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28.6.2010.

La virtud de la confianza para mejorar la familia


Por: Francisco Gras

La virtud de la confianza es la firme seguridad, apoyada en la virtud de la esperanza, que se tiene en uno mismo, en alguien o en algo.

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Aunque también podría ser una propia, errónea y vanidosa presunción infundada. Puede existir el peligro del abuso de confianza, o recibir una confianza inapropiada, en el trato con excesivas familiaridades. La confianza puede ser el primer paso hacia el descuido, pero también el primer escalón del éxito. Confiar en todos y en todo es insensato, pero no confiar en nadie ni en nada, es un error.

 

La confianza bien sentida, produce una gran paz en las personas. Para demostrar confianza o para percibirla, no basta la buena fe, hay que sopesarla, estudiarla y acostumbrarse a practicarla, pues es el sentimiento que se genera en nuestro interior, de poder creer en uno mismo, en una persona o en una cosa. La confianza es un sentimiento imprescindible y una hipótesis, sobre la propia conducta futura y la de otros.

 

10 situaciones para tener, desarrollar y fomentar responsablemente la virtud de la confianza

 

1.    La confianza en la familia, recíprocamente ofrecida a, y por los hijos, cónyuge y familiares. Aceptando la unidad familiar, en la pluralidad de los hijos y de los cónyuges. Al ser la familia una unidad de destino de la sociedad, la mutua confianza se convierte en uno de sus principales soportes, para que ésta prospere en todos los aspectos religiosos, económicos y sociales.

2.    La confianza en la economía propia, debe estar soportada con el control de los ingresos, gastos y ahorros, en función de los presupuestos y objetivos establecidos, teniendo en cuenta las posibles variantes externas locales, nacionales e internacionales.

3.    La confianza en la esperanza, aumentando la confianza en Dios y haciendo humanamente lo que se pueda, pero sin olvidar “A Dios rogando pero con el mazo dando”. Valorar y congratularse de nuestras capacidades y posibilidades, pero afrontando los retos y riesgos con prudencia y sensatez.

4.    La confianza en la salud física. Cuidando el cuerpo y la mente, que son el espejo del alma. Constatando las limitaciones propias, para saber ser realistas. Dejar de lado la tensión y el control continuo.

5.    La confianza en la sociedad. Iniciar y mantener relaciones de calidad, donde la comunicación abierta, positiva y sincera sea una constante.

6.    La confianza en las amistades, fomentando las que se pueda confiar e intimar, incluso dándoles una segunda oportunidad de confianza, pues nadie somos perfectos. A los amigos los elige uno, la familia Dios te la da.

7.    La confianza en los negocios, principalmente entre extraños, deben hacerse soportados por la mutua desconfianza. Deben ser especificados, documentados, analizados, comparados y medidos en función de sus circunstancias, costos, riesgos, funcionamiento y resultados. Para eso están los contratos, las cartas de crédito, los avales y las inspecciones.

8.    La confianza en los políticos y oficiales electos, no se les debe otorgar, mientras no demuestren fehacientemente, que cumplen con sus promesas en beneficio de sus votantes.

9.    La confianza en uno mismo, no puede tenerse de forma ciega, tiene que estar  sustentada en el conocimiento personal, pues permite mostrarnos tal como somos, sin tapujos ni máscaras o escudos, ya que permite recorrer los caminos de la vida, sin miedo. Mantenerse activos  opinando, eligiendo, escogiendo, significándonos. Los que no tienen confianza en si mismo, posponen las decisiones importantes, dando largas a los asuntos difíciles, dejando regueros de cosas sin hacer, por lo que es muy difícil confiar en ellas. Dicen: No hagas hoy, lo que puedas hacer mañana.

10. La confianza espiritual, como valor religioso y humano, tenemos que aprender a confiar en Dios, porque es nuestra fortaleza, sustento de nuestros ideales, solución a nuestras inquietudes y antídoto contra nuestros males, miedos y dudas. Si depositamos toda nuestra confianza en Dios, nos sentiremos mucho mejor, sin olvidar que debemos obrar responsablemente, por amor al prójimo y por civismo. Pero es muy importante aprender y practicar la confianza en El.

