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29.12.2009.

El obispo Munilla


Por: Juan Pablo Sánchez Vicedo

Los curas nacional-terroristas, ahora, se han encontrado con un Papa que los quiere meter en cintura poniéndoles un obispo ortodoxo y antietarra, o sea consecuente con el Evangelio.

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En un reciente artículo me comprometí a explicar el concepto de nacional-terrorismo, una expresión tremenda pero certera que se justifica por casos como el del nuevo obispo de San Sebastián, señalado por los curas etarras de su diócesis, que son casi todos. Uno no termina de explicarse cómo Juan Pablo II pudo desatender aquella diócesis y aguantar las cabronadas filoterroristas de monseñor Setién; tal vez nadie se las explicaba o tal vez no quiso enterarse, enfrascado como estaba en combatir a comunistas y teólogos de la liberación. Pero los curas nacional-terroristas, ahora, se han encontrado con un papa que los quiere meter en cintura poniéndoles un obispo ortodoxo y antietarra, o sea consecuente con el Evangelio.

En este periódico llamamos nacional-terrorismo a los nacionalismos que condicionan nuestro sistema político y tiranizan a la gente mediante diversos miedos, como el miedo a un suspenso escolar, el miedo a una multa administrativa, el miedo a una fractura de huesos o el miedo a un tiro en la nuca. Todos estos miedos o terrores revelan el espíritu coactivo o totalitario del nacionalismo en cualquier lugar de España, sin que caigamos en la vieja trampa de distinguir entre radicales y moderados. A lo sumo distinguimos entre etarras reales y etarras sentimentales, siendo éstos los que prefieren el coche oficial a la pistola. Explicado o desnudado el nacional-terrorismo, retomemos el caso del nuevo obispo.

Los curas etarras quieren asustarlo para que se rinda y, siendo humano (y por tanto débil), cabe esperar de monseñor Munilla alguna muestra de flaqueza o algún quiño al nacional-terrorismo vasco cuando tome posesión de la diócesis. Allí se pondrá a prueba la claridad de ideas que ha demostrado en sus brillantes y audaces textos (estamos ante un caso de obispo-escritor o pastor intelectual). Dado que sus curas lo han señalado como invasor, creemos que debería asignársele una escolta policial por si a los etarras se les ocurriera martirizarlo. Que Dios lo proteja.


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