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30.10.2009.

Halloween: ¿dulce o travesura?, por Christian Sánchez


Por: Colaborador

Se dice que en la noche de Halloween la cortina que separa el mundo de los muertos de la tierra de los vivos se abre de par en par. Entonces, los habitantes del “más allá” festejan dándose un paseo nocturno por las calles del “más acá”.

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Halloween: ¿dulce o travesura?

Christian Sánchez | christiansanchez@legionaries.org

 

Se dice que en la noche de Halloween la cortina que separa el mundo de los muertos de la tierra de los vivos se abre de par en par. Entonces, los habitantes del “más allá” festejan dándose un paseo nocturno por las calles del “más acá”. Lo bueno es que sólo se dejan ver en las películas. En todo caso, sí que hay otro tipo de seres que se aparecen frente a nuestra puerta, y no son precisamente difuntos, sino vivos. Visten espantosos disfraces, usan tétricas lámparas, y por contraste, sonríen de oreja a oreja. Estos “entes” van de puerta en puerta solicitando golosinas o, en caso de ser desairados, regalando diabluras. Su clave es un sonoro “¿dulce o travesura?”, coralmente recitado ante la verja del hogar en cuestión.

 

Pero ¿cuántos de estos simpáticos “fantasmitas” conocen el profundo significado de la fiesta de Halloween? Más aún, ¿cuántos de los donadores generosos de caramelos, saben que la tradición cristiana celebra la fiesta de todos los santos y el día de los fieles difuntos?

 

La promoción de una cultura globalizada no significa que hay que consumir todo lo que viene y como llega. Una prueba más de indigestión informativa nos la ofrece la fiesta de este día. Dos celebraciones, sumamente diversas entre sí, han terminado por combinarse, dando lugar a una sopa de letras, en la que distinguimos la A, la B hasta la Z, pero no logramos leer ningún contenido. En realidad, el problema se presenta cuando ni siquiera las propias tradiciones nos resultan conocidas, o al menos se nos muestran como vacías de significado, tan secundarias como usar calcetines de color negro o azul marino en una discoteca. Y, sin embargo, corremos el peligro de perder un elemento cultural tan rico de contenido, como es la celebración de todos aquellos que han alcanzado la felicidad eterna.

 

La fiesta de todos los santos fue introducida por el papa Gregorio III hace más de diez siglos. Como ocurre en las grandes solemnidades, la tarde precedente era dedicada a la celebración de las vísperas, conocida en Inglaterra como la “All Hallow’s Eve”, o dicho brevemente Halloween. Ésta era una jornada consagrada a la veneración de aquellos que habían conquistado la meta de la vida. Los que gozaban ya del cielo, y desde allí extendían su protección a los que aún peregrinaban en este mundo.

 

Entonces, ¿qué ocurrió? ¿Por qué un día de gozo se convirtió e una noche de espanto? La respuesta es sencilla: a causa de una indiscriminada fusión de tradiciones. O, dicho de otro modo, por confusión e ignorancia. Ya que, por un lado, se encontraba la celebración cristiana de todos los santos (“All Hallow’s Day”) y, por otro lado, existía entre los pueblos de cultura anglosajona, la memoria de ciertas fiestas paganas de origen céltico.

 

Se sabe que los celtas dividían el año en dos grandes períodos: el período invernal, situado entre el 1 de noviembre y principios de febrero; y el período de verano, que iniciaba el 1 de mayo con la fiesta del Beltame, dedicado al dios Belenos, y concluía con la fiesta del Samhain, última y más importante, pues coincidía con el fin del año, y se celebraba precisamente el 31 de octubre.

 

Según la misma creencia, en esta última noche del año, los espíritus de los muertos salían de sus tumbas y vagaban por los pueblos, buscando el cuerpo de algún ser vivo para apoderarse de éste y resucitar a una vida nueva. Con el fin de evitar este desagradable  encuentro, la gente ensuciaba sus casas y “adornaba” sus dinteles con calaveras, huesos y objetos desagradables. De tal forma, pensaban ellos, los espíritus buscarían otro lugar más digno de ellos.

 

Así pues, vemos que esta tradición, típicamente anglosajona, se ha expandido a diversas culturas, que desconocen del todo la procedencia de esta fiesta ¿Por qué? En parte se debe a la facilidad de interacción que existe hoy día entre las diversas culturas. Pero si tenemos que agradecerle a alguien la internacionalización de esta fiesta, eso se debe nada menos que a Hollywood.

 

Con la llegada de los inmigrantes ingleses e irlandeses al norte de América, la fiesta se introdujo a dicho país. Inicialmente lo hizo con gran discreción y muchas reservas, teniendo en cuenta la cultura puritana del momento. No es sino hasta 1921 que se produce en el estado de Minnesota, la primera celebración masiva – con desfile incluido – del Halloween. Pero fue en los años 80s, con la decidida contribución del cine, como la famosa película de John Carpenter titulada “la noche de Halloween”, que la víspera de todos los santos dio paso a la noche de espantos.

 

Frente a este triunfo evidente de una celebración pagana sobre una tradicional fiesta cristiana  nos preguntamos: ¿han de capitular el resto de nuestras tradiciones y valores ante el empuje del “marketing” y la novedad de estos productos?

 

Evidentemente, nuestra respuesta es un no rotundo. La rendición sólo podría ocurrir a costa de una lamentable pérdida de los propios y más hermosos valores culturales. Y esto desde el momento en que por tradición entendemos los valores de un pueblo, que merecen ser transmitidos para el enriquecimiento de las futuras generaciones. El célebre escritor Franz Kafka decía que “quien mantiene la capacidad de ver la belleza, no envejece nunca”.

 

Las tradiciones y celebraciones cristianas miran precisamente a mantener esta juventud del alma. Sustituirlas con ambiguas creencias esotéricas, o con ciertos productos de la moda, constituye una pérdida incalculable de la propia identidad, y un síntoma de envejecimiento y decadencia cultural. Nuestro caso es una prueba de ello.

 

Cuando un cristiano mira una tumba, no se fija en lo desagradable de su contenido, sino que contempla la esperanza de una vida futura, más plena. Nada más contrario al espíritu cristiano que la horrible noche de los muertos vivientes, que se distingue con el recuerdo de los muertos que hace la Iglesia el día dos de noviembre. Es necesario mirar adelante, contemplar hacia el cielo, ver la belleza, y como dijo el papa Benedicto XVI, el 28 de septiembre de 2009, en su despedida de la República Checa: “Si nuestros ojos permanecen abiertos a la belleza de la creación de Dios, y nuestras mentes a la belleza de su verdad, entonces podremos verdaderamente esperar seguir siendo jóvenes, y construir un mundo que refleje algo de la belleza divina, de modo que ofrezca inspiración a la futuras generaciones para hacer otro tanto”.

Ver también:

Con respecto a Halloween

¿Halloween o nuestros fieles difuntos?

¿Cómo se debería celebrar la festividad de Todos los Santos?


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