 

La confianza debe conllevar una gran seguridad, sencillez y llaneza en el trato. Pero estando siempre alertas, para que no se produzcan infidelidades o desconfianzas, motivadas por haber dado excesiva confianza o haber demostrado inexperiencia, afecto, bondad o descuido.

 

La confianza en la persona amada, tiene que estar presidida por la confianza total, porque amar y querer no es lo mismo. Se ama porque si, porque sale del corazón, por la voluntad. Se quiere por una intención regida por la voluntad y sujeta a nuestras intenciones o intereses.

 

Los padres tienen que tener, mucha confianza en si mismos, en lo que hacen, en lo que no hacen y en lo que dicen, pues aunque no tengan respuestas a todas las cosas, si tienen que estar abiertos a recibir todas la preguntas. Los hijos siempre están con los ojos y los oídos muy abiertos, para captar todos los movimientos de los padres y así, evaluar la confianza que pueden depositar en ellos. Una vez que los hijos pierden la confianza en sus padres, es muy difícil que la recuperen.

 

Los padres tienen que proyectar la confianza hacia sus hijos. Después podrán enseñar a los hijos, en función de sus edades y capacidades, a que la tengan en sus padres. Es imposible que los hijos confíen en sus padres, si los padres no lo tienen en sí mismo y en sus hijos. La confianza es una virtud que suele tener reciprocidad, es decir, tiene ida y vuelta, pues también se trasmite externamente.

 

Tienen que analizar honestamente el grado de la mutua confianza que existe, en los padres y los hijos, para dialogar y negociar las correcciones necesarias. Poner los medios necesarios, para no quedarse solamente en el “Si se puede” y luchar por el “Si se pudo”. Analizando continuamente, los cambios que se producen en sus relaciones, a medida que van cambiando las edades y las circunstancias.

 

Los hijos necesitan percibir confianza, seguridad, atención y amor, del entorno en el que viven, pero en especial de los padres, de los familiares y de la sociedad. También necesitan a lo largo de toda la vida, ser escuchados, respetados, valorados, creídos y aceptados como personas únicas, irrepetibles y capaces.

 

La confianza interna y externa, hay que trabajarlas personalmente. Nos podrán aconsejar sobre cómo tenerla en uno mismo y como difundirla, pero requiere mucho trabajo mantenerla día a día, en las buenos y en los malos momentos. En los momentos difíciles, es cuando se ve bien claro, quienes tienen confianza en si mismos y quienes transmiten y proyectan confianza. Cuando falta la confianza de los padres con los hijos y de los hijos con sus padres, provoca que imprudentemente, se asuman o se ignoren, los riesgos y decisiones cotidianas, con lo cual se va dejando de aprender, experimentar, corregir y vivir la vida.

 

Los padres para generar confianza en si mismos y después, poder proyectarla en los hijos, de forma que la devuelvan con creces, necesitan practicar y demostrar continuamente las siguientes virtudes y valores humanos, pues no puede existir la virtud de la confianza, si no va precedida de ellos: Abnegación. Aceptación. Alegría. Amabilidad. Amistad. Amor Autenticidad. Autodisciplina. Ayudar. Carácter. Coherencia. Compromiso. Conocimiento. Constancia Cooperación. Disciplina. Criterio. Desprendimiento. Discreción. Ejemplo. Educación. Entrega. Estudio. Ética. Fidelidad. Formación. Fortaleza. Honestidad. Honradez. Justicia. Liderazgo. Madurez. Moral. Orden. Paciencia. Perseverancia. Prudencia. Rectitud. Respeto. Responsabilidad. Sinceridad. Solidaridad. Tolerancia. Verdad.

