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29.12.2009.

Creando la realidad


Por: Max Silva Abbott

El Tribunal Supremo irlandés ha señalado recientemente que los embriones congelados no son seres vivos. Así de simple.

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Creando la realidad

Max Silva Abbott | msilva@ucsc.cl

 

El Tribunal Supremo irlandés ha señalado recientemente que los embriones congelados no son seres vivos. Así de simple.

 

El caso se originó cuando una mujer quiso obtener la autorización para implantárselos ante la no autorización del marido, de quien se encuentra separada.

 

Así, se denegó el permiso no por un problema de “propiedad” sobre los embriones, sino que yendo muchísimo más lejos, mediante la privación no sólo de su condición de persona –lo cual ya es mucho–, sino incluso de su calidad de seres vivos.

 

Para que sí exista “vida”, el tribunal estimó que es indispensable que el nonato se encuentre unido físicamente al cuerpo de su madre, por lo que la vida, y no sólo el embarazo, comenzarían con la implantación, no con la concepción, lo cual afectaría a todos los embriones, tanto los concebidos naturalmente como en un laboratorio.

 

Finalmente, declaró que al no ser ni siquiera seres vivos, no merecen la protección del sistema jurídico, aunque el tribunal se apresuró a señalar que deben ser tratados con “respeto”, lo cual resulta, por decir lo menos, curioso.

 

De esta manera, la decisión de unos pocos pretende cambiar radicalmente la realidad de las cosas; como una especie de varita mágica, que hace posibles todos los deseos, por descabellados o injustos que éstos sean.

 

El problema es que la vida (dejemos por ahora de lado el otro asunto delicado: el desconocimiento de su calidad de persona) es una cualidad que posee el ser en sí mismo, de manera independiente a las circunstancias que lo rodeen o a lo que otros perciban o crean. Está claro que la vida requiere de un entorno, pero precisamente si podemos darnos cuenta que pertenece al mundo de los vivos y no de los inertes, es porque posee una serie de cualidades ínsitas que distinguen a ese ser de dicho entorno, fundamentalmente el llamado “automovimiento”, esto es, que los principales cambios que se producen en él, emanan de sí mismo, lo cual claramente ocurre luego de la concepción con un embrión.

 

Por el contrario, de acuerdo al referido fallo, la calidad de ser vivo dependería de factores extrínsecos a él. Con lo cual se abre una peligrosa puerta para justificar todo tipo de abusos para liberarse de los indeseados, pues con este criterio, podrían exigirse las condiciones más inimaginables para considerar que existe vida (estar haciendo algo que los demás puedan percibir, encontrarse despierto, ser querido o deseado por alguien, ser útil a la sociedad, etc.). Así, la espiral de abusos podría no tener límites.

 

Todo lo anterior significa que la calidad de ser vivo es algo que sólo puede reconocerse, no inventarse. Pero parece que las aspiraciones demiúrgicas del ser humano actual no tienen límites. Así las cosas, ¿hasta cuándo nos considerarán seres vivos a nosotros mismos?


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