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8.4.2008.

Mujeres ejemplares


Por: José María Moncasi de Alvear

Me viene el recuerdo de mi niñez y la época de mi adolescencia. Crecí en una familia cuyos padres eran fruto de muchos siglos de influencia en la vida política y social de nuestro país. Entonces, vivían el presente pero con el ejemplo de sus mayores. Así crecí. Dándome cuenta que no estoy en este mundo para pasar el tiempo.

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Mujeres ejemplares

José María Moncasi de Alvear (*) 
 
 

Uno de mis placeres cotidianos, aparte de leer un buen libro disfrutando de música, es enfrascarme en los medios digitales de medio mundo y encontrar historias de personas que tienen vidas que merece la pena contar. Las suyas están llenas al emplear su tiempo en ayudar a los demás.

 

Pues bien. Ayer disfruté de la historia de una mujer, C. Pedra, que nació y creció, como católica italiana, en un pequeño pueblo en el Condado de Passaic, New Jersey. Lo contaba el New York Times. Nuestra protagonista recordaba que en sus años de colegial, en uno de monjas, lo que más le había marcado era cómo las religiosas premiaban a aquellas alumnas que sabían gestionar su tiempo y aprovecharlo de buen modo. Me encanta.

 

A esto el mundo anglosajón lo denomina, multitask person. Es decir. Aquella persona que aprovecha la vida de manera constructiva y capaz de llevar a cabo diversas actividades a la vez. La mayoría de los hombres no somos así. Una cosa a la vez, una por una. Y no me hables querida mujer que te haga caso mientras cocino - si sé - o leo el periódico matutino.

 

Pues bien. A Christi su pasión por el aprovechamiento del tiempo le llevaba a apuntarse a muchas de las actividades extra escolares que se organizaban en su colegio. En horario lectivo. Es importante. Así ganaba los créditos necesarios para acceder o a según que colegios (algo conocemos a los américanos) o ser elegida para participar en un curso de verano – en su etapa adolescente – o, incluso, ayudar a los más débiles asistiendo la Fundación de Enfermos del parkinson de su localidad. El asunto es que esta costumbre de aprovechar el tiempo, para sí misma o dedicado a los demás, le convirtió en una estudiante modelo entre sus pares, amén de graduarse en la universidad a los tres años de iniciar sus estudios universitarios.

 

Sus motivos no hay que encontrarlos en ella. Sí, los tiene, me dirán ustedes. Es una joven mujer, valiosa, talentosa, con éxito, emprendedora y que resulta que le sale todo de maravilla. Es verdad. Pero seguramente nos tendríamos que remontar a esa época de la vida en la que las virtudes o el carácter se están construyendo a base de mucho sacrificio, entrega y generosidad de nuestros mayores. Es el caso.

 

Su familia la enseñaba a que emplear el tiempo de manera productiva era mucho más que pasar el tiempo en el colegio. Me explico. El éxito de sus padres era que predicaban con el ejemplo. “Mi padre, cuenta, no sólo nos acercaba en coche a la iglesia cuando era preceptivo. No. En general ofrecía su pequeño ‘carro’ a la anciana que no podía ni cruzar la calle por sí misma, o aquella señora minusválida que ante la ausencia de transporte público en su humilde barrio se veía imposibilitada a asistir a cualquier evento público o familiar”.

 

Su madre cocinaba platos y comidas para personas enfermas, y era la típica señora que se ofrecía a llevar a sus familiares o vecinas a la consulta del doctor o a urgencias del hospital más cercano. Incluso sus padres llegaron a ofrecer su casa para que una niña del orfanato pudiese disfrutar de agua, comida y cama caliente en la época de semana Santa.  Su fin de semana ideal no era subir a la nieve, no. La salida familiar en vacaciones, y a lo largo del año, era preparar y cocinar en los bajos de la iglesia para vecinos o feligreses de la tercera edad. Sus padres, con su ejemplo, son las dos personas que más han influido en la vida de nuestra protagonista.

  

Mujeres ejemplares 
 
 

Me viene el recuerdo de mi niñez y la época de mi adolescencia. Crecí en una familia cuyos padres eran fruto de muchos siglos de influencia en la vida política y social de nuestro país. Entonces, vivían el presente pero con el ejemplo de sus mayores. Así crecí. Dándome cuenta que no estoy en este mundo para pasar el tiempo. Somos fruto de un legado, de unas tradiciones o de una cultura cuya base es el crecimiento interior, es el esfuerzo , es el trabajo, es el acabar y terminar bien las tareas asignadas. O, asumir nuestras responsabilidades (las de cada momento y circunstancia) con dignidad. Es lo único que cuenta. Lo demás es efímero.

 

Mis mujeres. Siempre, mi madre. Ahora, mi mujer, la que me ayuda a crecer como persona. Son el pilar de cualquier sociedad que se precie. Mujeres volcadas con los demás. De gran corazón. Ejemplares. 

(*) Consultor de comunicación


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