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31.10.2009.

Desde la tribuna


Por: José María Aiguabella

El pasado miércoles fui uno de los escasos espectadores que asistieron al partido de Copa frente al Málaga.

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Indiferente emocionalmente a lo ocurrido en Barcelona y con pocas exceptivas ante lo que iba a presenciar, pudo más en mi ánimo el hábito de los muchos años acudiendo a la cita futbolística de turno, que el absentismo que merece la gestión directiva, la cual está sometiendo a un anodino final a este R. Zaragoza que poseen.

La suerte está echada. Algo huele a podrido en Dinamarca, dijo Hamlet. El R. Zaragoza carece de futuro en las manos en las que se encuentra. Sí, carece de horizonte y apunta hacia el abismo institucional.

Los dislates palmarios sobre el césped dejan en evidencia tanto a quienes los deciden, como a los que los ejecutan y también a quienes los consienten.

La afición debe hablar y tomar iniciativas para no ser colaboradora por omisión en el desaguisado. No tendrá poder ejecutivo, pero todavía queda la voz de las tribunas para expresar la rebeldía contra esta vergüenza, que no puede maquillarse ni con un gol  ni con unos buenos resultados.

Todavía quedan aficionados buenistas, dispuestos a creer en lo que sea, con tal de no frustrarse ante la realidad. Éstos tienden a confundir la institución con las personas que la regentan. Así, a quién critica  a los dirigentes le tachan de antizaragocista. Cada uno es libre de expresar su zaragocismo aplaudiendo a quien guste, pero al ejercicio de la libertad corresponde el de la responsabilidad o lo que es lo mismo, hay que  cargar con las consecuencias.
Ha llegado la hora de que la afición hable. El R. Zaragoza debe ser refundado o no será. Mañana puede ser tarde.  


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