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30.12.2007.

La familia quiere su sitio.


Familia jugando

Por: Manuel de la Hera

Toda persona necesita un algo de sitio, aunque no sea mucho, para poder estar - para poder ser lo que es, en esencia y potencia - en la sociedad de la que forma parte por derecho propio.

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La familia quiere su sitio

Toda persona necesita un algo de sitio, aunque no sea mucho, para poder estar - para poder ser lo que es, en esencia y potencia - en la sociedad de la que forma parte por derecho propio. A nadie se le puede privar de nacer; se hace visible en la sociedad en el momento previsto y cualquiera que, de alguna forma, pusiera algún obstáculo a ese nacimiento habría atentado contra esa vida, le habría negado el sitio a que tiene derecho en la sociedad.

Ese sitio lo tiene reservado junto a sus padres, pues estos son los que llamaron a la vida a ese nuevo componente de la sociedad. Ese sitio es el de la familia, el de la suya por derecho natural y la sociedad no debe ignorar nunca las necesidades, de todo tipo, que en esa familia se crean desde antes incluso de la llegada de ese nuevo integrante de la misma y que, como consecuencia inmediata, lo es de la sociedad. La familia da vida a la sociedad.

Esa vida será tanto más fructífera, en cantidad y calidad, cuanto mayor sea la atención - también en cantidad como en calidad - que la sociedad dedique a la familia. Ésta es la que, desde el mismo momento que inició su vida como tal, afrontó con ilusión la misión de recibir sin cortapisa alguna a nuevos seres, a sus hijos, e ir haciéndoles conocer, al tiempo de su crecimiento, todo cuanto significa la grandeza de la libertad personal y del amor en el servicio a la humanidad, libre de egoísmos, caprichos personales o ensoñaciones vanas.

Que nadie impida o dificulte esa misión que, por derecho natural, corresponde a la familia. Ese es su sitio, su lugar de trabajo; de acción fundamental de educación a esos nuevos seres que, a través de ella y por ella, se irán integrando en la sociedad.

Que nadie se inmiscuya o atente contra esa labor; que nadie suplante a la familia y ni tan siquiera lo intente por medio de coacciones o acciones que, de alguna forma, atenten contra esa gran labor de ejercicio de la libertad, por parte de la familia, en la educación y formación de sus hijos y de ella misma, pues cada día en esa misión fortalece la capacidad de entrega a los demás.

Sería una acción de tiranía la que se ejercería por quién abusara, en grado extraordinario, de su poder, para quitar de su sitio en la sociedad a la familia; ese sitio en el que sólo se pretende enseñar a amar a la gente y saber del gozo de la entrega por amor a toda labor, pequeña o grande, la que sea, la que se presente, porque en ello el ánimo se fortalece.

La familia quiere su sitio y no otro. Quiere seguir ligando su vida a esa llamada especial que invita a abrirse plenamente, sin reserva alguna, a la misión de procurar sitio de amor a quienes, a través de ella, llaman a la vida.

La familia quiere su sitio, el que la vida misma le adjudicó, para gozar plenamente de la amorosa responsabilidad de entregar toda su vida a esos seres que en ella nacieron. Pide, también, respeto y ese algo de amor que hay en toda alma generosa.

Manuel de la Hera Pacheco.- 28.Diciembre.2007


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