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29.3.2010.

Adopción: igual y diferente


Por: Norma Mendoza Alexandry

Adoptar a uno o varios niños es una decisión de vida, una forma alternativa de formación familiar y, en último término, compartir el propio destino con un ser humano en crecimiento al que ha de profesarse los cuidados, educación, formación, cariño, que cualquier padre y madre responsables profesan a sus hijos.

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Adopción: igual y diferente


Norma Mendoza Alexandry | nmendoza_alexandry@hotmail.com

 

Adoptar a uno o varios niños es una decisión de vida, una forma alternativa de formación familiar y, en último término, compartir el propio destino con un ser humano en crecimiento al que ha de profesarse los cuidados, educación, formación, cariño, que cualquier padre y madre responsables profesan a sus hijos.

 

¿Qué significa ser padre o madre? ¿Cómo criar a un niño?  Una familia con una madre embarazada tienen ya muchas respuestas a estas preguntas. Quizá aprendieron lo básico de la paternidad y maternidad de sus madres y padres. Muchos de los futuros padres asumieron desde pequeños, que ellos harían lo mismo.

 

Pero cuando la mayoría de quienes desean ser padres confrontan una nueva situación de la que no tienen precedentes, posiblemente acudan a otras personas que consideren más experimentadas, ya sea a un psicólogo quien se encargará de analizar si existe algún problema de tipo mental e incluso acudirán a terapia; o posiblemente lean alguna revista para padres o preguntarán a sus amigos o a algún vecino. 

 

Sin embargo, para los padres adoptantes, la información clara es difícil de encontrar. Adopción es una forma tanto igual como diferente de crianza de un infante. Mientras que se sabe lo mismo que otros padres de cómo criar a un niño, existen ciertos aspectos de la paternidad/maternidad adoptiva que sorprenden o en los que no se pensó previamente. 

 

Cuando la experiencia difiere de lo que la mayoría de las personas experimentan, los estándares comparativos desaparecen.  Aún el propio crecimiento –a menos que uno hubiese sido adoptado también--, priva de ofrecer un precedente.  La experiencia de otros padres posiblemente no tenga que ver con el propio hijo que fue adoptado, entonces carecerá de medios disponibles o de ejemplos comparativos para formar el propio criterio.

 

Desafortunadamente los medios masivos, en lo que a la adopción se refiere, a menudo enfocan la atención a lo excepcional y no a la norma, dejando muchas veces a la gente con la idea negativa del niño adoptado con algún desajuste. Y así mencionan que “mejor que un niño(a) sea adoptado por dos mujeres o por dos hombres, a que crezca en abandono”, siendo que existen muchísimos matrimonios en lista de espera que desean ser padre y madre de un pequeño, e internacionalmente hay solicitudes en espera para adoptar niños(as) con algunos años de edad. 

 

Existen muchos estudios que demuestran que los niños adoptados por familias con padre y madre crecen y se desarrollan muy bien, aunque hemos de reconocer que aún existen prejuicios en ciertos lugares.  Como ejemplo, bastan declaraciones de los mismos adoptados y no sólo en México, sino en países del primer mundo.

 

Recientemente tuvimos en México la visita de Dawn Stefanowicz, canadiense que fue adoptada por una pareja homosexual, quien habló de su propia experiencia y desajustes asegurando que lo más importante son los derechos de los niños y reiteró su desacuerdo por la legalización de adopción de menores por dichas parejas. 

 

En el Reino Unido, el conocido actor John Thomson es uno de los miles de niños beneficiados por la ayuda de una agencia católica de adopción.  El fue dado en adopción por su madre en 1969 y colocado en una familia con padre y madre quienes lo acogieron como su hijo: Andrew y Martha Thomson  (a través de Catholic Children’s Rescue Society). 

 

El Sr. Thomson, quien ha actuado en series inglesas como “Cold Feet” y  “Coronation Street”, ha colaborado en encuentros especiales de caridad para apoyar a la asociación que le permitió ser adoptado. Al ser entrevistado el Sr. Thomson declaró: “Mis padres adoptantes me dijeron que ellos me habían escogido y eso me hizo sentirme muy especial”, y agregó: “Me dí cuenta cuán agradecido estaba de haber sido colocado en el seno de tan agradable familia y de haber tenido un crecimiento sano…..cuando no eres adoptado y creces en un albergue, pierdes la oportunidad de ser amado por un padre y una madre” (cf. Daily Mail.co.uk, 18.03.2010).

