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31.7.2010.

Pura y simple ineficacia


Por: Jesús Salamanca

El Gobierno de España ha demostrado que está desbordado por la crisis. Su inutilidad ha hecho que siga desconcertado, así como que en el futuro se le recuerde como el Gobierno que no hizo los deberes, creó cuatro millones de parados, traicionó a la ciudadanía, nombró ministras cuota con muy poca o escasa preparación y ridiculizó la imagen de España en su visita a la Casa Blanca y a la familia Obama, exposición gótico-esperpéntica incluida.

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Con la crisis se obsesionó en negarla y fue incapaz de controlar el gasto público. Su manifiesta incompetencia le llevó a reducir el salario de los empleados públicos -- en un acto de vandalismo salvaje, con la aquiescencia del sindicalismo amarillo en el que se ha convertido el Sindicato Vertical Unificado, CCOO-UGT-- llegando en algunos casos hasta el 7% y creando un auténtico y miserable agravio comparativo.

Precisamente quienes menos contribuyeron a crear la crisis son quienes la están pagando, para disfrute y recochineo del resto de los trabajadores. Una vez más, el socialismo no solo reparte miseria e injusticia sino que demuestra su incapacidad para hacer frente a las crisis; ya lo demostró a lo largo de la Historia: es válido para descontrolar las finanzas de los  Estados y gastar lo que ahorran los Gobiernos que le preceden, pero es incapaz de hacer un trabajo serio y eficaz en beneficio de la ciudadanía.

El Gobierno socialista no solo no es capaz de adoptar medidas dignas, sino que cuando lo ha intentado ha fracasado rotundamente. Lo ha hecho con medidas injustas, atropelladas y desproporcionadas; incluso ha atentado contra sus propios funcionarios en un acto de traición y venganza ante la permanente denuncia de incompetencia gubernamental. El Gobierno ha equivocado sus reacciones y sus actos, también en temas de defensa, bienestar social, igualdad de oportunidades, educación y sanidad.

No ha sabido controlar el gasto público por medios adecuados; ha tapado la corrupción y el oscuro enriquecimiento de muchos de sus miembros y allegados; ha disparado la duplicidad de las Administraciones; consentido la equiparación de cometidos entre el INEM y las oficinas de empleo de las Comunidades Autónomas; sigue habiendo ostentación políticas en las filas socialistas; no se ha disminuido el número de incompetentes, 'pasamanos' y 'pelamanillas' que fueron nombrados como asesores de la Presidencia del Gobierno; sigue habiendo cientos de gastos superfluos y de capítulos inentendibles para la ciudadanía; los sindicatos aún reciben subvenciones con enrarecidos destinos y, en muchas ocasiones, peores fines; la banca sigue recibiendo parches para cubrir su egoísmo y los atropellos de estos años pasados.

Podríamos citar muchas más, como podrían hacerlo la mayoría de los ciudadanos atropellados y vejados por el Gobierno del esperpéntico, poseso y enfermizo, Rodríguez Zapatero.  Alguien de ustedes, apreciados lectores,  podrá preguntar a qué se reducen las medidas de contención. Pues bien, la respuesta es clara, breve y suficientemente conocida: tales medidas se reducen a que quienes no son responsables de la crisis económica ni de la ineficacia del miserable Gobierno que dirige el esperpéntico, Rodríguez Zapatero, son ahora quienes la pagan directamente, mientras Gobierno y banca se mofan de la ciudadanía y organizaciones como Cáritas se hacen responsables de los millones de pobres que ha dejado tirado este Gobierno de aprovechados e irresponsables.

Estamos ante una agresión inusual del Gobierno a los trabajadores, con el consentimiento de la consabida inutilidad del Sindicato Vertical Unificado. Estamos ante un atentado del Gobierno a la dignidad del contribuyente. En definitiva, estamos ante un conjunto de medidas de dudosa constitucionalidad que nos costará muy cara a quienes llevamos años pagando la crisis, el disfrute y el ‘burdel’ socialista.

Jesús Salamanca Alonso


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