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4.12.2015.

Adviento en la montaña


Por: Redacción

Adviento en la montaña es la primera obra del islandés Gunnar Gunnarsson que se traduce al español. Fue publicada por primera vez en alemán en 1936, país en el que, junto con Estados Unidos, goza de gran popularidad; al año siguiente apareció en danés, y en su lengua natal en 1939.

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Adviento en la montaña es la primera obra del islandés Gunnar Gunnarsson que se traduce al español. Fue publicada por primera vez en alemán en 1936, país en el que, junto con Estados Unidos, goza de gran popularidad; al año siguiente apareció en danés, y en su lengua natal en 1939.

La historia es bien sencilla. Un pastor, Benedikt, acomete su tradicional aventura, que comienza el primer domingo de Adviento, para salvar de la nieve a las ovejas extraviadas y que están destinadas a una muerte segura en el invierno que comienza. Acompañado tan solo de su fiel perro y un carnero manso, se adentra en las heladas montañas del noroeste de Islandia.

El lector desprevenido esperaría encontrar un relato típico de esfuerzo y lucha contra una naturaleza extrema, con un protagonista que resuelve las dificultades gracias a su fortaleza y experiencia… No es un relato de aventuras, sino un viaje interior, en íntima armonía con la creación.

Desde las primeras líneas, Gunnarsson se hace con el lector. Sencillamente, le hace presenciar lo que está sucediendo. Sobra describir a los personajes: realmente se ven en sus actos, en sus palabras, siempre breves. En cambio, no tiene reparos en presentar ampliamente la naturaleza helada y las cambiantes tonalidades de la luz fría del invierno, los pasos altos y los collados batidos por la ventisca y las tormentas que sepultan la luz del escaso sol del invierno islandés.

La naturaleza es un personaje más, un ser vivo con el que el Benedikt se relaciona verdaderamente. Es uno de los grandes aciertos del relato. La defensa de la naturaleza desde el amor por la tierra, sin discursos, desde la felicidad del que ha encontrado su sitio: “Sintió una paz plena, una certidumbre que se extendía hasta lo más íntimo de su alma, que todo lo abarcaba, una paz infalible. Al fin había llegado a su rincón predilecto”.

En todo el relato airea una intención poderosa: el sentido de la encarnación. En esta nuestra época tan racionalista, donde la realidad, lo objetivo exterior, no es fuente de conocimiento, Gunnarsson nos regala un relato donde la realidad –vecinos, el perro fiel, las montañas, un buen abrigo, la luz del amanecer…– es fuente de felicidad. Transparentan esa sencilla felicidad los personajes que viven en armonía con la naturaleza, no así los interesados y egoístas. Aquellos traslucen una vida en paz: el sosiego de la verdad.

Quizá se puede destacar, por último, el sentido trascendente, en absoluto moralista o esquemático. También aquí esa verdad en la relación con un Dios cercano y personal, aporta grandeza al relato. El sentido de la vida como misión, sin razonamientos teológicos, sino fruto de la experiencia, por lo que se le revela como enigmático. Benedikt no afirma, se pregunta: “¿No está ahí el enigma, en el hecho de que la fuerza creadora viene de dentro, de la negación de uno mismo, y en el de que toda vida que no es sacrificio no es más que una forma de injusticia que nos aboca la destrucción?”.

Aceprensa- Francisco Andrés del Pozo


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