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28.2.2008.

Cambiar el corazón de piedra


Ni los eventos de la vida individual o social; ni los de la vida nacional o internacional, hacen recapacitar a los humanos. Todo inútil.

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De mil modos y maneras Dios ha hablado antiguamente al corazón de sus hijos, los hombres, a fin de que éstos enderecen su conducta, usen bien de su libertad, se arrepientan del mal cometido, vuelvan a él y no se extravíen por caminos de perdición. La ley natural, grabada en la conciencia, la Biblia, los profetas y su Hijo Jesucristo han sido los modos principales de comunicación de Dios con sus hijos, los hombres. Actualmente, lo sigue haciendo además, por medio de la Iglesia, de los signos de los tiempos y de los acontecimientos que jalonan la vida personal, social, nacional o global.

En general, muy poca atención prestan los hombres al reclamo amoroso de Dios. Otras voces interiores y exteriores, les aturden y llevan por caminos opuestos a los de Dios. Ciega y sorda por su autosuficiencia, la humanidad camina imparable, a su propia destrucción.

Ni los eventos de la vida individual o social; ni los de la vida nacional o internacional, hacen recapacitar a los humanos. Todo inútil. Tal como los padres ven a sus hijos rebeldes, caminar a un final desastroso, a pesar de sus requerimientos, así Dios, al no privar al hombre de su libre albedrío, le deja ser dueño y responsable de su propio destino.

"Si hoy escucháis la voz de Dios , nos dice el salmista, no endurezcáis vuestros corazones".Aquí radica la ineludible responsabilidad de cada persona. Sin apenas percibirlo, no pequeña parte de la humanidad, ha endurecido como el pedernal su corazón. Como las piedras que están asentadas, siglos ha, en el lecho de los ríos, y ni una gota les ha penetrado, así muchas personas han mutado su corazón de carne por un corazón de piedra. ¿A quien podrán culpar de su desgraciado destino?.

Miguel Rivilla San Martín.


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