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29.6.2010.

La Actualidad Progre


Por: Sus_Scrofa

Está claro que si este país fuese un poco más serio de lo que realmente es, uno no se desayunaría, perplejo, con noticias como la de la “definitiva” libertad del Rafita, personaje que después de cometer un terrible asesinato es recompensado, por obra y gracia de las leyes avanzadas que tanto gustan a la progresía y al socialismo ibéricos, con la erradicación en su “historial ciudadano” de todo antecedente criminal. Mientras

1 comentarios


, ese Estado social ante el que babean todas esas multitudes hipnotizadas por la falacia hábilmente vendida los últimos 30 años por el PSOE, condena a los destrozados padres de Sandra Palo a hacer justicia por sí mismos, que es, naturalmente, lo que haría cualquier padre... Lo que haría, sin ir más lejos, un servidor. La gente debería tener estas cosas muy presentes cuando va, papeleta en mano, a depositar su voto en las urnas. Y debería, igualmente, prestar más atención a aspectos fundamentales como para qué sirve un Estado que, hoy igual que ayer, se dedica en cuerpo y alma a proteger a los delincuentes y a humillar más, si cabe, a las víctimas del delito. El Estado te arrebata la capacidad de defenderte ante las agresiones o los allanamientos de morada, y te deja, literalmente, solo ante el peligro: porque todo el mundo sabe ya que la protección que te brinda es nula. De modo que si la policía o el sistema judicial no te defienden y, encima, tampoco te permiten defenderte por ti mismo, es que nos encontramos frente a un Estado felón que es preciso tumbar. Impuestos desorbitados para que el botarate de tu vecino se cague en tu puerta y no puedas, siquiera, partirle la cara...

               Comprendo que en pleno siglo XXI, después del historial de violencias, abusos y sufrimiento que arroja el pasado siglo sobre la Historia de la Humanidad, no podemos convertir de repente las modernas sociedades de Occidente en una especie de Far West revisitado. No podemos ir por ahí, pistola al cinto, dirimiendo los pequeños e insustanciales aspectos de la existencia a tiro limpio. Para eso están las instituciones y esa franquicia que de común acuerdo—al menos, en teoría—concedemos al Estado para ejercer la violencia lo más asépticamente posible. Pero, díganme: ¿qué sensación les produce comprobar que un deshecho humano como “el Rafita” se pasee altaneramente por la calle después del horrendo crimen cometido? ¿Con qué tranquilidad ciudadana dejamos a nuestras hijas evolucionar por las calles de este país por donde pululan estos carniceros depredadores?. En EEUU, que también ha experimentado su particular etapa progre, saben  tratar estos asuntos con la necesaria eficacia. Este individuo jamás habría vuelto a ver la calle. Allí, las demandas de la ciudadanía encuentran rápida acogida en unas instituciones mucho más abiertas al ciudadano común y mucho menos proclives a las elucubraciones filosóficas sobre el buen salvaje de la Ilustración y esas zarandajas. En España estamos pagando caro estos interminables 30 años de dominio socialista en todas las esferas: judicatura, policía, ejército, medios de comunicación, intelectualidad en general... El caso Rafita es un hito más en el largo camino de descomposición social en el que está inmerso este país. Los sufridos padres de Sandra Palo están solos ante su insoportable dolor y ante la barbarie. Si de verdad fuéramos una sociedad, una comunidad ciudadana con arrestos y las ideas claras, habríamos salido por miles a la calle para evitar que este monstruo quedase en libertad y, segundo, a exigir responsabilidades a los cobardes que legislan y que nos gobiernan.

           Hace tan solo unos días, me enviaba un amigo con el que mantengo una ya inveterada relación epistolar de abrumadora tensión dialéctica acerca de las supuestas bondades del marxismo (que aquí se llama social-democracia), un artículo de ciertos diletantes profesionales de El País, en cuyo aparentemente sesudo texto se atrevían a afirmar que el Código Penal español era de los más duros de Europa... Bien, no será por permitir con sus durísimas leyes que un asesino violador de niñas salga de esta manera a la calle. Y es que la progresía hispana no tiene remedio: siguen pensando que el delincuente es una especie de “enfermo social al que hay que pedir perdón” (parafraseo aquí un reciente aserto de Don Federico Trillo), o un generoso bandolero que todo el mal que perpetra lo hace en nombre de la Revolución Social.

             Siempre he desconfiado de estos predicadores sociales, cuyas recetas para la ideal convivencia de las masas esconden en realidad una cobardía tan acendrada y una inclinación tal hacia la comodidad de pensamiento, que habría que repescarlos uno a uno y obligarlos a vivir y a soportar a toda esa pléyade de psicópatas y mal nacidos que de manera tan estúpida admiran.


SUS_SCROFA

SERIE LA ESTAMPIDA. JUNIO 2010


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