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28.8.2009.

La gran responsabilidad del periodista con la verdad, por Mons. Paul Tighe


Por: Colaborador

En los últimos veinte años hemos sido testigos de transformaciones cada vez mayores, con frecuencia descritas como una revolución, en el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación.

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El Mensaje del Papa Benedicto XVI con ocasión de la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, nos recuerda el extraordinario potencial que las nuevas tecnologías ofrecen a quienes trabajan en el campo de las comunicaciones. El Santo Padre subraya la enorme utilidad de estas tecnologías en las manos de quienes las usan para promover un mundo más justo y solidario, y aplaude la aportación de estas tecnologías a la “alfabetización y a la socialización, como también al desarrollo de la democracia y del diálogo entre los pueblos”.

El Santo Padre, sin embargo, atrae la atención sobre el hecho de que las mismas tecnologías pueden ser y han sido utilizadas para objetivos menos nobles. La tecnología de la comunicación puede ser usada para manipular la opinión pública, para oscurecer la verdad, para promover la violencia y para denigrar la dignidad de la persona. El Papa subraya la ambigüedad del progreso, que ofrece posibilidades inéditas para el bien, pero a la vez abre inmensas posibilidades de mal que antes no existían. En este Mensaje, el Papa Benedicto recuerda que muchos estudiosos coinciden en afirmar que esta área requiere una disciplina: la “info-ética”, así como existe la “bio-ética” en el campo de la medicina y de la investigación científica relacionada con la vida.

Ciertamente su Mensaje contiene ya algunos de esos aspectos éticos fundamentales que contribuirían al desarrollo de esta área de reflexión, relativamente nueva. Debemos evitar lo que se ha llamado en la bio-ética el “imperativo tecnológico”. En el campo de la medicina hemos aprendido que no debemos hacer todo aquello que es posible hacer. Como afirma el Santo Padre, sucede lo mismo en el campo de las comunicaciones: “no todo lo técnicamente posible es éticamente practicable”. La verdadera medida del progreso no se debe buscar sólo en la eficiencia técnica o logística de los nuevos medios de comunicación, sino en los objetivos que éstos persiguen. Quienes en el mundo mediático usan las nuevas tecnologías, se encuentran ante una opción. Pueden intentar asegurar que esas nuevas tecnologías y su creciente potencial de comunicación se coloquen al servicio de los individuos y las comunidades en su búsqueda de la verdad, o pueden consentir que se usen para promover los propios intereses, y/o los intereses de quienes representan, de tal modo que se manipule a los individuos y a las comunidades.

Sólo cuando estas tecnologías se usan para servir al verdadero bienestar de las personas y de las comunidades humanas, podemos llamarlas auténticos instrumentos de progreso. Este Mensaje anima a los operadores del sector a asumir las grandes responsabilidades que les atañen, y a mantener los más altos niveles profesionales. En particular se les exhorta a permanecer atentos en sus esfuerzos por dar a conocer la verdad y defenderla “contra quienes quieren negarla o destruirla”. Los profesionales de los medios son invitados a defender las bases éticas de su profesión y a asegurarse de que la “centralidad y la dignidad inviolable del hombre” sean siempre defendidas. Se les recuerda que estos compromisos éticos pueden verse amenazados por factores como la competencia por ganar audiencias, por presiones comerciales o por prejuicios ideológicos. Se les advierte el peligro de que los medios se conviertan en la voz del “materialismo económico y del relativismo ético”. En este contexto es oportuno recordar que muchos periodistas han dado un extraordinario testimonio de su compromiso con la verdad. Muchos periodistas en todo el mundo han sufrido persecución, cárcel y hasta la muerte a causa de su decisión de no permanecer en silencio ante la injusticia o la corrupción. Su testimonio es elocuente y expresa las categorías más elevadas a las que deben aspirar los medios de comunicación; su ejemplo sirve para animar a los profesionales de los medios a reforzar su compromiso con la verdad, de tal modo que sirvan al bien común de toda la humanidad.

 
 
 
Nota: Este artículo corresponde a la presentación que ha escrito Monseñor Paul Tighe, secretario del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, del mensaje enviado por Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Fue publicado originalmente por Zenit.org.