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28.6.2010.

Diversas líneas de acción en Afganistán


Por: Manuel de la Hera

No hay problemas simples, aunque sí hay unos que son menos complicados que otros. Afganistán es un problema muy complicado.

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Afganistán es un problema muy complejo, complicado, con muchas incógnitas que obedecen a diversos intereses - que se relacionan entre sí pero con distinto signo - que hacen de aquél país un foco de atención principal para las principales potencias mundiales.

Afganistán es un problema sumamente importante para la armonía mundial; no es el único pero sí es uno de los que más suena y que aporta una considerable cantidad de pérdidas de vidas humanas y de heridos de diversa consideración, como consecuencia de enfrentamientos de fuerzas armadas, en una guerra que es distinta a otras en las que, en su tiempo, se configuraron estrategias y tácticas de gran importancia pero que no son de aplicación en ese país.

Hay quienes se resisten a admitir que en Afganistán hay una guerra y le asignan diversos nombres a aquél problema que, si bien pueden coincidir con sus deseos, no son los que en realidad corresponden a esa difícil y complicada situación que allí se vive.

Puede ser parte de lo que allí se necesite, pero no es la solución al problema y hasta puede llegar a ser motivo de entorpecimiento, en las labores de conjunto, si se pretende que primen sobre otras que también tienen su importancia, en especial para la seguridad del país, para que no haya ataques de fuerzas armadas que aparecen y desaparecen según una táctica adecuada para las características de la zona, tanto del terreno como de los hábitos y costumbres de sus habitantes.

En estos días se ha hecha pública esa delicada y compleja situación, con el cese obligado nada menos que del General Jefe de todas las fuerzas militares - de diversos países - presentes y actuantes en Afganistán.

Ha sido una decisión importante, por parte del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, acorde con la importancia del error cometido por el General McChrystal al confiar a un medio publicitario su opinión crítica sobre la forma de actuar de otras autoridades, incluida la del propio presidente Obama.

No se entra aquí a considerar si el pensamiento del general era fiel reflejo de la realidad; es muy posible que tenga razón, dado el nivel máximo de su cargo y responsabilidad, pero debió hacerlo presente, de forma directa y personal, al propio Presidente de los Estados Unidos.

Es lamentable que una persona de esa categoría y capacidad de acción haya podido cometer tal error.
Ello es una muestra clara de la dificultad que presenta el problema de Afganistán, de la complejidad de las incógnitas a resolver, que obliga a tratarlas al mismo tiempo y que pueden deshacer o dificultar seriamente, en algunos casos, la labor de alguno de ellos.

La solución dada al error del general es una parte del problema; ahora debe hacerse, de forma inmediata, la corrección de las causas que lo motivaron.

No se trata, en absoluto, de un ajuste de cuentas, sino del análisis de la realidad de los hechos para evitar que se puedan presentar nuevas dificultades en la solución general de la situación de Afganistán.

Las líneas de acción deben estar perfectamente definidas y estudiados, con todo detalle, sus puntos de cruce y de tangencia. No es fácil y tampoco lo es disponer de las personas adecuadas para llevar a buen fin cada una de esas acciones, pero es totalmente necesario solucionar bien el problema de Afganistán.

Manuel de la Hera Pacheco


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