 

También en el Reino Unido una agencia de adopciones ganó este mes una pelea legal para conservar su regla de que ningún niño debe darse en adopción a parejas homosexuales, lo cual afirma que puede y debe ser respetada la libertad de conciencia.

 

Si hay insuficiencia y necesidad de expertos profesionales en adopción de menores con estudios específicos en la materia para proveer la orientación a los padres adoptivos en un momento de desorientación respecto a las especificidades del crecimiento de su hijo, deseo saber si al aprobar la adopción por parte de personas homosexuales o lesbianas, se consideró también el adecuado y sano crecimiento del niño(a), ya que quienes ofrecen servicios de consejería en esta materia en la mayoría de los casos, no han tenido entrenamiento o estudios superiores acerca de la multiplicidad de facetas de la adopción. 

 

La buena noticia es que los requisitos básicos para la crianza de un niño que fue adoptado, en gran medida son los mismos que para la crianza de un hijo de nacimiento: amor, empatía, aceptación, paciencia, confianza, compromiso, comprensión y la guía y ejemplo complementarios del padre y madre.  También se necesita una sustancial cantidad de información sobre qué esperar en cada etapa del crecimiento del niño y las secuelas de su pasado y cómo tratar posibles desajustes o complicaciones tanto de tipo interno como en cuanto a la sociedad en la que crecerá.

 

Adoptar a un menor no es lo mismo que una obra de teatro en donde hay un comienzo, una culminación y en donde la audiencia conoce aproximadamente cuál es el final de la historia; el universo presentado en un drama es fijo, cerrado y finalista.

 

En su desarrollo, los actores y la audiencia saben claramente la diferencia entre el bien y el mal y también que algunas fuerzas van a triunfar sobre otras porque está ya pre-determinado. Pero en la vida real, el drama, el rol de las personas no tienen ese sentido de totalidad y pre-determinación de cómo va a terminar la ‘obra’. Aquí, las personas están bajo sus propias decisiones y responsabilidad.

 

Lo que hace que alguien se supere es su habilidad, su capacidad de entender y adaptarse a su medio ambiente, ya sea por su intelecto, sentimientos o ambos.  Pero, si en las situaciones de desencanto la persona es herida, entonces recae en su ingenuidad, en su deseo de intentar adaptarse.  Aquí no ocurre lo que en el teatro –algo inesperado que de pronto salva– sino que al sentirse herido, su sentido de ser completo falla y entonces es sustituido por lo parcial, lo artificial, lo sustitutivo. 

 

Esto es lo que sucede con un niño que fue adoptado y al que no se le dan explicaciones claras, exactas, con cariño y con el ejemplo, de las circunstancias de su vida:  por qué en su caso la sangre y la tradición no predominan sobre la elección; por qué alguien lo cedió o abandonó y por qué la vida lo manejó de tal modo que crece con personas que no tienen conexión alguna con él. 

 

He aquí la definición de roles;  los adoptantes deberán estar seguros del sentido de la paternidad y maternidad, su dilema consiste esencialmente en cómo se ven a sí mismos y el papel que escogieron para sí mismos. Pueden guardar el secreto de la adopción y verse a sí mismos como los padres originales del niño y por la sociedad como cualquier familia, con lo cual arriesgan la sólida relación principalmente con su hijo por el ocultamiento; o por otra parte, reconocer y saber cuál es la diferencia al retener en memoria las privaciones y reconocimiento de su posición como padre y madre sustitutos, lo cual traerá un ambiente de veracidad dentro de su familia aunque la sociedad los considere distintos.

 

El objetivo de integración del niño dentro de su nueva familia es uno de los más importantes, ya que a partir de esto, él formará la creación de una nueva identidad.  En lenguaje común decimos: “Él(ella) sabe quién es” y lo que queremos decir es que:  Él sabe quién es y además él sabe en dónde se encuentra, adónde pertenece”.

 

En la paternidad/maternidad de un matrimonio estable y en la posterior adopción de un menor, la meta es aquella que involucra la progresiva diferenciación de los niños en su camino hacia la madurez sobre una firme base establecida de integración.

 

En otras palabras, la persona al recordar su pasado ha de decir: “Alguna vez fui alguien,… ahora soy alguien más”.


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