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13.8.2010.

España, colonia de Cataluña


Por: Juan Pontejos

Hablemos un poco de historia: Cuando se unieron los Reinos de Castilla y Aragón por el matrimonio de sus Reyes, los Católicos Isabel y Fernando, la administración territorial de los mismos no sufrió grandes alteraciones.

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Cataluña siguió disfrutando de sus privilegios en cuanto a contribuciones, tanto económicas como militares, que eran necesarias para realizar la política de los “Reyes de España”. La política “Imperial” de los Austrias españoles la pagó íntegramente Castilla (con los territorios pertenecientes a su corona).

En 1640, el Conde-Duque de Olivares trata de que Cataluña coopere con el resto de España en la “Guerra de los Treinta Años”. Pide que aporte algunos fondos, unos pocos soldados y acepte la estancia en su territorio de los ejércitos que luchaban contra Francia en defensa de la frontera catalana. Se produjo el “Corpus de sangre”… y la Proclamación por los catalanes de Luis XIII como Conde de Barcelona, que reinó doce años sobre Cataluña… Terminó este “curioso”  episodio con la sublevación ¡nuevamente! de Cataluña, ahora contra Francia. Llamaron en su ayuda a las tropas españolas, que llegaron, los liberaron, y quedaron integrados, por su propia voluntad, nuevamente en España.

Felipe V en su primera visita a Barcelona fue recibido por los “notables” catalanes hablándole en español. Anuló con sus decretos de “Nueva Planta”, en 1717, muchos de los privilegios, que provenían de los antiguos fueros de Cataluña. Promovió una legislación más homogénea para toda España. Igualó los impuestos, excepto en las Vascongadas y Navarra, que siguieron gozando de sus fueros respetados luego por Cánovas al terminar la III Guerra  Carlista.  Suprimió las aduanas interiores entre los antiguos reinos españoles. Esta circunstancia, al liberalizar el comercio interior, fue decisiva para el enriquecimiento de Cataluña, que aumentó la cantidad de sus “colonos-clientes”.

En los siguientes siglos va a tener lugar una auténtica guerra con distintas batallas, casi todas ganadas por Cataluña. Nos referimos a las leyes de aduanas  exteriores con sus limitaciones para importar y con muy altos aranceles. Así el Código de Comercio de 1829, con su proteccionismo a la industria catalana, perjudicó notablemente el desarrollo económico del resto de España. Como muestra valen las observaciones de un turista ilustre que viajó por España en 1840. Stendhal, que es el nombre del personaje al que nos referimos, escribió en su libro de “Memorias”: “A los catalanes les encantan las leyes que obligan a cualquier súbdito español a pagar tres francos por una vara de un mal paño catalán, cuando podrían obtener un magnífico paño inglés al precio de un franco por vara”.

Siguió la descarada política proteccionista de la industria catalana pudiéndose citar los siguientes hitos: Arancel Figuerola de 1869 (librecambista), el de 1892 de Cánovas (proteccionista), y el de Amós Salvador de 1906, el mas protector de todos. Además de proteger a la industria catalana, se rechazaban los tratados comerciales que incluían las exportaciones agrícolas del resto de España.

En el siglo XX no cesan estas políticas. En su libro “Ni Mussolini ni Franco: la dictadura de Primo de Rivera y su tiempo”, Ramón Tamames nos proporciona los resultados de distintas batallas económicas: la nueva regulación de 1922 constituida por la ultraproteccionista tarifa Cambó. El mismo año Cambó promulgó la “Ley de quiebras para salvar la banca arruinada de Barcelona y al tiempo “para regalar un arancel ultraproteccionista a la industria de Cataluña, todo ello, a costa del resto de España”. Todos estos datos han tratado de ser borrados por los catalanistas con medias verdades, muchas mentiras y una constante manipulación del lenguaje.

Santiago Alba fue un político liberal que destacó entre todos sus colegas españoles comprendidos desde la Restauración hasta la II República. Hoy nadie duda de las ventajas económicas que proporciona una política liberal sobre otra intervencionista y, más aún si es proteccionista. Según Tamames, Alba trató de aplicar su liberalismo económico para “Toda España”, lo que habría sido beneficioso para la nación entera. Sin embargo chocó, y perdió en el choque, contra Cambó, quien pretendió, y consiguió, que siguieran las leyes proteccionistas que favorecían solamente a Cataluña. Eso si: los catalanistas le tacharon de centralista, anticatalán y… manipularon el significado de sus ideas: Hacer una política “nacional” española que beneficie al conjunto de la nación, no es ser centralista ni anticatalán.

Primo de Rivera, apoyado por Alfonso XIII y por la burguesía catalana, proclama su Dictadura en septiembre de 1923.  Santiago Alba, simplemente por su regeracionismo liberal, pasaba en Barcelona por ser la mas viva representación del centralismo castellano; pretendió unos aranceles de aduanas de tendencia librecambista   … en contraste con el viejo proteccionismo canovista para el textil”  Primo de Rivera declaraba un día después de la proclamación de su dictadura: “En Barcelona, señores, el ambiente era fatal. Todos cuantos industriales y comerciantes me visitaron ese día, repetían alarmadísimos sus quejas contra el señor Alba: “Es un lladre, es un lladre”, me decían todos”. Trataba de rebajar los injustos privilegios económicos de la industria y el comercio catalanes. ¡Eso era indignante!, sobre todo porque, justamente, trataba de mejorar la situación del resto de España.

Con “estos apoyos”, y Cambó, uno de sus principales consejeros, Miguel Primo de Rivera siguió la ya inveterada senda de protección para los productos catalanes. Seguimos a Tamames: “Con la dictadura comenzó un periodo muy activo de proteccionismo. Concretamente: la política aduanera se tradujo en el reforzamiento del arancel Cambó de 1922, al que se acumularon fuertes elevaciones de derechos entre 1926 y 1928. Tras ellas, como se puso de relieve en un estudio de la Sociedad de las Naciones, España pasó a estar en el nivel mas alto del proteccionismo mundial” 

Después con Franco: ¿Ha sido posible nunca aumentar el grado de proteccionismo del “Caudillo”?. El trigo estaba tasado, la implantación de nuevas industrias “reguladísima”, los productos industriales catalanes y vascos, sin competencia posible de la producción extranjera, en plan monopolístico, se vendían con total libertad de precios. ¿Caben mayores ayudas para el enriquecimiento de esas dos regiones? ¿Es posible que en esas condiciones prosperen las demás?

¿No se parece muchísimo esa situación de tantos privilegios a un protectorado económico sobre las otras regiones “comercialmente protegidas” y ¡avasalladas!? Ahora que no es posible la prohibición de importaciones por nuestra pertenencia a la CEE… ¡pretenden “de facto” una casi total independencia política! ¡ Zapatero se la otorga y el Rey se calla!. Pero la manipulación del lenguaje continúa… ¡Y las vendas colocándose lejos de las heridas!


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