 

La confianza depositada en los hijos, tiene que estar sustentada por la veracidad y por la práctica de las virtudes y valores humanos, indicados anteriormente. Los padres pueden dar márgenes de confianza, en determinados temas negociables, pero nunca deben dar confianza a los hijos, en los temas no negociables, los cuales pudieran acarrearles situaciones con resultados graves e irreversibles. (Determinadas amistades tóxicas, dinero mal obtenido, consumo de drogas blandas, fuertes o fortísimas, estilo de vida peligroso, etc.)

 

Una señal de alerta, para saber si la confianza de los padres ha sido vulnerada por los hijos, es analizar las dudas sobre qué y cómo, se han hecho o se pueden hacer, las relaciones con ellos. La vara de medir a los demás la forma de confianza, tiene que ser la misma que se debe tener para uno mismo. Y si se desconfía de uno mismo, se es escéptico con el otro, puede conducir a una visión negativa de todo y de todos.

 

Es imprescindible para los padres, que exista una mutua confianza en las relaciones con los hijos y que sean, un verdadero encuentro sereno y cómodo, que posibiliten un enriquecimiento personal y familiar, que permitan vivir a la familia en un perfecto equilibrio armónico y autentico de respeto, amor y cada uno ocupando su sitio, derechos y obligaciones. Pero nunca caer en lo que ahora está tan de moda, de decir que mi hijo o mi padre es mi mejor amigo. Los hijos y los padres no son amigos, son hijos y padres. Seria devaluar mucho el significado de sus relaciones.

 

La confianza dada por los hijos a los padres es un honor, y no defraudarla es una gran responsabilidad. Mantener día a día la confianza recibida, requiere una buena preparación, estar muy atentos a cualquier signo inicial de desconfianza y estar siempre, dispuesto a explicar y enmendar los posibles errores cometidos, antes de que se hagan más grandes.

 

Si hay confianza entre padres e hijos, fácilmente se llegará a acuerdos, sobre los temas más difíciles, pues es dentro de la familia y muchas veces en la intimidad y confidencialidad de las conversaciones privadas, donde se hablan con plena confianza los temas más importantes y difíciles de explicar, entender y solucionar, que son los que marcan el presente y el futuro.

 

Los padres responsables tienen que seleccionar, cuidar y cultivar la confianza con los familiares y amigos, con los que se rodean, para apartarse de las que pudieran obstruirles o minar la confianza, que tienen en ellos mimos y en sus hijos. Muchas veces tendrán que hacer oídos sordos ante mentiras, falacias, sofismas e ignominias, que pudieran destruir la mutua confianza entre padres e hijos.

 

20 sentencias sobre la virtud de la confianza

 

1.    Confiamos demasiado en los sistemas y muy poco en los hombres.

2.    Confianza es el sentimiento de poder creer a una persona, incluso cuando se sabe que él mentiría en nuestro lugar.

3.    Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es una torpeza neurótica y signo de debilidad.

4.    Dichoso el hombre que pone su confianza en Dios.

5.    El hombre que confía en los hombres, cometerá menos equivocaciones, que el que no confía en ellos.

6.    El mayor despeñadero, la confianza.

7.    El que confía sus secretos a otro, se hace su esclavo.

8.    Hay que desconfiar mucho de quien confía poco.

9.    Incluso la supervivencia de una banda de ladrones, necesita la mutua confianza.

10. La confianza en uno mismo es la base de la vida, si se pierde se pierde la vida.

11. La confianza en uno mismo, es uno de los secretos del éxito.

12. La confianza puede ser la madre del descuido.

13. La obra política más difícil, es obtener la confianza antes que el éxito.

14. La puerta mejor cerrada, es aquella que puede dejarse abierta con confianza.

15. No es prudente tener gran confianza en palabras, pronunciadas en momentos de emoción.

16. No hay amor y entrega sin total confianza.

17. No se puede honrar de mejor manera a Dios, que a través de una confianza sin limites.

18. No tener confianza en un hijo, no esperar nada de él, es matar radicalmente su futuro.

19. Se camina con dos pies; la humildad es el pie izquierdo, la confianza el pie derecho.

20. Se gana la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra.


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