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28.11.2009.

Real Zaragoza y el Jardín de las Dudas


Por: José María Aiguabella

El Real Zaragoza está cada partido más alejado de la práctica del futbol -prácticamente solo coincide con este deporte en que utilizan el pie como herramienta-.

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EL JARDÍN DE LAS DUDAS

Admitido el alto grado de aburrimiento que, por tener la maldita afición de seguir al R. Zaragoza, el cual está cada partido más alejado de la práctica del futbol -prácticamente solo coincide con este deporte en que utilizan el pie como herramienta- con un juego simplón, confuso, azacanado, sin cerebro que lo equilibre, plagado de futbolistas de uñero afilado y luces creativas de baja intensidad, llega Marcelino y nos explica que la culpa de nuestro hastío la tiene el jardinero.

En efecto, ¿cómo los futbolistas van a rasear el balón, hacer paredes, controlar al primer toque, pasar al hueco, marcarse rabonas, sentar a los rivales, pedalear en la bicicleta del regate y exhibir todas sus prestaciones ante el mundo, si el jardinero, incompetente él, despreocupado del espectáculo, no cuida debidamente el césped? ¿Cómo todas las cualidades, que sin duda tiene tanto su sistema de juego como los futbolistas traídos por el séquito de Agapito van a brotar, cual fruto espectacular, si la  pradera escénica está marchita?

Tras el regreso al jardín de las delicias de la Primera, cabría esperar volver a disfrutar del paraíso perdido, pero el R. Zaragoza, más bien, parece caminar, extraviado por el jardín de las dudas, cuando no termine paseando por el del las desdichas.  Pero eso sí, ya sabemos que el culpable no es el mayordomo como en las novelas de intriga,  si no el jardinero.

¡Suerte Marcelino!  que halles cuanto antes el florilegio  futbolístico para que el floricultor lo rocíe con la regadera de las ideas, y así llegues a tiempo de evitar una nueva expulsión del Jardín del Edén.    
 
JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AISA


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