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31.3.2013.

Consensos sin discusión


Por: Ángel Morancho

Hay ciertos consensos transversales que mejor no te atrevas a tocar. Uno es la licencia para atentar contra la propiedad intelectual de los otros. Otro es la bicicleta.

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Arcadi:

Hay ciertos consensos transversales que mejor no te atrevas a tocar. Uno es la licencia para atentar contra la propiedad intelectual de los otros. Otro es la bicicleta. Esta mañana, donde Herrera, salía nuestro andaluz profesional a defender las virtudes del mecanismo, porque al parecer pedalea cada mañana durante ciento cincuenta metros, de casita a la radio, con el iPod en el oído susurrándole alegrías tirititrán, mientras respira a pleno pulmón azahar y sevillanismo. Naturalmente esa experiencia no tiene nada que ver con la bicicleta sino con el nivel de vida. Y nada que ver con la experiencia urbana de la bicicleta en ciudades como Barcelona. Toda la buena prensa del ingenio se basa en su presunta fragilidad, humanísima, frente al automóvil. En esas comparaciones, ¿quién no podría apostar por la forma alada de vivir y deslizarse? Pero esa no es la comparación ni adecuada ni real. El uso urbano de la bicicleta se ha generalizado a costa del espacio del peatón, que no del espacio del automóvil. La bicicleta y los ciclistas, infectados de la superioridad moral ecológica, que destaca por desdeñosa e irracional entre las de su gremio, se han añadido como un consistente peligro más a la azarosa vida del paseante urbano. Con una particularidad desastrosa: las reglas que ha de cumplir el ciclista son mucho más porosas, flexibles y opinables que las que debe cumplir el automovilista. La incertidumbre del andarín ha crecido de un modo muy desagradable. Pero guárdate de decirlo, johnnie walker: pocos casos tan nítidos como el de la bicicleta para ilustrar que el principal instrumento del despotismo es hacerse la víctima.

Ángel

Un periódico que es la excelencia de falta de compromiso y la asepsia como método -sólo distorsionada por algún catedrático izquierdoso que pasaba por ahí -algo fácil pues el Heraldo de Aragón -que es a quien me refiero- está en pleno paseo de Indepencia.de Zaragoza

¡¡¡Ostimeta!!!, que he dicho ¡¡¡en pleno paseo de Independencia!!!; ¡jope, y al Ayto. se le ocurre ponerle un doble carril bici delante de su puerta de entrada!. ¡Carallo, hasta ahí podíamos llegar!.

No, no y no: HAY QUE RESPETAR EL ESPACIO DE LOS PEATONES

Sería curioso recordarle a ese Heraldo de la NADA, como ha venido defendiendo a esos pacíficos ciclistas a los que sólo unos malhumorados peatones se sentían lesionados en sus derechos después de haber sido trompicados al suelo: ¡hay que ver lo desagradecida que es la gente por no soportar las molestias de un biciclo promovido por el Ayto. con sus exclusivos beneficios. ¡Ahhhh, ingratos!!!

Pero ¡ay!; ahora pasan frente al Heraldo de los ciclistas en pelota picada una vez al año (abstenerse quienes piensen que verán algo decente macho o hembra); y ahora les llaman acémilas en dos ruedas, desnortados y con frecuencia 'tomados', mugrientos que no aportan más que miseria a un lugar tan selecto como es el Paseo de Independencia en los que una mujer se acicala totalmente antes de pasar por él.

Y ¡ay!; las chicas ya no se acicalan; llegan los manteros y la policía que llega y se va, y vuelve y se van de nuevo y así es un divertimento ver a polis y malos sin necesidad de moverse uno. Me siento de maravilla; sabía que la capacidad de degradación de la ciudad era casi infinita; ahora me acerco al infinito ¡Y SIN MOVERME!.


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