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29.12.2009.

Una multitud participó de la misa en defensa de la familia


Por: Redacción

La mañana amaneció fría pero con sol y el termómetro fue subiendo de los cero a los 7 grados, mientras que el madrileño Paseo de la Castellana se caldeaba con el entusiasmo de miles de familias que con sus niños se concentraban en la plaza de Lima.

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     Los primeros en llegar fueron un par de centenares de alemanes venidos en avión y varias decenas de autobuses que habían salido de Cádiz, Sevilla y Huelva a las 3 de la madrugada para recorrer los 600 kilómetros que separan el sur de Andalucía de la capital de España. A las 10 y media de la mañana la plaza de España era un mar de banderas, de Italia, Polonia, Hungría, Austria, Alemania, Portugal, Croacia, Eslovaquia, Holanda, Gran Bretaña e Irlanda, así como banderas regionales de Escocia, Cerdeña, de Bretaña, de Cataluña y el País Vasco.

     Los niños y los bebés, impasibles al frió y sin temor a ser aplastados por la muchedumbre, leían comics, comían papas fritas y bebían en los biberones. Algunos se extraviaban por el bosque de piernas y aparecían en el estrado donde se iba a celebrar la misa y por el que iban desfilando algunos de los cardenales y obispos. El primero fue el cardenal arzobispo de Lyon, monseñor Barbarie, que había venido acompañando a dos centenares de familias numerosas francesas y a continuación lo hicieron el cardenal-arzobispo de Berlín, monseñor Sterzinsky y monseñor Michalik, presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, que encabezaban representaciones numerosas de matrimonios – los polacos eran más de quinientos – si bien por su número el más importante y lo constituían los italianos – unos tres mil -, que por su alegría, cantos y gritos rivalizaban con los andaluces.

     Grupos de jóvenes tocan la guitarra y se intercambian sms, los padres aprietan las bufandas de sus hijos para combatir el frió o reparten choripanes, porque hace muchas horas que han salido de sus casas y los niños tienen hambre. Todos utilizan sus cámaras digitales para grabar escenas de “este día tan especial”.

     Los cardenales iban siendo presentados por un conocido locutor de radio, al que acompañaban en el estrado su esposa e hijos y que aprovechaba las pausas entre un cardenal y otro para tomar en brazos a los niños perdidos entre la muchedumbre, preguntar el nombre y rogar que sus padres pasen a buscarlos. A las 11 de la mañana Kilo Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal subió al estrado y acompañado de la guitarra cantó una de sus canciones: “María, pequeña María, /hija de Jerusalén/ Madre de todos los pueblos,/ Virgen de Nazaret” y miles de familias respondían en coro: “Venga el Señor con nosotros,/ si hemos hallado gracia a sus ojos, / es cierto que somos pecadores,/ mas ruega tu por nosotros/ y seremos su pueblo y su heredad”.

     Después se dirigieron a la multitud cuatro de los colaboradores más directos del Papa: el cardenal Rylko, presidente del Pontificio Consejo de Laicos, el cardenal Cordes, presidente del Consejo Cor Onum, el cardenal Vallini, vicario de Roma que recordó “ el valor publico de la familia, que queremos reafirmar con respeto pero también con firmeza” y el cardenal Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, que insistió en que “la familia tiene derecho a recibir apoyo cultural, jurídico y económico, porque el futuro de la civilización pasa por ella”.

     Uno de los momentos álgidos fue cuando se anunció que comenzaba la transmisión vía satélite desde Roma, donde el Papa Benedicto XVI iba a dirigir un mensaje a los reunidos en la plaza madrileña. El público escuchó sus palabras en absoluto silencio y estalló en aplausos al terminar el Papa dando su bendición. Al lado de éste corresponsal un niño de 5 años dijo a su mamá: “Cuando sea grande quiero ser Papa, porque tiene muchos amigos”.

     Comenzó la misa, oficiada por el cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid y concelebrada por ocho cardenales, 39 obispos españoles y 15 venidos de otros países de Europa. El cardenal Rocco Varela centró su homilía en que “el futuro de Europa pasa por la familia. Sin ustedes, familias cristianas, Europa se quedaría sin hijos”. Repudió además ”otros modelos de familia” que avasalladores y sin réplica alguna, se adueñan “de la mentalidad y la cultura de nuestro tiempo” y que “no responden a la verdad natural de la familia, tal como viene dada desde el principio de la Creación”. “El panorama que presenta la realidad de la familia en Europa no es halagüeño”, comenzando “por la facilidad jurídica de un divorcio hasta extremos impensables hace poco tiempo” y siguiendo por “derecho a la vida del niño todavía en el vientre de su madre se va lamentablemente suplantando en la conciencia moral de un sector cada vez mas importante de la sociedad por un supuesto derecho al aborto”.

     La crisis del matrimonio y de la familia se une a una crisis económica “pocas veces conocida en la historia”. Citó a continuación párrafos de la encíclica Caritas in Veritate” donde se señala que “los Estados están llamados a establecer políticas que promuevan la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad”. En la familia cristiana es donde el “mejor se sabe “pedir perdón y perdonar”, donde se da el “amor incondicional” y mejor se responde “a las situación dramáticas de los parados, los ancianos, los angustiados por la soledad física y espiritual, los rotos por los fracasos y decepciones sentimentales y matrimoniales”. La segunda atronadora ovación de la jornada respondió a su homilía.

     Quinientos sacerdotes hicieron posible que la sagrada comunión fuera rápida y fácilmente distribuida entre los fieles.

     Al terminar la misa, un coro de niños sube al estrado y se acerca al Belén colocado en uno de sus extremos, para cantar villancicos. La banda de tambores y trompetas del famoso Cristo de los Gitanos de Sevilla les sucede interpretando de manera impresionante el “Resucitó”, una de las más populares piezas musicales de Kiko Arguello, que sube de nuevo al estrado para anunciar que “los Reyes Magos, que iban camino de Belén han decidido pasar por aquí para adorar al Niño y ofrecerle unos regalos”, momento en que seis camellos, montados por los Reyes y cargados de juguetes se abren paso entre la muchedumbre. “Ves papá que Baltasar es un negro de verdad”, dice un niño lleno de admiración. Los camellos se arrodillan y los Reyes suben al estrado y depositan tres simbólicas urnas. Los juguetes serán distribuidos en la noche de Reyes en el barrio de la Cañada Real, la más grande de las villas miserias madrileñas.

     Lentamente la muchedumbre se disgrega. Son las dos de la tarde, la hora del almuerzo en Madrid, Centenares de familias que han ofrecido alojamiento a los polacos, alemanes, franceses, italianos e ingleses, se reúnen con ellos y los invitan a comer en tascas y restaurantes. Por la tarde invadirán la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, la de Cibeles, la de Oriente para darles a conocer Madrid. Cuando por noche se acuesten los niños, que han resistido la interminable jornada, no extrañaran sus camas. Se dormirán inmediatamente.

Armando Rubén Puente, especial para AICA


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