea movida por la fuerza de Miguel Ángel se ha convertido en un pequeño riachuelo sin apenas caudal, que esperemos que no vea sus aguas cortadas por el calor veraniego. Es decir, que seremos los cuatro gatos de siempre los que acudiremos orgullosos a estas manifestaciones. Pero al menos lo haremos con la conciencia tranquila, sabiendo que entre esos pocos hacemos un pequeño pero hermoso río, de aguas limpias y cristalinas, vigilado por nuestros guardianes, que desde el cielo siguen incansables defendiendo la libertad, y que si todos nos mantenemos firmes en nuestras convicciones, algún día lograremos que el curso de nuestra corriente desemboque en el inmenso océano de la libertad.

               Dos son los valientes que desde hoy aumentan nuestras filas allá arriba, Carlos Sáez de Tejada y Diego Salva. Descansen en paz, vuestra muerte no será en vano.


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