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26.2.2010.

Cuidar la educación


Por: Manuel de la Hera

Si la educación es de bajo nivel también será baja la calidad del ofrecimiento que podamos hacer a los demás.

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Cuidar la educación


Es la base para entenderse con los demás. Si la educación es de bajo nivel también será baja la calidad del ofrecimiento que podamos hacer a los demás. Podrá haber - que la hay - una buena disposición natural del ánimo, para ofrecerla en el trato que se establece cada día en el trabajo y en cualquiera otra manifestación de la actividad personal, pero eso no es todo lo que el ser humano está llamado a ofrecer.


Son muchas y variadas las cuestiones en las que cada persona tiene que aportar soluciones, o ayudar a que sean ofrecidas y mantenidas. Ese es el producto de la educación: la creación de una excelente base de relación humana, tanto por la posesión de un alto nivel de cultura como por la nobleza del espíritu.


Es, sin duda, una labor de toda la vida y para toda la vida; para ir profundizando en ella ayudados por la experiencia, que nos irá haciendo ver los fallos de nuestra actuación y la necesidad de corregirlos sin demora alguna. La educación no es un diploma; es serena y noble acción.

Es labor de todos, aunque hay unos comienzos que están encomendados, por ley natural incluso, a determinadas personas. En la relación de los padres con los hijos está la base de partida - el fundamente puede decirse- de la educación de los hijos.


Estos demandan, desde antes de nacer, los más altos grados de calidad de educación en los padres; que sepan y que practiquen la verdad del matrimonio, la renuncia a todo detalle de egoísmo personal y la entrega plena del uno al otro.


Después vendrán los mimos y el ejercicio de la paciencia y de los pequeños sacrificios - o grandes si aparecieran causas graves - en la edad del crecimiento, de los primeros pasos y de los posteriores, en los que la atención de los padres hacia los hijos debe estar llena de entrega personal y también de exigencia en el cumplimiento de los deberes por parte de los hijos.


No ha de faltar nunca el cariño, fuerte y sincero, pero acompañado de la enseñanza en el amor al cumplimiento del deber como norma básica para el trabajo.


Ese rodaje, inicial y básico, no debe ser interrumpido nunca por los componentes de cualquier equipo que deben ocuparse de completar la educación. En ellos debe haber cariño y exigencia, pues se trata de formar personas para llevar a la sociedad las mejores y más completas inspiraciones de la mente y del espíritu.


La imprescindible labor de educar no debe caer, nunca, en manos de personas que tengan un concepto ínfimo de lo que es el ser humano y que, incluso, no se respetan a sí mismos.

 
Es lastimosa la falta de atención a la educación que se manifiesta en actos que tienen mucha difusión; no es eso lo que se necesita. La degradación de las costumbres es una muestra clara de la negación de la educación.


No se puede decir - por desgracia - que se cuide la educación en nuestra sociedad y es necesario un cambio muy serio e importante para que la sociedad sea mejor, en todos los aspectos y, sobre todo, para que desaparezca esa falta de respeto a la verdad en la relación entre personas que han de convivir y hacer de esa convivencia una expresión clara y concreta de atención y respeto a todos los demás en cada una de sus necesidades.


Manuel de la Hera Pacheco.- 24 Febrero 2010


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